3 consejos para sobrepasar ese sentimiento

Nuestro estado anímico es como una montaña rusa: en unos tramos estamos arriba y en otros abajo. Los seres humanos experimentamos todo un amplio abanico de conmuevas que incluyen a las positivas y a las negativas.

Alegría, euforia y felicidad son emociones que nos gusta sentir, al paso que la tristeza, la desmotivación o la desgana las consideramos como desagradables.

Cuando nos decimos “estoy de bajonazo” muchos lo vemos como algo malo, pero realmente es totalmente sano sentirlo, considerablemente más que persuadirse de que debemos estar contentos en todo momento. Veamos por qué razón.

Estoy de bajón: ¿qué hago?

Nuestro estado anímico nunca es estable. Hay instantes en los que nos encontramos mucho más animados y en otros momentos en los que estamos más hundidos. Puede que sea solo por unas cuantas horas, puede que dure ciertos días, semanas o, incluso, ciertos meses, sea como sea siempre va a haber algún momento, llenos de desmotivación y tristeza, en el que nos diremos “estoy de bajón”.

Se han apagado las ilusiones, no poseemos ganas y no queremos realizar absolutamente nada. Nos ofrece pereza todo, pero no por el hecho de que seamos unos vagos ni pues deseamos procrastinar un poco. No, es una pereza de falta de humor, de “ahora no, que no me apetece”. Una pereza que no es ni egoísta ni de reposo, sencillamente es que no hay fuerzas sentimentales ni sicológicas para sostener exactamente el mismo ritmo que llevábamos antes.

Es totalmente normal y sano sentirse de esta forma ocasionalmente. No tenemos la posibilidad de sentir alegría las 24 horas del día. Sentir tristeza, desmotivación y escasas ganas de llevar a cabo cosas en algún momento del día o a lo largo de bastantes días seguidos es síntoma de que nos encontramos vivos, y que no somos personas atrapadas en una incesante barahúnda de euforia patológica. Todo lo que sube tiene que bajar, de ahí que en la vida existen muchos avatares. No desesperes, que estás sano.

La tiranía de la felicidad

Si hacemos una búsqueda rápida sobre cómo ser feliz encontraremos un montón de productos, vídeos e incluso guías de autoayuda en donde se detalla las tácticas y pasos para hallar ser feliz el resto de nuestra vida. Nos prometen no vivir ni un solo segundo de tristeza, nos hacen creer que es una emoción malísima, amenazante para nuestro bienestar y nuestras relaciones personales. Estar triste es malo, disfuncional. Vade retro, tristeza.

Habitamos un mundo en el que se han demonizado las emociones negativas, haciéndonos ignorar visto que, por muy desagradables que puedan ser, son necesarias. Como decíamos, son signo de tener una buena salud mental, y no se puede pretender esconder ni tampoco ignorar nuestras emociones. La tiranía de la alegría promovida por los líderes de la autoayuda y otras corrientes en fachada psicológicas han vendido la iniciativa de que el hombre tiene la necesidad de ser feliz a todas horas, y que cualquier emoción “mala” ha de ser erradicada.

El problema de los que promueven estas ideas es que dan unas tácticas que ni son realistas ni funcionan a largo plazo. Además de esto, el estar en contra de la vivencia de malas intenciones es normalizar la propia naturaleza humana. No es posible estar feliz en situaciones formidablemente desagradables como pueden ser la desaparición de un familiar, la pérdida del empleo o en el momento en que nos partimos una pierna. La iniciativa de que debemos estar contentos sí o sí ante la adversidad, tratar de verle siempre y en todo momento el lado positivo a las cosas y también ignorar lo malo es anestesiar nuestra forma de ser.

Es por este motivo que a continuación no hablaremos de formas de eludir o deshacerse del bajonazo. La idea no es remover esta emoción ni evitar que vuelva a ocurrir.

Consejos para administrar este sentimiento

Aunque sí que se puede eludir sentir tristeza más adelante por ciertas cosas, es normal que sintamos algo de bajón de vez en cuando y, lejos de combatirlo, hay que vivirlo. Es posible que sea por algo que hicimos o pues simplemente nos hemos levantado de mal humor, pero es una emoción, y como tal tendrá su función, su importancia en nuestra vida.

1. Admitir la emoción

Estoy de bajonazo, ¿qué es la primera cosa que hago? Muy habitualmente la primera reacción ante esta emoción es negarla. Para esto hacemos de todo para distraernos, luchando contra esta sensación desagradable. Absolutamente nadie desea sentirse triste, y es lógico que intentemos deshacernos de la experiencia de esta emoción lo antes posible.

Pero debemos hacer justo lo opuesto. En vez de ignorar que nos encontramos de bajonazo, debemos aceptar lo que está ocurriendo. ¿A qué es extraño? A pesar de que pueda hasta parecer contraintuitivo, debemos entender que en el momento en que hablamos de emociones, resistirnos a ellas lo único que logrará es que en el momento en que le prestemos atención en el futuro vuelva con mucho más fuerza, haciendo que sea más difícil esconderla.

En verdad, entre los pilares fundamentales de la psicoterapia es que las malas intenciones afloren, que el tolerante las reexperimente en la consulta con el propósito de que sea consciente de ellas, las acepte, las logre detectar y, consecuentemente, se pueda trabajar sobre ellas.

2. Apoyarse en nuestras relaciones sociales

Mejorar la calidad de nuestras relaciones sociales tiene un encontronazo directo sobre nuestra felicidad, ayudándonos a gestionar mejor nuestras emociones negativas como la tristeza o el enfado. Las amistades sanas son un enorme motivador cuando se pasa por un periodo de bajonazo, animándonos a sentirnos mejor sin ignorar aquello que nos ha llevado a estar como estamos.

Un óptimo amigo nos apoya estando ahí, escuchándonos contarle cómo nuestra pareja nos dejó, cómo nos han despedido o qué ha pasado que nos hizo estar tan mal. Sea lo que sea lo que nos hizo estar tristes, él o ella nos escuchará activamente, realizando que nos sintamos bastante superior por el mero hecho de transmitirle cómo nos sentimos. No nos forzará a que estemos mejor dándonos consejos vacíos del estilo “recuerda ser feliz”.

Por este motivo, debemos tener otra gente en las que confiemos y que nos hagan sentir apoyados, primordial para sentirnos bien. También cabe decir que las relaciones sociales nos ayudarán a evitar caer todavía más hondo, puesto que la soledad puede contribuir a que nuestro bajonazo baje todavía más.

3. No dejar nuestros objetivos

Hemos comentado que debemos vivir nuestras conmuevas y no procurar distraernos activamente para esconder estos sentimientos. Lo propio es vivirlos, pero sin que esto nos haga abandonar por completo todo cuanto compone nuestra vida diaria, algo que es bastante común que nos pase en el momento en que estamos de bajonazo.

Un mal día lo tiene alguno, y es normal que ese día específicamente no deseamos proseguir con nuestro proyecto, sea este ponerse en forma, aprender un idioma o terminar una carrera.

No obstante, hay que llevar a cabo un esfuerzo, e inclusive focalizarse todavía mucho más en esa misión. Esto no es intentar distraerse, sino más bien procurar ser incesante, vivir la emoción pero al unísono vivir nuestra vida. Puede que necesitemos tomarnos un reposo ocasionalmente, pero no debemos escudarnos en que nos encontramos mal para abandonar.

Caso de que prosigamos con nuestros proyectos a pesar de estar de bajón, estaremos creando un muy poderoso precedente. Habremos desarrollado el recuerdo en el que recordamos que, más allá de la adversidad, más allá de no tener ganas ni estar de humor, fuimos tenaces y proseguimos realizando aquello que queríamos hallar. Sentíamos malas intenciones, pero no nos impidió ser fuertes y proseguir adelante. Es esta mentalidad la que nos va a hacer contentos en el futuro, y no la filosofía de la autoayuda barata de que debemos ser contentos por el hecho de que sí.

Diferencias entre estar de bajón y tener una depresión

En el lenguaje habitual es común decir “estoy depre” para referirse a que se está triste o de bajona. Es bien difícil batallar contra esta expresión y esperar educar a todo el mundo a fin de que deje de usarla en su lenguaje cotidiano, incluso si hacemos alusión a que puede ser irrespetuoso equiparar el tener un mal día con sufrir un trastorno siquiátrico que implica mucha discapacidad a las personas que lo sufren. De cualquier manera, recomendamos no emplearla por respeto a quienes sufren depresión.

Hay que tener en consideración que la depresión clínica es una patología, un trastorno mental, algo que implica una gravedad significativa y que nadie quiere tener. La depresión no es adaptativa, ya que quien la padece ve dificultosamente perjudicadas áreas importantes de su historia como la familia, el empleo, los estudios e inclusive sus aficiones. Un individuo deprimida no sale del bache tratando animarse, haciendo un poco de deporte o simplemente saliendo de fiesta un día.

La depresión es una obscura y amarga compañía que puede sumirla en la más profunda de las tristezas durante años. Supone bajo estado anímico en el transcurso de un largo período temporal, sin un desencadenante específico. Entre los síntomas que predominan en este cuadro logramos hallar distorsiones cognitivas, falta de iniciativa, pensamientos suicidas y, sobre todo y como síntomas mucho más característicos, tristeza constante y apatía.

Un “bajón” se distingue de la depresión clínica en la temporalidad y la intensidad. Los bajones duran poco tiempo, como mucho un mes y no son para nada tan intensos como lo es una depresión. Esta emoción no nos sugiere ir a ser productivos ni tampoco a motivarnos, pero no implica un alto nivel de perturbación y podemos dejar de sentirlo en cuestión de pocos minutos. Además, estar de bajonazo no nos impide continuar haciendo nuestra vida normal, si bien es indudable que no estamos bien.

Lo que debemos comprender entre los dos es que la depresión necesita intervención sicológica para que el paciente adquiera las herramientas primordiales para lograr gestionar su psicopatología, progresando su estado de salud y aprendiendo a superar las adversidades. En cambio, si nos encontramos sufriendo un bajonazo no es que no sea recomendable asistir a un psicólogo, siempre y en todo momento es conveniente la psicoterapia, pero es un problema bastante menor, que seguramente finalice desvaneciéndose con el paso del tiempo. Los bajones son solo los vales en la montaña rusa de nuestra vida, y siempre y en todo momento vienen antes de una subida, la alegría.

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