Capacidad social: Qué es, aplicaciones y objeto de estudio.

Si tuviésemos que quedarnos con entre los aspectos que nos hace humanos, ese sería, seguramente, la capacidad sociable. Ser capaces de estar comunicados de una manera tan compleja es lo que nos hace humanos, ya que es merced a ello que nuestra especie ha conseguido el progreso popular, cultural, tecnológico y científico que hace que estemos donde nos encontramos.

Es bien sabido por todos que la comunicación humana o acto comunicativo se compone de un mensaje que es generado por un emisor y que, mediante un canal concreto, llega a un emisor que capta y posteriormente procesa la información contenida en tal mensaje. Pero dentro de este esquema aparentemente sencillo se esconden inmensidad de matices.

Es precisamente por este motivo que el desarrollo de campos como la semiótica fué, es y será esencial para comprender la comunicación humana. La semiótica, que tiene en la obra “Semiótica y filosofía del lenguaje” (1984), de Umberto Eco, su pilar como ciencia actualizada, es la especialidad que estudia cómo utilizamos los signos para crear y transmitir significados en un acto comunicativo.

Y en el artículo de hoy, de la mano de las contribuciones de los mucho más importantes semiólogos de los últimos tiempos, exploraremos qué es la semiótica y cuáles son sus apps y objeto de estudio. Observemos la naturaleza de esta ciencia que deriva de la filosofía y que es fundamental para entender los fenómenos de comunicación dentro de las sociedades humanas.

¿Qué es la semiótica?

La semiótica es la disciplina científica que estudia el uso de los signos para crear y trasmitir significados en un acto comunicativo humano. Se trata de una ciencia que proviene de la filosofía y que analiza no solo el lenguaje y las expresiones, sino más bien también la naturaleza de los sistemas de signos que, en comunicación, dejan el intercambio de mensajes entre personas.

En este sentido, la semiótica estudia de qué manera unos iconos, códigos, actos, imágenes y señales desarrollan un significado estipulado y compartido por todos los integrantes de una sociedad humana. Nuestro día a día está rodeado de signos que tienen un concepto común y que nos permiten, mediante su empleo, relacionarnos con otros individuos.

Estos signos se definen como la unidad mínima dentro de una oración, siendo un factor utilizado para representar a otro que no está presente o a una idea. Los signos son elementos cargados de significado que son el pilar de los actos comunicativos. Y la semiótica, que pertenece a las teorías del lenguaje, los estudia.

Es más, el término “semiótica” viene del griego semeion, que significa “signo”, y del sufijo griego tikoç, que significa “relativo a”. Por ende, semiótica es todo aquello relativo a los signos. En verdad, los primeros pensadores de la Vieja Grecia ahora reflexionaron en relación al origen del lenguaje y de la relación entre los signos y la comunicación, tal como con su relación con el mundo que nos circunda.

Y sucede que desde las pinturas rupestres hasta los anuncios que vemos en la televisión, los signos nos han acompañado (y nos seguirán acompañando) a lo largo de nuestra historia como humanidad: jeroglíficos egipcios, señales de tráfico, carteles de “contraindicado fumar”, inscripciones en las ruinas de las civilizaciones maya, símbolos religiosos, ropas que asociamos a profesiones… Nuestra historia está cercada de signos.

Y, para resumir, la semiótica es la ciencia que estudia el desarrollo a través del cual estos signos se desarrollan, se cargan de concepto, adquieren un sentido, se transmiten, se reciben y se procesan en nuestro intelecto. Es la especialidad que, derivando de la filosofía, busca entender el origen mucho más elemental de la comunicación humana.

La historia de los signos: ¿cuál es el origen de la semiótica?

La semiótica es una ciencia con mucha historia a sus espaldas. Como hemos dicho, insignes filósofos de la Vieja Grecia de la talla de Aristóteles o Platón ya reflexionaron sobre los orígenes del lenguaje y de de qué forma dotamos de concepto a unos signos que, siendo procesados, nos evocan ideas o significados concretos.

Posterioremente, otros académicos, ya en tiempos de la Edad Media, siguieron aprendiendo el fenómeno comunicativo realizando hincapié en los signos, teniendo en Tractatus de Signis (1632), de John Poisot, entre las proyectos claves para el estudio de los signos. Ahora en 1867, Converses Sanders Peirce, filósofo estadounidense, hizo contribuciones fundamentales en la teoría de los signos que empezaron a abrir la puerta a la semiótica.

Ahora a principios del siglo XX, Ferdinand de Saussure, lingüista suizo, desarrolló ideas que marcaron el avance de la lingüística actualizada, siendo reconocido como el padre de exactamente la misma, describiendo el desarrollo a través del cual atribuimos un concepto a un significante. Con esto, nacería la semiótica.

Más tarde, partiendo de los estudios tanto de Saussure como de Pierce, otros académicos ampliaron los argumentos de esta reciente disciplina, destacando, indudablemente, la obra “Semiótica y filosofía del lenguaje, libro publicado en 1984 por Umberto Eco, semiólogo, filósofo y escritor italiano*. Este y muchos otros pensadores hicieron gigantes contribuciones de cara al desarrollo de esta disciplina tan fundamental para entender la comunicación humana.

Umberto Eco (1932 – 2016)

¿Qué aplicaciones tiene la semiótica y cuál es su objeto de estudio?

La semiótica, la disciplina que estudia el uso de los signos como entidades que emiten información y también ideas mencionando a elementos no presentes instantaneamente comunicativo como tal, tiene innumerables apps en la sociedad humana, ya que es primordial para comprender de qué forma nos avisamos y de qué forma podemos trasmitir, por medio de signos, mensajes.

Así, el diseño gráfico, la tendencia, los videojuegos, las películas, las series, los alegatos políticos, los contenidos escritos periodísticos, la fotografía, los cómics, los sistemas educativos, la publicidad… Todas ellas se alimentan de la semiótica para aumentar al máximo la eficacia en el momento de trasmitir mensajes. Como observamos, sus aplicaciones son tantas como actos comunicativos existan.

Del mismo modo, la semiótica enseña que sepamos que una paloma blanca es homónimo de paz o que, en un partido de fútbol, una tarjeta roja signifique que un jugador fué expulsado. Y así con una cantidad enorme de ejemplos más donde usamos signos para realizar referencia a ideas o mensajes. La semiótica está por todas partes. Miremos donde veamos.

Y su objeto de estudio son, como es natural, los signos, que ya los hemos definido anteriormente. Pero no solamente los signos. La semiótica estudia el acto comunicativo en su origen más elemental, motivo por el que fue imprescindible dividir esta especialidad en cinco ramas ramas principales.

  • Semántica: La rama de la semiótica que estudia la relación entre los significantes y sus significados. Estudia de qué manera atribuimos significados a expresiones bien estructuradas a nivel sintáctico, analizando las reglas que dejan ofrecer concepto a unos signos lingüísticos específicos.
  • Pragmática: La rama de la semiótica que estudia los puntos que no son puramente lingüísticos pero que pueden condicionar el uso del lenguaje. En este sentido, es la disciplina que estudia el modo en el que el contexto (no asociado a signos) influye en la interpretación que le ofrecemos a un mensaje.
  • Sintáctica: La rama de la semiótica que estudia las reglas que rigen la combinatoria de entidades sintácticas elementales y superiores para la estructuración de frases gramaticales. Es la especialidad que estudia los métodos en los que es viable combinar las expresiones.
  • Onomasiología: La rama de la semiótica que se hace cargo de denominar las cosas y, por consiguiente, de entablar las diferentes denominaciones. En otras palabras, es la disciplina que estudia de qué manera, partiendo de un concepto, llegamos a un signo con un concepto preciso.
  • Semasiología: La rama de la semiótica que estudia la relación que existe entre un objeto y su nombre. Explora cómo, en un acto comunicativo, el receptor recibe una palabra de un emisor y le asigna el significado pertinente.

Como vemos, todas estas ramas de la semiótica son complejas. Pero es que la comunicación humana lo es. Y, evidentemente, investigar el origen más elemental del lenguaje partiendo del estudio de los signos y de su relación entre ellos y con el significo atribuido por una sociedad humana es una labor dificultosa. Por eso las contribuciones de los semiólogos hayan sido, sean y proseguirán siendo tan preciadas.

Semiótica y semiología: ¿exactamente en qué se diferencian?

La semiótica y la semiología son 2 conceptos que normalmente son utilizados indiferentemente, como sinónimos. Aun de esta forma, varios semiólogos consideran que hay matices diferenciales entre ambos términos. Por este motivo, ahora para acabar, vamos a ver qué diferencias hay entre la semiótica y la semiología.

En líneas generales, la primordial diferencia entre los dos conceptos es que mientras que la semiótica es el estudio del signo generalmente, la semiología estudia estos signos en la vida social. Y sucede que la semiología comprende el estudio de todas aquellas imágenes, movimientos, comportamientos, objetos y conjuntos de palabras que tienen un concepto concreto para una sociedad también específica.

En otras expresiones, la semiótica es la descripción teorética de los sistemas de símbolos y signos en general, al paso que la semiología es el estudio de los sistemas particulares. De todas maneras, ya hace múltiples décadas, los organismos oficiales reconocen solo el término de semiótica, con lo que, a pesar de que haya pensadores que opinen lo contrario, la semiología es un sinónimo de la semiótica.

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