¿Cómo enfocar esta Navidad atípica con un ser querido con Alzheimer?

El año 2020 quedará en el recuerdo colectivo como el año de la irrupción de la pandemia de la Covid-19. Un año marcado por la sorpresa, la incredulidad, la frustración y la incertidumbre, pero asimismo por nuestra aptitud de adaptación, de superación y de resiliencia, aprendiendo de la experiencia y también tratando sacar de ella también cosas positivas. Estamos a las puertas de las fiestas navideñas y nos observamos frente a un ámbito en el que nos pueden asaltar muchas inquietudes sobre cómo emprender esta Navidad atípica con un ser querido con Alzheimer. En el artículo ofrecemos ciertos avisos y orientaciones para tratar de enfocarlas de la manera más óptima posible, mirando lo que hemos aprendido de esta crisis sanitaria.

Todo lo que hemos aprendido este año

Cada fase de la evolución de la pandemia y, consecuentemente, de las reglas y restricciones que la acompañan, ha supuesto y supone un esfuerzo de adaptación y de afrontamiento de incógnitas que nos desarrollan incomodidad sobre de qué forma abordarlas. El primer decreto de estado de alarma de este año, en el mes de marzo, vino acompañado de la imposición de un confinamiento domiciliario y de unas estrictas limitaciones que rompieron los esquemas de todo el mundo. Afloraron sentimientos de impotencia y frustración al notar de qué forma las activas del día a día se veían abruptamente truncadas. El hecho de tener un familiar con Alzheimer, hacía que la situación fuera aún mucho más desconcertante.

Vivir en confinamiento con un individuo con Alzheimer propuso serios retos, como el no poder tener muchas de las ayudas con las que se contaba en el día a día: centros de día, servicios de ayuda domiciliaria, visitas y ayuda directa de familiares y amigos… y nos logró ser realmente conscientes de la relevancia de las rutinas en el control de los síntomas de la enfermedad. Fue especialmente complejo localizar alguna forma de explicar a la persona con Alzheimer lo que estaba sucediendo para ayudarla a comprender muchos cambios. Además, tuvimos que recurrir a la creatividad para hacer ocupaciones en casa con la persona con Alzheimer que, no solamente la mantuvieran ocupada, sino que también fueran estimulantes, como las que se valen de la reminiscencia.

Quien se ocupa comunmente del precaución de la persona con Alzheimer vio cómo su dedicación se vio intensificada. Los cuidadores experimentaron de primera mano cómo esta situación impactaba en la evolución de la patología de su individuo cercano, pero también en su propio confort. La complejidad de la situación causada por la crisis sanitaria logró que los problemas del sueño y la ansiedad estuvieran a la orden del día y tuvimos que estudiar a relajarnos y dedicar tiempo asimismo a cuidar a nosotros mismos.

Preparar la cabeza para una Navidad diferente

Pese a todo lo aprendido, la evolución de la pandemia va acompañada de una alta dosis de incertidumbre y de normativas y recomendaciones alterables.

En circunstancias normales, la Navidad es un periodo que puede combinar, a partes iguales, sentimientos de alegría y optimismo con otros de melancolía o tristeza, tal como de incomodidad y estrés frente a los preparativos. Estas vivencias tienen la posibilidad de ser especialmente profundas si hay en la familia alguien que padece Alzheimer o cualquier otra forma de demencia. Si a esta combinación le añadimos el ingrediente del riesgo al contagio, las limitaciones y la indecisión que comporta la presente crisis sanitaria, el coctel emocional puede ser muy intenso y las dudas muy acuciantes.

Aquí van ciertas medites para enfocar esta Navidad de manera efectiva:

  • Como este año es totalmente diferente de otros y no disponemos antecedentes, como sociedad, de una situación igual, es importante abrir la mente y producir novedosas expectativas de manera maleable y ajustadas a la verdad actual. Para ello, es esencial tener claro el primordial objetivo: evitar el contagio entre la familia y, particularmente, el contagio de las personas mayores (colectivo en el que acostumbran a encontrarse las personas con demencia), en especial atacables a la Covid-19. Y, si para esto hay que aceptar una Navidad muy distinta, hagámoslo.
  • El pensamiento es una guía clave de las emociones. Tenemos la posibilidad de focalizarlo en lo que nos “perdemos” (grandes asambleas familiares, asistencia a acontecimientos, participación en actos comunitarios…), lo que va a ser fuente de ansiedad, tristeza o frustración. O tenemos la posibilidad de focalizarnos en lo que “ganamos” si renunciamos a algunas cosas y nos adaptamos a las circunstancias (prevención del contagio y sus consecuencias, contribución a una progresión efectiva de la pandemia…), lo que nos va a ayudar a mantener el optimismo y la esperanza.
  • Si observamos hacia atrás y vemos todo lo que hemos superado ya este año, indudablemente veremos que, pese a las dificultades y el padecimiento, hemos sido fuertes, tenaces y tal vez hayamos descubierto habilidades en nosotros que ignorábamos. Usemos esta experiencia como resorte para acrecentar nuestra confianza en que vamos a ser capaces de sobrellevar de la mejor manera posible una Navidad que, no por diferente, tiene que ser vacía o negativa emocionalmente.

Pasar lo mejor posible esta atípica Navidad con un ser querido con Alzheimer

En este otro artículo garantizamos consejos para celebrar la Navidad con un familiar con Alzheimer que tienen la posibilidad de ser de gran ayuda para enfocar las Fiestas. No obstante, la Navidad del actual año marcado por la pandemia, tiene unas especificaciones que necesitan algunos consejos más concretos:

Atender a la normativa que rija en cada instante

Ante todo, si bien pueda parecer muy obvio, es esencial informarse y atender a la normativa que rija en cada instante en el lugar donde residamos. Ajeno de lo tolerado y lo contraindicado, las autoridades sanitarias dan unas recomendaciones para minimizar el peligro de contagio y transmisión del Covid-19, que complementan la ya conocida tríada siempre que estemos con personas de fuera de nuestra unidad de convivencia: distancia interpersonal, empleo de mascarilla y lavado de manos recurrente.

Una de las observaciones mucho más claras es el peligro de contagio que supone la reunión de cierto número de personas en una vivienda, en un espacio cerrado, y pertenecientes a diferentes unidades de convivencia. Para compensar estas comidas o cenas con un elevado número de familiares, se pueden meditar elecciones, como reunirse un rato en la calle para verse y dar un pequeño paseo, el mismo día de la celebración o cualquier otro de ese periodo, buscando siempre y en todo momento un horario y sitio que favorezca las opciones de asistencia y disfrute de la persona con Alzheimer. Se tienen la posibilidad de explotar esos momentos, además, para intercambiar regalos.

Hacer partícipe a la persona con Alzheimer de los preparativos

Ante la probable contrariedad a fin de que comprenda estas situaciones atípicas, es importante hacer partícipe a la persona con Alzheimer de la organización de las Fiestas. Además de resultar de herramienta para ocupar el tiempo en el día a día, comunicar los preparativos puede contribuir a alzar el ánimo y ofrecer concepto emocional a estos días. Son muchas las actividades en las que va a poder colaborar, desde dibujar o colorear tarjetas de felicitación, envolver regalos, contribuir a personalizar la casa, evaluar a percibir diferentes tipos de música, relacionadas o no con la Navidad, que despierten conmuevas positivas, etc.

Aprovechar las tecnologías para estar acompañados

La situación de confinamiento más estricto hizo que la tecnología que permite sostener el contacto familiar y social a distancia se haya convertido en un elemento fundamental. En la medida de las posibilidades, procurar disponer esta Navidad de algún dispositivo (móvil, tablet u computador) y alguna aplicación que permita hablar y verse con otra gente, va a contribuir a sentir esa conexión con familiares y amigos. Es importante preverlo y pedir ayuda con cierta antelación, tanto para su adquisición, si se puede, para estudiar a manejarlo si no se conoce. Preparara con cierta antelación asimismo permitirá que la persona con Alzheimer se familiarice con este modo de comunicación.

La realización de videollamadas abre la puerta a muchas opciones para gozar de compañía a distancia, como organizar un rato para cantar villancicos, oír los poemas de Navidad que tal vez los nietos hayan listo, charlar mientras se toma algo de turrón o se hace un brindis virtual… y muchas otras ideas que se nos ocurran con la meta de compartir ratos en familia de una manera opción alternativa. Para minimizar la viable confusión o desinterés de la persona con Alzheimer es esencial que se limite el tiempo de estas ocupaciones, procurar que no estén conectadas al unísono muchas personas y organizar y respetar los turnos de palabra.

Cuando nuestro ser querido con Alzheimer no vive con nosotros, además de potenciar el contacto con él de forma remota o adaptando las opciones según hemos comentado, podemos recurrir a la imaginación para hacer que las restricciones de las situaciones y el tiempo que podemos pasar juntos, se compensen con concepto, cariño y emociones, procurando reducir el impacto del distanciamiento físico.

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