Cómo eludir la ansiedad y estudiar a manejarla

Transformarse en el cuidador principal de un familiar con Alzheimer pide una atención continua y una constante adaptación a novedosas situaciones similares con el progreso de la enfermedad y la pérdida de autonomía de la persona perjudicada. Para eludir la ansiedad que esto puede producir es importante reconocer los síntomas, desarrollar estrategias para supervisarla y aprender a de qué forma eludir la ansiedad.

Ansiedad y agobio: diferencias

La ansiedad y el estrés tienen bastante en común, pero no son exactamente lo mismo. El estrés es una respuesta de nuestro cuerpo a situaciones que percibimos que no podemos controlar. Comunmente, cuando desaparece la situación que lo crea, el estrés remite.

La ansiedad, en cambio, no es tan concreta y las sensaciones de miedo e inseguridad que se experimentan no están tan relacionadas con un hecho preciso. Además, la ansiedad se suele presenciar de manera anticipada, esto es, por algo que aún no ha sucedido y que, de todos modos, no entendemos si sucederá o no. O, aun, mantenerse en el momento en que la causa ya ha desaparecido.  

Es lógico que la atención incesante a un familiar enfermo se convierta en una fuente de estrés y genere ansiedad. Es lo que se conoce como el síndrome de sobrecarga del cuidador. Pero ni el estrés ni la ansiedad son pésimos en sí mismos. Son reacciones naturales y primordiales para mantener la motivación y la aptitud de accionar en el día a día. Sin embargo, si se afirman en el tiempo a un prominente nivel, tienen la posibilidad de producir malestar, entorpecer en las ocupaciones cotidianas y alterar el sistema inmunológico, haciendo a la persona más propensa a sufrir anomalías de la salud.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una respuesta natural de nuestro cuerpo a un estímulo estresante que activa el sistema inquieto para contestar a él. A diferencia del estrés, como vimos, la ansiedad continúa si bien la situación que la haya causado desaparezca y puede manifestarse de forma anticipatoria.

En la medida adecuada, la ansiedad es positiva, ya que nos sostiene motivados, pero si perdemos el control sobre ella, tenemos la posibilidad de entrar en un estado de angustia y también incomodidad constante que puede desembocar en un trastorno psicológico. La verdad es que la ansiedad afecta a muchas personas que, a menudo, la padecen en silencio. Ciertas de ellas pueden procurar controlarla mediante el consumo de alcohol, drogas o automedicándose, lo que, no solo no va a arreglar el inconveniente sino que, comunmente, lo empeora.

¿Cuáles son los síntomas de la ansiedad?

Los cuidadores y damnificados por la enfermedad de Alzheimer sufren múltiples síntomas de la ansiedad, y su intensidad pueden cambiar sensiblemente de una persona a otra. Estos se asocian a los tres sistemas de contestación que da nuestro cuerpo.

El primero es subjetivo: está relacionado con la experiencia personal y se expresa con preocupación, temor o miedos aparentemente infundados, inseguridad, contrariedad para tomar resoluciones, pensamientos negativos sobre uno mismo, temor a perder el control, sensación de alarma o adversidades para concentrarse, entre otros muchos. Este componente subjetivo compone el núcleo central de la ansiedad.

El segundo sistema de contestación es fisiológico, responsable de ciertos síntomas como sudoración,  temblor, tensión muscular, palidez facial, aceleración del ritmo cardiaco, respiración agitada, ganas frecuentes de orinar, afecciones digestibles, sequedad de boca, cefalea, mareos, alteración del sueño o cambios en el deseo sexual.

El tercer sistema de contestación de la ansiedad es el de tipo motor-conductual, reflejándose en puntos como la expresión facial, los gestos,la posición corporal o la inquietud visible, como rascarse repetidamente, dificultad para mantenerse sentado, comerse las uñas, etcétera.  

De manera frecuente, la ansiedad coexiste con la depresión o, cuando menos, con la presencia de síntomas depresivos.

¿De qué forma eludir la ansiedad y gestionarla?

No todo el mundo tiene una reacción igual a una misma situación, ni es igual de vulnerable a sufrir modificaciones del estado de ánimo. Esta reacción, depende, fundamentalmente, de dos cosas: de de qué forma la persona interpreta la situación y de qué elementos personales tiene para enfrentar adversidades, situaciones inesperadas o cambios durante la vida.

Así pues, para administrar la ansiedad de forma eficiente importan dos factores. Primeramente, es importante intentar cambiar la manera cómo interpretamos las situaciones. Seguidamente, es necesario desarrollar estrategias para supervisar los síntomas del estrés y la ansiedad cuando aparecen y asimismo para reducir su aparición en el futuro.

Asimismo es esencial entender cómo nuestros pensamientos influyen en la aparición de los síntomas de la ansiedad y de qué forma, cambiando los pensamientos poco adaptados a la realidad, se puede reducir su presencia o intensidad.

Los pensamientos negativos nutren los estados de ánimo negativos. Para controlar la aparición de la ansiedad son útiles las terapias. Los grupos terapéuticos, por poner un ejemplo, tienen la posibilidad de asistir al cuidador a sobrepasar el síndrome de sobrecarga y en este marco estudiar técnicas de relajación, realmente útiles para el manejo de la ansiedad, aparte de  de qué manera reaccionar de manera diferente frente a las situaciones que desencadenan sus síntomas.

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