Alzheimer y depresión, ¿están relacionados?

Son muchas las personas que se preguntan si el Alzheimer y la depresión están relacionados. En todo el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer, muchas de las personas afectadas padecerán sintomatología depresiva, que puede aparecer en cualquier fase de la patología. Las especificaciones de estos síntomas y su manejo dependerán del momento y las circunstancias en que aparezcan.

¿De qué forma se relacionan el Alzheimer y la depresión?

La relación entre Alzheimer y depresión puede producir, con frecuencia, cierta confusión alrededor del diagnóstico. La gente perjudicadas por una depresión suelen enseñar síntomas como un enlentecimiento del pensamiento, apatía, retraimiento social, inconvenientes de concentración y usuales olvidos que, especialmente, en el momento en que se dan a determinada edad, pueden parecer los primeros síntomas de la patología de Alzheimer. Puede suceder que sea bien difícil discernir de entrada si es, puramente, una depresión o, si semejantes síntomas, ciertamente, suponen los primeros indicios evidentes del Alzheimer. 

Ante esto, el médico indudablemente señalará un tratamiento para la depresión y, pasados unos meses, volverá a valorar a la persona perjudicada. Es posible que, con el tratamiento, los síntomas hayan mejorado precisamente, tanto los relacionados con el estado anímico como los de tipo cognitivo. En tal caso, la orientación diagnóstica responsable de los síntomas se inclinará hacia una depresión, con la continuación de su régimen si es necesario. 

No obstante, también puede ocurrir que, con el tratamiento, los síntomas anímicos hayan mejorado pero, en cambio, los cognitivos continúen presentes o incluso hayan progresado. Si fuera de esta manera, lo más probable es que solicite otras visitas, pruebas y exploraciones que asistan a saber si la causa es Alzheimer u otra patología o perturbación que justifique esos cambios cognitivos. 

Por otra parte, en el momento en que una persona recibe el diagnóstico de Alzheimer puede enseñar un estado de ánimo decaído, aun precisamente depresivo, de forma reactiva a esa noticia. En la actualidad, disponemos de métodos avanzados, como las técnicas de neuroimagen, que dejan que cada vez haya mucho más personas que reciben el diagnóstico de Alzheimer en fases mucho más tempranas de la patología, incluso cuando los síntomas cognitivos son muy leves. Es normal que, teniendo las facultades mentales y la aptitud de razonamiento preservadas, la persona experimente síntomas depresivos y de ansiedad por comprender el pronóstico y las secuelas de una patología de estas especificaciones.  

Además de esto, hay que tomar en consideración que las alteraciones cerebrales que suceden en la patología de Alzheimer acostumbran a interferir con los neurotransmisores, o mensajeros químicos, que modulan el estado de ánimo, aun en fases tempranas de la evolución de la patología. De ahí que, la depresión puede coexisitir con otros síntomas ahora desde el inicio. El propio desarrollo de deterioro cognitivo que conlleva la patología de Alzheimer suele implicar que la persona que la sufre tenga adversidades para expresar sus conmuevas y sentimientos y, por eso, la sintomatología depresiva quizás no sea tan visible. Además, los síntomas depresivos de manera frecuente oscilan y tienden a ser menos acusados que los que presenta alguien con depresión pero sin deterioro cognitivo o demencia.

De qué manera advertir posibles síntomas depresivos en una persona con Alzheimer

No siempre es fácil detectar comportamientos que logren estar relacionados con la depresión en alguien que sufre Alzheimer, puesto que, como hemos dicho, algunos síntomas son recurrentes a ambas condiciones. Aun de esta forma, si se siente una agudización de determinados síntomas, o aparición de otros nuevos, en un relativo corto intérvalo de tiempo de tiempo, es importante pedir una visita con el especialista a fin de que logre valorar la situación. Algunos síntomas que podrían llamarnos la atención en este sentido son: retraimiento o aislamiento popular, cambios acusados en el apetito no justificados por otra enfermedad o alteración del sueño, irritabilidad, cansancio exagerado o injustificado, acusada apatía, pensamiento enlentecido o expresión persistente de tristeza, inutilidad o desesperanza. 

Algunos consejos para calmar estos síntomas depresivos

Independientemente de tener o no tener Alzheimer, cuando alguien está perjudicado por una depresión, no suele ser de asistencia que se le digan cosas como “¡Venga, anímate!”, o “¡No estés triste!”, puesto que no puede cambiar su estado anímico a intención. No obstante, aparte del viable tratamiento farmacológico que indique el especialista, hay algunos consejos que tienen la posibilidad de ser de asistencia para aliviar su pesadumbre:

  • En fases iniciales de la enfermedad tienen la posibilidad de ser reconfortantes los grupos de apoyo, en los que la persona puede comunicar su experiencia con otros que pasan por algo similar.
  • Las rutinas del día a día y tener ocupaciones o actividades previstas asisten a reforzar el sentimiento de utilidad y a distraer la cabeza de la propia preocupación. 
  • Es muy aconsejable fomentar y hacer más simple aquellas actividades que siempre le han resultado agradables y que aún pueda efectuar sin grandes adversidades, respetando siempre y en todo momento sus gustos y opciones. 
  • El ejercicio regular, aunque sea simplemente pasear, además de ser saludable, asiste para aumentar la sensación de confort. 
  • Es importante aceptar, en la forma en que le resulte posible, que la persona con Alzheimer exprese sus sentimientos y conmuevas, respetándolas y dándole su tiempo, evitando quitarle relevancia y no insistiendo en que cambie su humor, sin más. Sí que es conveniente mover nuestro apoyo incondicional, cariño y seguridad en que pronto se va a sentir mejor. 
  • No se debería charlar jamás de la persona ni de su patología enfrente de ella tal y como si no estuviera presente. Lograr que siga sintiéndose una sección importante de la familia y de su ambiente en todo momento. 
  • Ciertos movimientos sencillos, como festejar pequeños logros o cualquier ocasión alegre, tienen la posibilidad de ayudar a alzar su ánimo. 

El cuidador asimismo puede enseñar síntomas depresivos

Hay que tener presente que, en la situacion del cuidador familiar de alguien con Alzheimer, al impacto sensible del diagnóstico se le suman los condicionantes de supervisar y atender a quien padece la enfermedad. Ello, de forma frecuente, le puede hacer sentir que la responsabilidad que asume sobrepasa a sus habilidades, además de ver su tiempo muy condicionado por esta situación. En este contexto asimismo tienen la posibilidad de manifestarse síntomas relacionados con la depresión. Es importante que el cuidador sepa reconocer y afrontar esta sensación de sobrecarga, recurriendo al apoyo y asistencia necesarios para poder atender también a sus propias pretensiones. 

La relación entre Alzheimer y depresión es complicada

La relación entre Alzheimer y depresión existe y, de forma frecuente, es compleja. En ocasiones puede producir confusión en el diagnóstico pero, asimismo, los síntomas de ambas anomalías de la salud pueden coexistir. Esto puede ocurrir tanto como consecuencia de las propias alteraciones cerebrales patológicas como por presentar un estado anímico depresivo reactivo al conocimiento del diagnóstico de Alzheimer y sus consecuencias. 

Es importante informar al especialista de probables indicios depresivos en la persona perjudicada a fin de que se logren tomar las medidas de régimen oportunas, así como procurar continuar algunos consejos orientados a calmar su pesadumbre

Del mismo modo, el cuidador ha de ser consciente de cómo todo el desarrollo diagnóstico de su individuo cercano y la responsabilidad que con él acepta puede impactar en su estado de ánimo, algo que también requiere de atención. 

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