Cómo argumentar qué es el Alzheimer a pequeños y jovenes

Los más jóvenes de la familia también se ven damnificados en el momento en que un individuo cercano sufre la patología de Alzheimer, comunmente en la figura de un abuelo o abuela. Por ello es importante saber explicarles qué es el Alzheimer.

Generalmente, tanto los pequeños como los adolescentes son muy observadores y captan mucho más de las ocasiones que les rodean de lo que, de manera frecuente, muestran. Al mismo tiempo, suelen ser muy flexibles y adaptables.

Hay que tomar en consideración que el desconocimiento y la ausencia de respuestas y explicaciones puede ser un caldo de cultivo para especulaciones y elucubraciones que tienen la posibilidad de hacerles mucho más daño que la propia realidad.

Por ello, es primordial no ofrecer naturalmente que no necesitan comprender, o que es preferible sostenerlos ajeno. Actuando de esta manera, aparte de estar alimentando su fantasía respecto a lo que ocurre, probablemente, vamos a estar contribuyendo a disminuir su autoestima al no hacerles partícipes de algo tan esencial que sucede en la familia.

Los niños y jovenes precisan de respuestas y explicaciones adaptadas a su edad y aptitud de entendimiento. No hay que, ni es recomendable, omitir esta necesidad, ya que suelen ser más siendo conscientes de lo que quizás aparentan y los cambios que perciben también les tienen la posibilidad de afectar emocionalmente.

La edad es un aspecto clave a la hora de proponerse de qué manera emprender el tema con los más jóvenes de la familia. El avance cognitivo pasa por unas etapas que dejan más o menos predecir la idea que el niño se forma de conceptos como la patología o la muerte, donde asimismo influye el haber tenido o no experiencias anteriores similares.

Partiendo de los 4 años de edad, ya que antes no semeja viable emprender particularmente este tema, proponemos una división orientativa por edades con pautas para tratar el tema.

De los 4 a los 7 años

Es esencial que el niño entienda que el abuelo o la abuela se comporta de esta manera pues está enfermo. A estas edades, las anomalías de la salud mentales son particularmente difíciles de entender, por el hecho de que la mayoría de pequeños comprenden por patología aquellas enfermedades que tienen consecuencias físicas evidentes: tos, estornudos, fiebre, mal… Para facilitarles la asimilación se puede recurrir a comparaciones metafóricas, como que “tiene unas cositas en la cabeza que no marchan bien y que hacen que se despiste, que en ocasiones se enfade, que no se acuerde de su nombre… pero te sigue queriendo bastante”.

Entre los mucho más mayores de este conjunto de edad, se tienen la posibilidad de incorporar explicaciones extremadamente simples sobre qué es el Alzheimer y la memoria, realizando énfasis en de qué forma es de necesaria para todo: para rememorar los nombres de las personas, el día en que estamos, los nombres de los objetos, dónde se guardan las cosas, de qué forma se marcha de un sitio a otro, etcétera.

Puede ser útil, incluso, proponer al niño una actividad, a método de juego, donde diga cosas que cree que sabe merced a la memoria. Así, muchos de los hábitos que le puedan confundir por parte del abuelo o de la abuela, vamos a poder atribuirlos a que “la memoria está un poco deteriorada, pero el cariño por tí lo guarda en el corazón y ese sí que le marcha bien”.

De los 8 a los 12 años

A partir de los 8 años es cada vez más probable que el niño pregunte directamente qué le pasa al abuelo o a la abuela. Es importante darle una respuesta que incluya el término de patología. Ahora se puede integrar una explicación de qué es el Alzheimer algo mucho más descriptiva, que incluya el desempeño cerebral.

Se puede argumentar, con más o menos detalle, lo que son las neuronas: “como botoncitos importantísimos del cerebro que trasladan la información y dejan rememorar, charlar, entender dónde estamos, meditar…”

Se puede integrar en la explicación que, igual que cuando estamos resfriados o tenemos gripe, es por el hecho de que unos “bichitos, o virus, o bacterias circulan por la sangre y hacen que tengamos fiebre, que nos duela la garganta, que tosamos… En la situacion del abuelo, es otro tipo de problema en el cerebro que hace que le cueste recordar las cosas, aun muy básicas, como el nombre de las personas que quiere”.

A partir de ahí, se tienen la posibilidad de argumentar otros síntomas, siempre atribuyéndolos a la enfermedad del cerebro. Otra explicación para comprender varios de los síntomas es que esta enfermedad provoca que deje de saber hacer cosas que había aprendido hace un buen tiempo.

También es esencial integrar la idea de no curación, para no generar falsas expectativas. Pues, “aunque la estudian mucho, los médicos aún no tienen una medicina que lo pueda sanar, pero sí que lo tenemos la posibilidad de ayudar, haciéndole las cosas más simples y no enfadándonos con él/ella”.

Siempre y en todo momento procuraremos que entienda que, si bien a veces semeja que no sea de esta manera, nunca debe dudar del amor que el abuelo o abuela siente por él.

También es clave que el niño sepa que si se siente triste o preocupado es habitual. Además de esto, se le tiene que facilitar una vía de expresión de sus sentimientos, respetar sus formas de proceder, pero nunca forzarlo a estar con la persona enferma o a asumir formas de proceder que le resulten incómodas.

Aún son muy jóvenes para implicarlos en tareas directas de precaución, pero sí que se les puede llevar a cabo participantes de la compañía, de los paseos y de formar parte en juegos con el abuelo, que le ayude con ciertos ejercicios cognitivos fáciles que el niño entienda bien, etcétera.

Desde los 13 años

Desde esta edad, cada vez son mayores los conocimientos que los jóvenes tienen sobre el funcionamiento del cerebro y la presencia de las patologías neurodegenerativas. De esta manera, con las explicaciones oportunas, podemos hablarles abiertamente de qué es el Alzheimer y todo lo que conlleva.

Se les debe contribuir a entender que es preferible irse preocupando de los problemas a medida que vayan apareciendo, pues, si bien hay mucha información sobre esta patología, de todos modos, no hay dos enfermos iguales.

Para promover la relación entre la persona con Alzheimer y el adolescente, es importante involucrarlo en los cuidados, si bien de forma moderada. No se debe olvidar que, en sí, el adolescente vive una temporada de cambios hormonales, físicos y de capacitación de su identidad que necesitan de un margen, de un espacio para ellos y de una evolución.

Hay que procurar mostrarse comprensivo con sus cambios emocionales y de humor, tanto los propios de la adolescencia, como los derivados de la frustración que, a diversos escenarios, les puede suponer la experiencia de la enfermedad en un individuo cercano.

Es crucial hacerle entender al adolescente que puede tener algún adulto de confianza para charlar de sus inquietudes, temores y emociones bivalentes, al unísono que trasladarle que los propios adultos de la familia asimismo se sienten a menudo confundidos por la situación y experimentan esas experiencias.

Es esencial tratar de pensar con el joven sobre la vivencia de la situación desde la perspectiva de la persona con Alzheimer para tratar de impulsar la empatía con ella. De la misma forma, hay que hacerle partícipe de las tomas de decisiones, explicarle que su opinión cuenta y que su papel es valioso.

 

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