Claves para organizar las vacaciones con personas con Alzheimer

Con la llegada del verano, la mayor parte nos proponemos la oportunidad de tomarnos un descanso. El periodo estival es un buen momento para desconectar, conocer nuevos sitios, conocer a familiares… Es un periodo en el que se rompen las prácticas y en el que las reglas y las costumbres son bastante mucho más laxas.

Dejar a un lado la rutina a lo largo de unos días o semanas puede resultarnos muy bueno. Pero para los cuidadores y familiares de personas con Alzheimer el verano y las vacaciones son periodos que tienen la posibilidad de ser más difíciles. Tanto es así, que muy a menudo viven los nuevos planes con cierta angustia y preocupación.

En estos casos, hay que tener presente que toda alteración de los hábitos diarios puede afectar a la gente con Alzheimer, por lo que las vacaciones se deben gestionar de la mejor forma posible. Hay que comprender aprovechar las opciones que ofrece el verano y convertirlas en una oportunidad. El objetivo es asegurar el bienestar de la persona enferma y que al unísono, el cuidador pueda reposar y tener su propio tiempo de ocio.

En la etapa leve de la patología, viajar no frecuenta representar un inconveniente. No obstante, a partir de la fase moderada, por el momento no es muy recomendable. Los cambios que suponen los viajes tienen la posibilidad de favorecer la confusión de la persona con Alzheimer y necesitan una adaptación para la que no está ya capacitado. En cualquier caso, un viaje con un familiar con Alzheimer es una decisión que debe organizarse muy detalladamente para predecir las necesidades y cerciorarse de que se contará con todo el apoyo que se precise. Por ejemplo, es aconsejable comunicar al personal de la compañía aérea o del hotel de la condición de la persona con Alzheimer para poder recurrir de manera fácil a su asistencia en caso preciso.

Las prácticas no tienen que romperse completamente

No es necesario viajar en unas enormes vacaciones para gozar del verano.

Los días son más largos y esto permite llevar a cabo actividades que el resto del año son mucho más bien difíciles de realizar. Si pasamos las vacaciones en casa, salir a pasear a última hora de la tarde, tomar algo en una terraza o examinar lugares cercanos que no se conocen pueden ser ocupaciones muy placenteras.

Pasar una temporada en el pueblo asimismo puede ser un óptimo instante para rencontrarse con amigos y familiares, de este modo como para rememorar lugares y anécdotas de la infancia o la juventud.

Más allá de que todo va a depender de la etapa de la enfermedad, es esencial que ciertos hábitos se mantengan. Hablamos, por servirnos de un ejemplo, de los horarios de las comidas o de las horas de sueño. En vacaciones podemos ser un poco más flexibles pero es aconsejable mantener las rutinas básicas, así como determinadas costumbres, como puede ser realizar la siesta.

No es recomendable, en este sentido, tener la agenda llena de compromisos. Es mejor planificar escasas ocupaciones y también ir ampliando si se dispone de tiempo y la persona que padece Alzheimer está reaccionando de forma correcta.

Si la logística familiar requiere que la persona con Alzheimer pase alguna temporada en la casa de los hijos, hay que intentar asegurar que los hijos que lo acojan conozcan las prácticas y rutinas básicas y las intenten mantener. Así mismo, se reducirá el viable encontronazo de los cambios de ambiente doméstico.

El cuidador asimismo debe reposar

Los cuidadores necesitan su propio tiempo. Es vital que en vacaciones logren tener espacio para el reposo y que logren efectuar ocupaciones con las que disfruten.

La implicación de la persona que sufre Alzheimer en la toma de resoluciones o en la organización puede ser mayor o menor. Sin embargo siempre y en todo momento se le debe realizar partícipe de los proyectos de alguna manera. Generalmente, los cambios tienen la posibilidad de llevar a que la persona con Alzheimer se muestre apática y poco participativa. En estos casos lo mucho más perfecto es acordar y, adjuntado con la gente que estén involucradas en las vacaciones, manejar la situación a fin de que quien padece Alzheimer no se vea forzado en demasía. No obstante, el cuidador no debe renunciar a los planes que encuentre mucho más acertados, velando siempre para que los dos estén lo más bien que se pueda.

De ahí que sea preciso tener el apoyo de familiares y amigos para la atención y el precaución de la persona con Alzheimer. Estas personas próximas pueden hacerse cargo de ella durante unas horas para que el cuidador logre descansar y desconectar: salir a tomar un café, proceder a nadar, realizar algo de ejercicio…

Además de esto, hay que avisar a aquellas personas con las que vayamos a encontrarnos del estado del enfermo. Contar con su cooperación va a ser escencial para eludir ocasiones comprometidas y asegurarse de que esa persona logre sentirse sosegada y bien acogida.

El proceso de adaptación

Aclimatarse a una nueva localidad, a la vida del pueblo o a la vivienda de los hijos puede ser complicado para las personas con Alzheimer y pueden verse desorientadas frente a un cambio de ambiente, de casa o de habitación.

De esta manera, hay que procurar tener paciencia y no enojarse. El enfermo precisará un tiempo de adaptación para entender la localización de las habitaciones, de la vivienda o de la zona. Podemos dedicar los primeros días a ello. Durante la noche pueden mantenerse algunas luces encendidas para evitar accidentes si el enfermo se encuentra desorientado.

Una buena idea es llevarse al destino de las vacaciones un objeto familiar o cualquier otro elemento que forme parte de su ambiente más diario: el cojín con el que acostumbra reposar la siesta en el sofá, una colcha que usa de forma frecuente o una fotografía que está siempre en el mueble del comedor.

Al mismo tiempo, es conveniente proveer a la persona enferma algún elemento de identificación. Puede ser una tarjeta, una pulsera o una medalla donde se indique su nombre y teléfono de contacto.

Dentro de lo viable, debemos evitar los cambios de entorno frecuentes. Por ejemplo, si la persona con Alzheimer ha de pasar alguna temporada en casa de los hijos, es conveniente que pase dos semanas consecutivas en la casa de un hijo y otras 2 en la casa de otro, que cambiar una semana en cada casa.

Una aceptable comunicación familiar

En vacaciones es habitual que los niños vayan a conocer a los abuelos y pasen más tiempo con ellos. Jugar con los pequeños y cuidar de ellos puede ser una aceptable terapia para las personas con Alzheimer. Pero hay que evitar que sea una actividad demasiado absorbente.

Exactamente por eso, el cuidador debe ser consciente de los propios límites y de las pretensiones de la persona perjudicada y expresarlas a los hijos de manera abierta, con el objetivo de hallar soluciones que sean buenas para todos.

Una aceptable comunicación familiar es siempre y en todo momento primordial. Llegar a acuerdos para que tanto el enfermo como su cuidador logren pasar un verano lo mucho más interesante viable repercutirá muy de forma positiva en su confort.

 

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