Consecuencias de envejecer que no tienes que confundir con el Alzheimer

Olvidamos el cumpleaños de un amigo. Nos resultan complicadas algunas funcionalidades del móvil. Ya no poseemos tantas ganas de salir como antes. ¿Qué nos ocurre?

¿Estamos frente señales que deban estar preocupados?

Nuestro entendimiento envejece, al igual que el resto de nuestros órganos. De ahí que, con el paso del tiempo, sintamos que su desempeño ya no es exactamente el mismo que cuando éramos más jóvenes. Nos sentimos más cansados, nos cuesta más estudiar novedades o no recordamos ciertas aclaraciones. Pero estas adversidades no significan que algo vaya mal.

Es esencial procurar distinguir qué señales tienen la posibilidad de ser reveladoras de un inicio de los síntomas del Alzheimer y qué adversidades tenemos la posibilidad de estimar normales del desarrollo de envejecimiento. 

10 consecuencias normales del desarrollo de envejecimiento

Estas son 10 consecuencias normales del desarrollo de envejecimiento que no hay que confundir con síntomas del Alzheimer:

1. Olvidar, ocasionalmente, datas señaladas. No es extraño y en verdad, nos puede pasar a todos. Descuidarse de la fecha de un cumpleaños, de la cita al médico, de una actividad que teníamos programada… 

2. Cometer fallos puntuales en ocupaciones de la vida día tras día, por ejemplo al cocinar o poner la colada, siempre y cuando seamos siendo conscientes de ello. No es raro olvidarse de un paso en el momento de preparar una receta u descuidarse de apretar el botón que pone en marcha la lavadora. 

3. Necesitar asistencia para utilizar electrodomésticos o equipos electrónicos nuevos. Es normal que perdamos cierta agilidad a la hora de usar novedosas tecnologías o de emplear por primera vez cualquier aparato. 

4. No hallar una palabra a lo largo de una charla. A todos nos ocurrió. Queremos hallar la palabra precisa, pero aun sabiendo lo que deseamos decir, no la podemos encontrar. 

5. Perder cosas ocasionalmente siendo conscientes de que probablemente las hayamos perdido nosotros mismos y, generalmente, ser capaces de hallarlas. 

6. Dejar de formar parte en algunas ocupaciones sociales. Con la edad es común que nos sintamos mucho más cansados y perdamos las ganas de formar parte en determinadas actividades sociales o de seguir con aficiones que hasta el momento nos habían apetecido. 

7. Sentirse incómodo con los cambios. Con la edad, lo más habitual es que tengamos establecidas unas prácticas para hacer ciertas actividades. Es normal que, conforme hayamos ido envejeciendo, los cambios se nos hagan más difíciles de aceptar. 

8. Ser menos condescendiente con los demás. Es viable, por otro lado, que seamos menos dados a tolerar las reacciones de otra gente con las que nos relacionamos y que, a su vez, nos apetezca mucho más efectuar determinadas actividades a solas. 

9. Mostrar menos interés por las novedades. No es extraño que conforme envejecemos nos sintamos menos atraídos por las novedades y que, con el objetivo de sentirnos más cómodos, adquiramos hábitos de vida muy repetitivos. 

10. Sentirse menos ágil mentalmente. Es normal que, al hacernos mayores, nos cueste más aprender novedades o no nos sintamos mentalmente tan diligentes. 

Ahora bien, si se suman varios de estos factores, representando un cambio importante en relación a nuestra manera de ser frecuente y, particularmente, experimentamos dificultades para hacer las actividades cotidianas con normalidad, sí deberíamos pedir consulta médica.

Si es la actitud o los despistes de alguien próximo a nosotros lo que nos preocupa, observaremos si esos cambios le impiden o dificultan desarrollar actividades cotidianas, como llevar la contabilidad doméstica, tomar la medicación apropiadamente o ir a la compra, si se desorienta en sitios conocidos, repite en bucle el mismo tema o no recuerda datos importantes recientes, de qué manera qué ha comido o datos importantes de una charla mantenida recientemente. 

Ante la sospecha de un inicio de enfermedad de Alzheimer lo primero que debe hacerse es asistir al médico de familia y explicarle el problema para que pueda valorar si es preciso realizar alguna evaluación enfocada.

 

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