10 consejos para las vacaciones

Las vacaciones de verano son un intérvalo de tiempo muy aguardado: viajes, días de playa, instantes de relax, visitas culturales… Pero los cuidadores de personas con Alzheimer no acostumbran a tener un intérvalo de tiempo de descanso, ya que la enfermedad no da tregua y atender las pretensiones de la persona perjudicada requiere de la atención, casi única, del cuidador todos los meses del año.

En el presente artículo, queremos ofrecer ciertas recomendaciones a fin de que la gente con Alzheimer y sus cuidadores logren disfrutar en verano de unos días de desconexión que van a ser ventajosos para ambos.

Verano y Alzheimer: algunos consejos 

 

1.- Frente a la duda, consultar a los expertos

Ajeno de las sugerencias que ofrecemos en el artículo, hay que tener presente que cada caso puede requerir de advertencias concretas. 

El médico que asiste regularmente al paciente (ya sea en el centro de día o nuestro especialista) es quien mejor puede aconsejar sobre cómo conjuntar el verano con el Alzheimer, si es perfecto realizar un viaje o presenciar grandes cambios. Ante cualquier duda, es importante preguntar con el médico experto o con otro profesional de referencia.

2.- Dosis extra de paciencia

Con el objetivo de procurar el máximo bienestar tanto de uno como de otro, durante las vacaciones, mucho más que jamás, se tienen que eludir los combates.

Los especialistas aseguran que, aunque la persona no logre rememorar los detalles de la discusión que ha tenido hace un rato con su cuidador, o con cualquier otra persona, sí que puede sentir las malas intenciones que haya experimentado, pudiéndose sentir intranquilo cuando parezca que todo ha pasado. Por ello, se recomienda procurar colmarse de paciencia, ser empáticos con su posible confusión y no enfadarse para eludir esta carga negativa de emociones.

3.- Intentar mantener las rutinas 

“Verano” y “Alzheimer” son 2 términos supuestamente contrarios y difíciles de equilibrar. Sin embargo, a pesar de la relajación de los horarios de verano, es importante que algunas prácticas se mantengan, como los horarios de las comidas o las horas de sueño.

4.- Limitar los compromisos sociales

Las vacaciones invitan a una actividad popular más intensa y es usual que en verano tengamos mucho más compromisos en la agenda. Estos cambios de ambiente y de compañía tienen la posibilidad de acrecentar la confusión de la persona con Alzheimer.

De esta manera, por servirnos de un ejemplo, si se escoge que la persona con Alzheimer pase las vacaciones en periodos divididos entre diferentes familiares, es aconsejable procurar reducir la continuidad de cambios. Por poner un ejemplo, es conveniente que pase dos semanas consecutivas a casa de un hijo y las dos siguientes en la casa del otro en lugar de cambiar una semana en todos y cada casa.

5.- Facilitar el desarrollo de adaptación al nuevo ambiente 

La adaptación a un nuevo ambiente puede ser difícil para un individuo con Alzheimer y puede ocasionar que se sienta perdida ante un cambio de casa o de habitación. Es recomendable meditar en cómo tenemos la posibilidad de facilitar este desarrollo.

Por ejemplo, durante la noche, tenemos la posibilidad de dejar alguna luz encendida para eludir accidentes si la persona se encuentra desorientada. O llevar al nuevo espacio algún objeto que forme una parte de su ambiente diario, como el cojín con el que duerme la siesta en el sofá o la fotografía que está siempre y en todo momento en el mueble del comedor.

Además, hay que pensar que, en un ambiente no habitual, la persona con Alzheimer puede desorientarse con mucho más sencillez, por eso es recomendable proporcionarle algún elemento de identificación, como una pulsera o una medalla donde se indique su nombre y un teléfono de contacto, o recurrir a dispositivos electrónicos con GPS que puedan indicar su localización en caso de que sea necesario.

6.- El ambiente asimismo deberá adaptarse

Si la persona con Alzheimer pasará un tiempo con un familiar con quien no convive habitualmente, hay que garantizar que conozca  las prácticas y prácticas básicas de su día a día y que intente mantenerlas.

En caso de que las vacaciones sean en un hotel o apartamento, es aconsejable comunicar al personal para que estén al corriente de la situación para eludir probables malentendidos o situaciones comprometidas y garantizar que la persona logre sentirse apacible y bien acogida.

7.- El cuidador también necesita vacaciones

El cuidador tiene un “trabajo” las 24 horas del día, los 7 días de la semana, todos y cada uno de los meses del año, incluyendo los vacacionales. El cuidador también tiene derecho a reposar y relajarse, en tanto que con frecuencia deja de lado sus propias pretensiones para centrarse totalmente en la atención de la persona con Alzheimer.

El verano puede ser un buen instante para facilitar que el cuidador logre reposar y desconectar: cambiar de entorno, salir a tomar una café, nadar, realizar un poco de ejercicio… pero para esto es necesario soliciar asistencia y movilizar a familiares y amigos para garantizar entre todos que la atención de la persona con Alzheimer quede cubierta y el cuidador logre relajarse.

8.- Mantener la comunicación familiar

La meta es que la persona con Alzheimer como su cuidador pasen un verano lo mucho más interesante viable, lo que repercutirá en su bienestar. Una aceptable comunicación entre el cuidador y el resto de la familia es primordial para acordar que liberen un poco al cuidador primordial de la atención hacia la persona con Alzheimer.

El cuidador debe de poder expresar abiertamente a la gente de su ambiente tanto las necesidades de la persona enferma como las propias, para así conseguir resoluciones que sean beneficiosas para todas y cada una de las partes.

9.- Ayudar a la persona afectada a batallar el calor

En verano, las personas con Alzheimer tienen la posibilidad de ser especialmente vulnerables al calor. Gracias a su perturbación cognitiva es probable que no sepan interpretar adecuadamente las señales de su cuerpo, como por servirnos de un ejemplo las sensaciones de frío o de calor. Es esencial prestar particular atención a las sugerencias comunes ante las elevadas temperaturas para evitar adversidades derivadas, por poner un ejemplo:

  • Supervisar la elección de la ropa y escoger la más correcta.
  • Vigilar que esté hidratada en todo instante (bebiendo agua, tomando fruta, intentando posibles diarreas…)
  • Evitar largas exposiciones al sol (y, particularmente, en las horas centrales del día).
  • Usar protector, gorra o sombrero en el exterior.
  • Procurar una temperatura fría y interesante en los espacios interiores.


10.- Desconectar y gozar de las vacaciones es viable 

El verano y el Alzheimer tienen la posibilidad de ser compatibles si se prosiguen ciertas pautas. Tal y como dice la Dra. Nina Gramunt, neuropsicóloga de la Fundación Pasqual Maragall: “El verano proporciona diversas opciones que podemos transformar en oportunidades, garantizando el confort de la persona enferma y facilitando que el cuidador logre descansar y tener su propio tiempo de ocio”. 

Tener a un individuo cercano con la enfermedad de Alzheimer puede acarrear que las vacaciones no puedan ser como seguramente desearíamos. Esto, sin embargo, no significa que no haya formas para lograr que el cuidador disfrute de tiempo para atender sus propias pretensiones de relajación y cuidado personal y, al fin y al cabo, para procurar que estos días comporten beneficios tanto en la persona afectada como para sus familiares.

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