Cómo sobrellevar el desafío por la pérdida de un ser querido

Cuando perdemos a un ser querido, se inicia un proceso de duelo, necesario y también inevitable, que nos debe de llevar a aceptar esa pérdida en nuestras vidas. El dolor que sentimos nos ayuda a reconducir y reencontrar nuestro sentido de la vida, encajando la pérdida en una exclusiva etapa escencial.

En ocasiones relacionamos el concepto de desafío con la pérdida final de algún ser querido, pero cuando hablamos de duelo nos referimos a un proceso más extenso. En la situacion de la patología de Alzheimer, ahora desde el diagnóstico, tanto la persona afectada como sus familiares, pueden experimentar sensación de pérdida: pérdida de salud, de un emprendimiento de vida, de una relación así como la había concebido, pérdida de independencia, pérdida del otro… pérdidas que en un primer instante son más propias de un desafío anticipatorio, en el que se vive la amenaza de la pérdida, mucho más que la pérdida en sí. Con el paso del tiempo estas pérdidas se van materializando. 

La forma como sobrellevamos la pérdida de un ser querido va a ser esencial en el proceso de desafío. Según la Dra. Sandra Poudevida, psicóloca clínica de la Fundación Pasqual Maragall y experta en desafío “tras la pérdida entran en juego una secuencia de conmuevas, a veces desconcertantes e incluso contradictorias. Lo más esencial para que una emoción logre seguir su curso de forma natural, es reconocerla: ser siendo consciente de lo que sentimos, aceptar nuestros sentimientos y acompañarlos”. 

A lo largo del proceso de desafío se atraviesan distintas fases. Conocerlas nos ayudará a comprender si estamos atravesando alguna de ellas y a acompañar los sentimientos que vayan apareciendo. No juzgándolos de manera negativa, si no aceptándolos como parte de un desarrollo necesario para llegar a una buena adaptación a la nueva situación. Estas fases son el shock, la negación, la íra o la furia, la tristeza y la pena y, al final, la aceptación. Pero no todas la gente tienen por qué sufrirlas todas y cada una ni en este orden.

Es normal sentirse confuso frente a los propios sentimientos y pensamientos mientras vivimos el desafío. Tenemos la posibilidad de sentir incredulidad, confusión, preocupación, inconvenientes de atención o de concentración y memoria… También podemos sentir impotencia, frustración, tristeza, ansiedad, angustia, apatía, irritabilidad, culpa, soledad… Estas manifestaciones tienen la posibilidad de llegar a reflejarse a nivel somático: vacío en el estómago, boca seca, opresión en el tórax, falta de aire, dolor de cabeza, alteraciones del sueño o nutrición, etc. y también a nivel conductual: aislamiento social, lloro continuo, conducta distraída, descontrol en las ocupaciones de la vida diaria, etcétera.

Todo esto pertenece a un proceso de duelo habitual ante la pérdida de un individuo cercano. Si lo estamos pasando, es esencial admitirlo, no juzgarse a uno mismo y acompañar nuestro propio desafío. Aunque resulte bien difícil, es necesario buscar instantes de reflexión para evaluar de qué manera nos encontramos, qué sentimos y qué nos puede ayudar a llegar a una etapa de aceptación global, donde hayamos encajado la pérdida en nuestra vida, y volvamos a tener ilusiones y hallar motivos por los que vivir.

Debemos estar alerta a los indicios de un proceso de duelo complicado, sea propio o de personas de nuestro ambiente. Este se produce en el momento en que los síntomas causan un desajuste en el área popular o laboral que persiste en el tiempo: la persona no es con la capacidad de rehacer su vida o el estado de ansiedad o depresión hace difícil la actividad diaria. En la situacion de tener supones de esto, se debería buscar ayuda profesional. 

¿Qué tenemos la posibilidad de realizar para enfrentar la situación de desafío de manera menos dolorosa? 

La elaboración del duelo frecuenta perdurar entre uno y un par de años. La Dra. Sandra Poudevida proporciona ciertas pautas que tienen la posibilidad de resultar útiles para sobrepasar el dolor y poder proseguir con nuestro emprendimiento de vida:

  • Vivir el presente y ver hacia adelante. Aunque los recuerdos del individuo cercano nos acompañarán siempre y en todo momento, su intensidad y continuidad irán reduciendo con el transcurso del tiempo. 
  • Desechar sentimientos de culpabilidad. Normalmente estos sentimientos son infundados. Es simple evaluar ocasiones del pasado, pero es en el presente en el momento en que hacemos aquello que creemos que es lo mejor, y lo hacemos con las herramientas, conocimiento y circunstancias de las que disponemos en ese momento. 
  • De a poco, ir recobrando las aficiones, las ocupaciones de ocio y la vida social, adaptándola a la nueva situación, sin forzar el estimar reproducir la anterior. 
  • Hablar de nuestro dolor y hacer llegar nuestro sufrimiento siempre nos irá a ayudar a liberarlo. Comunicar con otros nuestro estado emocional contribuye a conducir y gestionar nuestros sentimientos para que no se enquisten. 
  • Cuidar nuestra salud y estado físico, sosteniendo una alimentación balanceada, haciendo ejercicio moderado y regular y intentando un sueño y descanso reparadores. 
  • Asimismo es esencial no olvidar dedicar un tiempo a la reflexión, al autoconocimiento, a entender de qué manera nos encontramos y advertir nuestras necesidades para sentirnos bien. Así podremos movilizar nuestros recursos y habilidades de afrontamiento, potenciando la resiliencia. 
  • Buscar apoyos en nuestro ambiente más cercano, ya sea de la familia o de los amigos. 
  • Pedir ayuda profesional. Si, pese al paso del tiempo, no nos vemos capaces de poner en marcha nuevamente nuestra vida, no encontramos alivio a nuestro mal o, sencillamente, sentimos que el padecimiento resulta realmente difícil de soportar, es necesario pedir ayuda. Profesionales especializados, como los psicólogos, tienen la posibilidad de ayudar a realizar o acompañar el desarrollo de desafío, amortiguando el sufrimiento y facilitando el sendero hacia la aceptación. 

 

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