Confinamiento con un familiar con Alzheimer: consejos para el cuidador

Nos encontramos en un instante de alarma sanitaria debido al coronavirus que conlleva un cambio de prácticas, ocupaciones y hábitos en nuestra vida generalmente que, en determinadas ocasiones, se hace particularmente complejo, como es cuando un familiar tiene Alzheimer o cualquier otra forma de demencia. El cierre de centros de día, el no poder salir a ofrecer un recorrido, la prohibición o restricción de visitas a la vivienda, la dificultad para ir a conocer a familiares a su casa, o la convivencia de 24 horas, genera inquietud y sobreesfuerzo que debemos conducir de la mejor manera posible

Tenemos que intentar llevarlo a cabo desde la calma, teniendo en cuenta que las adversidades de comprensión propias del deterioro cognitivo acarrean, además, que quienes lo sufren tengan mayor dificultad para entender y asimilar la nueva situación. La Dra. Sandra Poudevida efectúa las siguientes recomendaciones, respaldada por el equipo del Área social y de Divulgación, desde su experiencia en la conducción de conjuntos terapéuticos para familiares con personas con Alzheimer.

Afrontar la situación desde la serenidad

Ante esta urgencia sanitaria todos tenemos que cuidarnos para mitigar las secuelas que esta situación puede producir, más que nada para evitar que el sistema sanitario se colapse y que las personas mucho más atacables enfermen. Como seres biopsicosociales que somos, debemos cuidar nuestro cuerpo, nuestra cabeza y nuestra esfera social. Todas y cada una estas facetas, aparte de interactuar entre ellas, se ven afectadas, en mayor o menor medida, por la situación actual de confinamiento. 

La preocupación por administrar de la mejor forma posible el día a día en obligado confinamiento, unida a la incertidumbre por el encontronazo que esta situación pueda tener en diferentes ámbitos (económico, social, sanitario…), tanto a nivel individual como colectivo, puede conducir a un estado de estrés y ansiedad. Esta reacción es comprensible, pero hemos de procurar enfrentar la situación desde la serenidad.  

La convivencia familiar ininterrumpida no en todos los casos es fácil de administrar y, con un familiar con deterioro cognitivo o demencia, es aún mucho más complicada. Precisamente, la situación actual exige dotarse de una aceptable dosis de paciencia, tolerancia y empatía, que solo desde el cariño, el conocimiento (y autoconocimiento) y la responsabilidad puede afrontarse con sensación de control de uno mismo.

Conducir la ansiedad y el agobio del cuidador

La ansiedad y el agobio pueden provocar la disminución de nuestras defensas y perjudicar a nuestro sistema inmunológico, y nos encontramos en unos momentos en que lo necesitamos bien fuerte. Es importante advertir si disponemos síntomas del llamado síndrome del cuidador, que podría acarrear un desarrollo de agobio amenazante para nuestra salud. Un nivel configurado de estrés o ansiedad es requisito para hacer en frente de nuevas situaciones, pero enseñar escenarios elevados no asiste para manejar óptimamente la situación. 

Algunos de los síntomas que nos señalan que estamos sufriendo altos niveles de ansiedad son:

  • Físicamente: palpitaciones, taquicardia, boca seca, sensación de opresión en el pecho, afecciones gástricas, contrariedad en conciliar el sueño…. 
  • Mentalmente: contrariedad de concentración, irritabilidad, incapacidad para tomar resoluciones, pensamientos negativos…
  • Emocionalmente: temor, desesperación, sensación de falta de control, síntomas depresivos…

Para tratar de reducir el encontronazo de esta situación en nuestra salud y bienestar, tal como en los de la persona a quien cuidamos, pueden ser de enorme utilidad distintas técnicas para controlar la ansiedad. El abanico de posibilidades es amplio y cada uno de ellos puede optar por aquellas que más se ajusten a sus peculiaridades personales y posibilidades. 

Administrar el día a día

La persona que protege precisa poder localizar, aunque sean breves, espacios para sí que le asistan a mejorar su confort y aumentar de esta forma su cota de paciencia y capacidad de control. Para ello hay técnicas psicológicas de gran ayuda para progresar tanto el estado físico como el mental. Una técnica de relajación simple de entrenar, es la relajación muscular progresiva, cuya práctica asiste para supervisar los niveles de agobio y ansiedad. También puede resultar muy útil la técnica de respiración diafragmática. 

Para tratar de liquidar su posible nivel de ansiedad y confusión, es conveniente observar a nuestro familiar con Alzheimer y advertir qué situaciones le alteran y cuáles le calman. Para ello es importante fomentar la empatía para procurar entender su visión. 

Podemos pensar en actividades que logren ser agradables para ambos, siempre y en todo momento adaptadas a las opciones y opciones de cada caso: percibir música, bailar, cocinar juntos, ver álbumes de fotos… y procurar incorporarlas en las prácticas de cada día. Nuestra visión de cualquier situación, la forma cómo la percibimos (por poner un ejemplo, como una oportunidad y no como una amenaza) influye claramente en nuestro bienestar. 

Si bien no vivimos una circunstancia satisfactorio, podemos estudiar mucho de ella. Por servirnos de un ejemplo, valorar la situación como una oportunidad para poder dedicar mayor tiempo para atender a nuestro familiar sin prisas, conducir los tiempos sin presiones externas, promover conversaciones familiares (ya sea con quienes conviven en el hogar, por teléfono o por la red). 

Obviamente, no dejarán de existir y necesitaremos conducir los conflictos propios de la convivencia, unidos a los que se tienen la posibilidad de derivar de los síntomas de la propia enfermedad. Es recomendable tener en consideración algunos consejos para afrontar el día a día con una persona con Alzheimer y que una correcta comunicación puede ahorrarnos confrontaciones desapacibles. 

Situación dificultosa, pero temporal

Ante todo, tengamos cuenta que esta situación es temporal y que, mucho más adelante, volveremos a nuestras rutinas, a disponer de servicios ahora anulados, a poder abrazar a nuestros conocidos cercanos, a dar paseos por las calles, a salir con amigos y a gozar de encuentros familiares. Probablemente entonces puntuaremos con considerablemente más intensidad lo que hace solo unos días nos parecía habitual

Estos días, además, vemos de qué forma afloran valores comunitarios que prueban que la sociedad de la cual formamos parte, mayoritariamente, es buena: apostar por el bien común, poner énfasis el valor de la solidaridad y la fraternidad, sentirse una parte de un colectivo “humano” y resguardarlo sobre todas las cosas. Procurar adoptar un enfoque positivo, en la dura situación, siempre nos va a ayudar a relajarnos, a evitar estados de ansiedad y a impulsar nuestra aptitud de resiliencia. Si conseguimos supervisar el miedo y la ansiedad será más simple adaptarnos a una situación tan extrema, donde prime nuestra protección, la de nuestros conocidos cercanos, y la de la sociedad generalmente.

 

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