Confinamiento con un familiar con Alzheimer: sugerencias en general

Estamos viviendo una situación de excepcionalidad: la pandemia COVID-19, generada por el coronavirus, que requiere de unas medidas radicales para contener la propagación y evitar el colapso del sistema sanitario. Para esto las autoridades han impuesto medidas como el distanciamiento social, la protección de los colectivos más atacables y el confinamiento domiciliario, o sea, quedarse en casa.

Estas indicaciones tienen que cumplirse, no solo por imperativo legal, sino más bien también por compromiso popular y, especialmente en el caso de personas atacables, por autoprotección. La gente mayores, así como las que presentan distintas anomalías de la salud crónicas, se engloban en este colectivo.

Comprender y admitir la situación 

Por las causas anteriormente expuestas, el contacto popular con la gente mayores y débiles, entre ellos las personas con Alzheimer o con otras formas de demencia, se ha restringido particularmente. Así, se han dado órdenes como el cierre de centros para mayores y de centros de día. De la misma forma, se han limitado las visitas a la gente internas en residencias, geriátricos o centros sociosanitarios, introduciendo las visitas de familiares.

Este escenario de excepcionalidad del que, además de esto, no contamos con antecedentes similares en nuestra sociedad, nos lleva a sentir un gran desconcierto y tener muchas inquietudes. Debemos encararnos a situaciones nuevas y, con frecuencia, complejas, para las que, además de esto, no tuvimos suficiente tiempo para estar listos.

Comprender todo lo expuesto es primordial para, a pesar de las dificultades que implica, aceptar con más serenidad este ámbito y adoptar la predisposición que se requiere para poner en marcha estrategias que lo hagan mucho más llevadero.

La atención a familiares mayores y/o con deterioro cognitivo o demencia

Una de las salvedades de la limitación de efectuar visitas domiciliarias a familiares o amigos contempla la precisa atención que tienen que recibir las personas dependientes. Por eso, los servicios de atención domiciliaria y las visitas de familiares o personas próximas que deban prestar cuidados sí está tolerada. Ahora bien, se deben contemplar una sucesión de cautelas:

  • Es fundamental que la persona que provea estos cuidados o atenciones no presente síntomas que tengan la posibilidad de ser sospechosos de estar contaminado por el virus.
  • Hay que eludir la interacción entre pequeños y personas mayores o atacables (salvo que convivan en exactamente la misma casa, en tal caso se intentaría minimizar el contacto).
  • Se deben seguir escrupulosamente todas las medidas de protección para contener la propagación de la infección por coronavirus (que no dejan de ser las generales para reducir peligros de cualquier otro género de infección, pero que en este momento hay que llevar a rajatabla).

Si nuestro ser querido está ingresado en una vivienda, centro geriátrico o sociosanitario, es clave seguir las advertencias de restricción de visitas, confiando en el buen realizar y la experiencia del personal del centro. Procurar estar informado de los horarios de atención telefónica con el centro y procurar ser comprensivos si no disponemos una contestación inmediata ya que este colectivo profesional también se encara a una situación excepcional.

Atender solo a fuentes de información oficial 

  • Es fundamental recurrir solo a fuentes de información oficial: medios de comunicación de conocida solvencia: radio, televisión, prensa, y/o aclaraciones que vienen de organismos oficiales o instituciones reconocidas. Hay que desconfiar de falsos comentarios que pueden circular por whatsapp y de aclaraciones alarmistas o recomendaciones que no estén avaladas por expertos o instituciones. La Organización Mundial de la Salud, por servirnos de un ejemplo, recopila algunos falsos comentarios.
  • Atendiendo a la capacidad cognitiva de la persona afectada, mover, en tantas ocasiones como sea necesario, una explicación amoldada del por qué razón no podemos salir o recibir visitas.

La relevancia de las prácticas

El día a día de una persona con Alzheimer siempre resulta mucho más llevadero siguiendo unas directrices de simplificación, así como unos horarios y rutinas. En la situación de excepcionalidad que vivimos, el confinamiento en el hogar acarrea no poder seguir con algunas de las prácticas comunes, como asistir al centro de día, salir a pasear, visitar a (o recibir visitas de) amigos o familiares, etc.

Por ello, en este momento precisamos producir prácticas novedosas, pues el orden del día a día y un cierto cuidado de horarios proveerán a la persona enferma de un marco de referencia y, a los cuidadores, de una guía para minimizar el riesgo de verse desbordados.

Una propuesta de planificación del día

Es importante procurar que la persona con Alzheimer mantenga unos horarios más o menos regulares cada día. No tienen por qué razón ser exactamente exactamente los mismos que en circunstancias normales, pero sí que tienen que conferir una regularidad para de esta forma, tratar de mantener una correcta alternancia entre sueño y vigilia, para reducir probables modificaciones conductuales y alteraciones del sueño.

Planteamos continuación un esquema orientativo de planificación del día que, lógicamente, se puede adaptar a la realidad de cada casa. Lo más relevante es tener un orden y regularidad.

Además de la necesaria higiene contenida en el aseo períodico, para minimizar el peligro de contagio y propagación del coronavirus, es clave intensificar el lavado de manos, particularmente tras un periodo de actividad y siempre y en todo momento tras ir al wc o antes y tras las comidas, pero no de cualquier forma, sino más bien asegurando una higiene de manos eficaz que iremos intercalando entre las prácticas diarias tantas veces como sea preciso.

Por la mañana

  • Levantarse cada día a exactamente la misma hora.
  • Higiene matutina: ir al wc, lavarse las manos y la cara.
  • Desayuno
  • Higiene: manos y bucodental.
  • Actividad cognitiva: siempre amoldada a la aptitud de la persona, desde realizar ejercicios o ocupaciones específicas de que dispongamos, a formar parte en un juego de mesa o efectuar actividades de acompañamiento en las tareas familiares: tender, doblar ropa, adecentar verduras, barrer…
  • Actividad física: realizar algunos ejercicios suaves de estiramiento o de coordinación.
  • Pequeño tentempié.
  • Salir un rato al balcón, terraza o, simplemente, asomarse a la ventana a fin de que nos dé un tanto el sol y el aire. Se puede explotar para realizar juegos estimulantes: denominar lo que se ve, contar farolas, árboles, señalar cosas de un color concreto…
  • Preparar la comida y ayudar en tareas domésticas, como poner la mesa.
  • Comida

Por la tarde

  • Corto siesta (predominantemente no más de 30 minutos) o rato de reposo: televisión, radio, oír música apacible.
  • En lo posible de cada casa, regresar a tomar algo de aire y sol.
  • Un rato de actividad: se tienen la posibilidad de retomar tareas de estimulación cognitiva o física. Usar la música como una forma de estimulación y de promoción de conmuevas positivas.
  • Merienda.
  • Si se tienen plantas, atender su precaución: regar, eliminar hojas secas…
  • Higiene: baño o ducha.
  • Actividad física suavísima: estiramientos, por ejemplo. Algo que no active bastante para beneficiar el sueño posterior.
  • Preparar la cena y poner la mesa. Cenar al menos dos horas antes de acostarse para garantizar que el proceso digestivo no dificulte el sueño.

Por la noche

  • Después de cenar, actividad distendida: ver una serie o algún contenido tranquilo de televisión, escuchar música calmada, ver fotografías…
  • Garantizar que se hizo la higiene bucodental y los preparativos habituales para acostarse.
  • Recordar la relevancia de sostener una regularidad en la hora de acostarse.

Por último, pero no por este motivo menos esencial, es crucial rememorar que la persona cuidadora también va a estar doblegada a una presión, habitualmente, superior a la frecuente y que debe atender asimismo a su cuidado. Por eso, mucho más que jamás, hay que procurar vías de desahogo alternativas, procurar tener pequeños espacios para uno mismo y recurrir a estrategias para manejar la ansiedad.

 

 

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