10 hábitos que pueden dañar el bienestar y la salud del cuidador

El cuidador de una persona con Alzheimer debe enfrentar grandes retos todos los días. Desde la atención a quien precisa asistencia para prácticamente cualquier labor, hasta llevar a cabo frente a las propias responsabilidades: el trabajo, la vivienda, los hijos, la pareja…, todo ello transporta a que, muchas veces, la persona cuidadora anteponga las necesidades de la persona con Alzheimer a las suyas. El cuidador asimismo necesita parar, respirar y tomarse un tiempo para prestar atención a su salud y confort.
Nos ha parecido atrayente un producto anunciado en VeryWellHealth donde se ofrece un listado de hábitos que la gente cuidadoras deberían procurar evitar a fin de que su bienestar no se resienta ante las exigencias derivadas de su papel de cuidador. Amoldamos aquí parte de su contenido:

10 hábitos a evitar para mejorar nuestro bienestar como cuidadores de un individuo con Alzheimer

El confort y la salud del cuidador necesitan, también, ser atendidos. Es de escencial importancia prestar atención a los signos de fatiga, cansancio mental, frustración… Para cuidar bien es necesario poder parar y dedicar un tiempo a revisar de qué forma hacemos las cosas. Quizás ciertas prácticas, a menudo inconscientes, podrían estar resultando contraproducentes para nuestro confort. Si es de este modo, es aconsejable intentar cambiarlas. Más allá de nuestro papel como cuidadores, poder atender a nuestra salud y pretensiones personales asimismo es importante.

1. Tener expectativas poco realistas

Procurar salir de casa a tiempo, confiar en que la persona con Alzheimer recuerde dónde ha guardado algún objeto, continuar una serie de normas…  Nuestro ser querido no podrá proseguir haciendo lo que antes solía hacer o, por lo menos, no con la misma diligencia. Y debemos ser realistas. Hay que ser también verdadera con lo que nos demandamos a nosotros como cuidadores (un desafío que puede ser todavía más complicado que el anterior). 

2. Evitar las cuestiones difíciles

En un corto plazo, tenemos la posibilidad de meditar que es mejor no entender las respuestas a ciertas cuestiones. Sin embargo, es esencial tener en consideración que el Alzheimer es una enfermedad progresiva, por lo que prever y planificar puede resultar de mucha ayuda a lo largo del desarrollo, sin pretender predecir todo cuanto puede suceder, algo que tampoco es verdadera. 

Por ejemplo, nos tenemos la posibilidad de atemorizar frente a la sospecha de Alzheimer o demencia en una persona querida, pero no tenemos que ignorar esos cambios que nos llevan a sospechar. Para la persona perjudicada será bueno asistir al médico y acceder a un diagnóstico y tratamiento lo antes posible. Es asimismo importante saber qué quiere la persona perjudicada que ocurra en el futuro respecto a su atención. Es una charla que puede resultar bien difícil y dolorosa pero que nos permitirá tomar resoluciones a fin de que se cumpla su intención: opciones de precaución, designación de poderes, testamento…

3. Meditar que absolutamente nadie nos comprende

En ocasiones nos gustaría dialogar con personas que estén viviendo nuestra misma situación, si bien quizá no siempre resulte fácil hallarlas. Las asociaciones de familiares de personas con Alzheimer pueden ser de gran ayuda. No obstante, no se debe dejar de relacionarse con otras personas cercanas: ellos también tienen la posibilidad de percibir. No debemos asumir que, como no lo han vivido, no comprenderán los desafíos diarios a los que, como cuidadores, nos enfrentamos

4. Querer llevarlo a cabo todo solos

Es más bien difícil de lograr que de decir, pero deberíamos dejar el “yo puedo hacerlo solo” y dejar de resistirnos a soliciar ayuda. Tener algún acompañamiento de vez en cuando es escencial para poder seguir adelante. No romperás tu deber de cuidar de alguien por el hecho de soliciar ayuda. Y si bien logre resultarnos bien difícil pedir apoyo, vencer las reticencias es la clave para conseguir tiempo para uno mismo.

Pudiese ser que en nuestro ambiente no encontráramos disponibilidad o predisposición, pero hay diversos elementos libres para personas con Alzheimer. 

salud-del-cuidador

5. Sentirnos culpables

A veces, puede que nos invadan pensamientos de deuda hacia la persona que cuidamos o de culpa por estimar que no lo estamos haciendo completamente bien. Estos sentimientos hay que alejarlos en tanto que tienen la posibilidad de llegar a aprisionarnos. Es posible querer a alguien, cuidarlo y, a la vez, tomarse un respiro ocasionalmente. Para poder tomar distancia mental y emocional en ocasiones asimismo necesitamos alguna separación física. Esto no quiere decir que estemos cuidando menos o peor a nuestro ser querido. 

6. Asumir que nuestro individuo cercano no puede formar parte en la toma de ninguna decisión

El día a día puede hacer que olvidemos preguntar a la persona con Alzheimer sobre sus ideas o preferencias. Con cierta frecuencia, la persona afectada todavía puede expresar su opinión y se sentirá reconocido si se le tiene en cuenta. Siempre y cuando nos sea posible, debemos involucrar a nuestro ser querido en las decisiones que le conciernen, valiéndonos de adecuadas estrategias de comunicación.

7. Desatender nuestra salud

En el momento en que cuidar a alguien es nuestra prioridad vamos a deber llevar a cabo sacrificios, pero si nuestra salud se ve comprometida por ello, debemos parar y pensar. Si enfermamos podríamos llegar a no ser capaces de ejercer nuestra función como cuidadores. Si no le damos la bastante prioridad a nuestra salud, además de las propias consecuencias personales, tenemos la posibilidad de abocarnos a no poder ayudar a nuestro individuo cercano. 

8. Descuidar a nuestra propia familia

No es simple, por ejemplo, compatibilizar el deber de cuidar a los hijos y, al unísono, cuidar de los progenitores. Para facilitar la estabilidad es importante planear el tiempo que se ocupa de cada uno de ellos en lugar de ir atendiendo  las pretensiones de acuerdo se marchan sucediendo. 

9. Creer que nuestro ser querido escoge de qué forma comportarse

Quizás en algún momento tuvimos la sensación de que a la persona con Alzheimer montaba una escena con tal de no ir o llegar tarde a la cita del médico. O hemos sentido frustración al opinar que nuestro individuo cercano recuerda cosas importantes para él, pero olvida totalmente las que nos importan a nosotros. Es esencial que el cuidador intente  ver todos estos inconvenientes como resultado de la enfermedad del Alzheimer en lugar de ser algo hecho a propósito para fastidiar. La empatía nos va a facilitar comprender mejor la patología y lidiar con ella de manera mucho más efectiva. 

10. Sacrificar nuestro propio equilibrio y energía

Con frecuencia los cuidadores se sienten como malabaristas, intentando mantener todos y cada uno de los platos virando al unísono a fin de que ninguno caiga: la salud, el trabajo, nuestra labor de cuidadores, nuestros hijos, la pareja… Lo más posible es que, por último, alguno de los platos se caiga y se rompa. Antes de que esto ocurra, deberíamos elegir qué plato deseamos detener para evitar que las circunstancias tomen la decisión por nosotros. Aunque en ocasiones logre parecer que no hay solución, de manera frecuente hay algo que se puede dejar de hacer, cuando menos, para evitar peores secuelas. Para ello debemos ser mucho más siendo conscientes de adonde va nuestro tiempo y energía. 

Para finalizar, debemos recordar algo esencial: para lograr cuidar bien a alguien primero debe cuidarse el propio cuidador. No podemos dar a alguien la atención que precisa si nuestra salud, física y mental, no se encuentra en unos niveles que nos permitan hacerlo. 

Deja un comentario