¿cómo abordar las modificaciones del sueño en la gente afectadas?

La relación entre Alzheimer y sueño  es complicada. De hecho, se encuentra dentro de los focos de la investigación científica en torno a esta patología. Por una parte, el insomnio almacena una relación de peligro con el avance de la patología y, por otro, sabemos que, desde fases muy iniciales de exactamente la misma, pueden aparecer ciertas modificaciones del sueño.

Es habitual que, con la edad, cambien los patrones de sueño y aparezcan algunas adversidades para reposar pero, en el caso del Alzheimer, son mucho más acusadas. Las modificaciones neuropatológicas que se generan en esta enfermedad, aparte de ser la causa de los síntomas cognitivos y conductuales, también acostumbran a provocar una perturbación del ciclo vigilia-sueño, lo que se puede traducir en despertares nocturnos con deambulación, confusión o agitación.

Inconvenientes frecuentes relacionados con el Alzheimer y el sueño 

La frecuencia y el género de modificaciones del sueño en personas que padecen Alzheimer suelen cambiar según la etapa de la enfermedad. En fases iniciales es recurrente que duerman mucho más de lo frecuente o que tengan cierta desorientación al despertar. Con la progresión de la enfermedad, es frecuente que aumente el sueño diurno o sentirse somnoliento y, en cambio, se produzcan usuales despertares durante la noche. En fases mucho más avanzadas, los periodos de sueño tienden a ser usuales a lo largo del día y la noche, pero cortos, como si fuesen “siestas”. 

Un fenómeno popular, con frecuencia contemplado en el fantasma de las alteraciones conductuales que pueden enseñar la gente que sufren Alzheimer, es el fenómeno del “sundowning” (puesta de sol), que se identifica por mayor confusión y tendencia a la agitación vespertina, cuando se acerca el momento de acostarse. 

El deambular y la conducta alterada durante la noche

Los motivos por los cuales una persona con Alzheimer se levante y deambule frecuentemente por la vivienda a lo largo de la noche tienen la posibilidad de ser distintos. Quizás tenga alguna necesidad no satisfecha, como puede ser tener frío o calor, ganas de mear, sed, dolor… El hecho de que, aparte de levantarse, muestre una conducta poco apropiada para ese instante (como prender varias luces, abrir y cerrar puertas, alzar el tono de voz, o enseñar temor) tiende a ser resultado de la confusión y la desorientación, que puede llevarle a no admitir o interpretar apropiadamente el ambiente. 

Este suceso, si se da frecuentemente, es particularmente cansador para el cuidador, ya que altera substancialmente su propio descanso y es simple perder la calma. Pero, precisamente, es el tipo de reacción que se precisa en ese instante, eludiendo discutir con la persona enferma, tratando de conocer qué puede estar ocasionando su conducta.

Ciertos avisos para favorecer el sueño y  el descanso de un individuo con Alzheimer

Visto que nuestro ser querido que sufre Alzheimer no tenga una noche plácida contribuirá en su confort y su comportamiento, no solo de noche, sino asimismo a lo largo del día. Y, es mucho más, repercutirá en el estado general de quien le cuida, agregando dificultad al desempeño de las tareas diarias. Por eso, es importante procurar minimizar las modificaciones del sueño y tratar de hallar un reposo reparador, tanto para la persona perjudicada para la cuidadora. Estos son algunos consejos para favorecerlo:

  • Procurar que la persona con Alzheimer tenga un final de día apacible, relajado física y mentalmente, eludiendo que realice actividad física y cognitiva en las tres horas anteriores a acostarse (pero recordando que esta clase de actividad es necesaria a lo largo del resto del día). 
  • Es esencial tratar de evitar, particularmente en las horas anteriores a acostarse, la confrontación o reacciones irritadas hacia la persona enferma, fruto con frecuencia de la frustración o el agotamiento del cuidador.  En estos momentos, es clave la empatía
  • Procurar mantener un ritmo de día ordenado, con prácticas más o menos marcadas en lo que se refiere a orden y horarios, procurando mantener una regularidad también en la hora de acostarse. 
  • Limitar el sueño durante el día. Si la persona tiene la práctica de realizar una siesta, asegurar que no sea demasiado extendida ni muy tarde en el día, intentando de proponer actividades que eviten las usuales cabezadas. 
  • Procurar que la cena sea rápida y al menos dos horas antes de acostarse, para beneficiar la digestión y evitar molestias a lo largo de la noche, así como limitar la ingesta de líquido en esas horas previas acostarse, y intentar eludir cualquier sustancia incitante (cafeína, nicotina, alcohol…), cuando menos, desde cinco horas antes.   
  • En las horas vespertinas, la reducción de luz y el incremento de sombras derivado de ello pueden ser causa de confusión o de interpretaciones erróneas del ambiente, algo que puede ocasionar temor o agitación a un individuo con Alzheimer. De ahí que es importante garantizar unas adecuadas condiciones de iluminación.
  • De igual forma, durante la noche, puede resultar orientador y tranquilizador que la persona tenga una tenue y despacio luz que rompa la obscuridad total y, en caso de despertarse a lo largo de la noche, le se haga más fácil admitir el entorno.
  • Disponer en algunos puntos de la vivienda de lucecitas con un sensor de movimiento, de forma que se enciendan al pasar cerca de ellas, puede facilitar la ubicación del baño si la persona se levanta por una necesidad fisiológica.
  • Tratar de que las propiedades del ambiente del dormitorio sean agradables, habiendo procurado una correcta ventilación a lo largo del día, controlar la temperatura, o procurar que el entorno sea silencioso.

Pedir consejo médico

Si las aproximaciones no farmacológicas no resultan efectivas para hallar un sueño relajado, es esencial preguntar con el médico de referencia. Habrá que descartar que esas alteraciones nocturnas logren ser consecuencia de otro problema de salud de base. Además de esto, solo el experto puede señalar la idoneidad de administrar alguna medicación para dormir. En la gente con demencia, el manejo de este género de fármacos es en especial especial, ya que puede aumentar el riesgo de caídas o de confusión y va a ser el médico quien valore los riesgos y provecho, la dosis, el tiempo de administración y la revisión de la situación. 

El descanso del cuidador asimismo es primordial

Los problemas de sueño en el Alzheimer no afectan únicamente a la persona perjudicada. Si el cuidador está fatigado y no descansa bien a lo largo de la noche, también se van a ver impactados su confort y su estado de salud físico y psicológico. En esa situación va a ser más voluble y más simple que traslade su agobio y agotamiento a la calidad de la atención que le pueda prestar a la persona con Alzheimer, pudiendo ayudar a su agitación. Es primordial, ya que, pedir asiste para otros integrantes de la familia o apoyo profesional por tal de que el cuidador principal pueda descansar. En ocasiones, cambios simples como que pueda dormir en una habitación diferente a la de la persona enferma, a sabiendas de que ésta será atendida si se lúcida a lo largo de la noche, ahora puede sospechar un cambio importante muy positivo.

Deja un comentario