consejos para cuidadores de personas con Alzheimer

El insomnio es el trastorno del sueño más frecuente, caracterizándose por dificultades para coger el sueño o para sostenerlo durante la noche, con interrupciones usuales o despertándose antes de lo sosprechado por la mañana. Una de sus consecuencias es sentir que no se ha descansado lo bastante. La compromiso y las tensiones derivadas del cuidado de un ser querido con patología de Alzheimer, son fundamento frecuente de agotamiento físico y mental de los cuidadores que tiene la posibilidad de tener repercusiones en la calidad de su sueño.

Además de esto, el actual estado de alarma y el confinamiento puede comportar mayores problemas de insomnio. Precisamente, una de las sugerencias para favorecer un adecuado período de vigilia-sueño se apoya en procurar cierta regularidad en los horarios de las primordiales ocupaciones del día (como levantarse, comidas y acostarse) y mantener unas rutinas que den un sentido de orden a cada día. 

La Dra. Sandra Poudevida, sicóloga clínica del Área Social de la Fundación Pasqual Maragall, advierte que el estado de alarma sanitaria puede conllevar cambios en el estado físico y consecuencias psicológicas y sentimentales que pueden impactar en la calidad del sueño.  

¿De qué forma afecta en el sueño el estado de alarma y el confinamiento?

Seguramente, durante el confinamiento, nos nos encontramos moviendo menos de lo habitual y consumiendo menos energía. Esto puede hacer que en el final del día tengamos una menor sensación de cansancio físico. Puede ser también que, tanto por las variantes en la necesidad energética como por la pérdida de prácticas, no estemos siguiendo una nutrición adecuada para esta situación. 

Es muy probable también que experimentemos sensaciones que pueden conllevar malestar psicológico o sensible. Tenemos la posibilidad de sentir angustia por no poder reunirnos con familiares o  amigos, no poder abrazarles, no poder salir a la calle… No es extraño tener miedo: al contagio de COVID-19, a ponernos enfermos por cualquier otra causa y no poder atender a nuestro familiar con Alzheimer, a que otros seres queridos enfermen o sufran. En esta situación de confinamiento tenemos la posibilidad de acusar sentimientos de soledad, y asimismo de frustración, impotencia o rabia, además de una preocupación extrema.  

Todas y cada una estas experiencias pueden producir ansiedad, por anticipación a una situación temida o por el impacto de informaciones o situaciones que nos atañen, así sean familiares, laborales, económicas o de otro tipo.  La ansiedad y el sueño guardan una clara relación entre ellos y, a menudo, se retroalimentan: a mayor ansiedad, peor calidad del sueño y, a mayor fatiga por carecer de reposo, mayor ansiedad. 

Ya que es una situación sin precedentes, requerimos nuevas estrategias para amoldarnos a ella de manera funcional y adecuada. Para beneficiar el bienestar personal es muy importante, entre otros aspectos, dormir las horas suficientes y que el sueño sea de calidad, esto es, que resulte reparador para el cuerpo y para la mente. 

¿De qué forma tienen la posibilidad de los cuidadores progresar la calidad del sueño a lo largo del confinamiento?

En otros productos relacionados con el estado de alarma sanitaria hemos ofrecido consejos para el cuidador para sobrellevar mejor el confinamiento con un individuo con Alzheimer, de esta forma para la facilitar la organización del día a día con proposiciones de ocupaciones para realizar en el hogar. 

Ahora recogemos esos y otros consejos de la Dra. Sandra Poudevida para ayudar a los cuidadores a beneficiar la calidad del sueño. Algunos están principalmente relacionados con la organización del día y otros con aspectos sicológicos vinculados a la situación de confinamiento.  

En la administración del día a día es esencial, en la medida que lo deje la situación en el hogar, tener en cuenta cuestiones similares con: 

  • Los horarios. Es importante procurar respetar unas horas y un orden en las principales actividades del día. Deberíamos concretar, con cierta flexibilidad, las horas de levantarse y acostarse, comidas e higiene, tratando de programar entremedio la actividad física (evitándola en las 3 horas anteriores a acostarse) y de ocio. 
  • Los hábitos. Procurar que cada día haya espacios para la realización de ocupaciones que nos resulten agradables, ya sea la lectura, coser, escuchar música, ver un programa o una serie, o tomar el sol o el aire, si bien sea por la ventana..  Es esencial sostenerse ocupado, pero evitando el exceso de actividad, tal como poner límites a las actividades que se tienen que realizar por obligación, como el trabajo a distancia o las tareas de la vivienda. Hay que procurar dejar las ocupaciones más relajantes para las últimas horas del día, en tanto que pueden contribuir a desconectar de las intranquilidades. Si se experimentan problemas para dormir durante la noche, hay que evitar llevar a cabo la siesta o que no se extienda más de 15 o 20 minutos.  
  • La nutrición. Siempre y en todo momento es fundamental proteger nuestra nutrición, si cabe aún mucho más durante el confinamiento. La recomendación general sería proseguir una dieta mediterránea, pero ajustando las proporciones al gasto de energía períodico que, indudablemente, en estos instantes es menor al frecuente. Deberíamos limitar especialmente la ingesta de alimentos muy calóricos y poco saludables, aparte de supervisar el consumo de los estimulantes, como el té o el café. Si tomamos alguno, habría de ser bien alejado de la hora de acostarse para minimizar su interferencia con el sueño. Para favorecer la conciliación del sueño (y la salud digestiva, por norma general) es muy importante cenar cuando menos dos horas antes de acostarse.
  • El acceso a la información. Lógicamente, debemos estar informados de la evolución de la situación y entender las noticias sobre recomendaciones, limitaciones y privilegios, pero hay que eludir obsesionarse con comprender todos los detalles y cantidades. Lo recomendable es limitar el acceso a la información y dedicar solo un espacio  al día (a lo sumo, 2) para ello. Es esencial también eludir la exposición continua a pantallas (teléfono móvil, tablet, pc). Es fácil que nos observemos bombardeados y excedidos por la información y, además, si hacemos empleo de ellas en la hora previa a acostarnos, dificultaremos la conciliación del sueño. 

Sugerencias para reducir los efectos del impacto psicológico del confinamiento y el estado de alarma sanitaria en el sueño

  • Prestar particular atención a puntos positivos del día a día. Hay que procurar orientar el pensamiento hacia temas que aporten positividad, centrarse en esos detalles que nos hacen sonreír y buscar motivos para sentirnos agradecidos. Sabemos que esto no en todos los casos es fácil. Para facilitarlo, nos tienen la posibilidad de servir algunas técnicas, como enumerar, antes de acostarnos, ciertos instantes positivos que hayamos tenido a lo largo del día. Si lo hacemos de manera habitual, tras unos días estaremos mucho más alerta a estos aspectos y veremos de qué manera nuestro humor cambia de a poco. Asimismo va a ser de asistencia favorecer los contactos con personas que nos aportan experiencias positivas y rechazar esos que nos aporten negatividad.
  • Remarcar nuestro accionar. En ocasiones nos asaltan inquietudes, o nos tenemos la posibilidad de sentir responsables por pensar que no estamos actuando adecuadamente. Lo más posible, sin embargo, es que no tengamos la posibilidad realizar solamente ni mejor en las situaciones presentes. Por esta razón, es importante repetirse a uno mismo que respetar el confinamiento es llevar a cabo lo que se debe llevar a cabo, que hablamos de proteger la salud propia y social y que es una situación pasajera.
  • Recordar la importancia de cuidar a uno mismo. Esta idea siempre es básica, pero ahora cobra particular relevancia. Si el cuidador no se siente bien, difícilmente podrá sugerir un cuidado de atención y calidad a sus seres queridos. Entrenar ciertas técnicas básicas de respiración y de relajación antes de acostarse pueden ser de gran ayuda para conciliar el sueño y favorecer una noche reparadora.

Por último, el de qué manera duerma la persona con Alzheimer, precisamente, también va afectar a la calidad del sueño del cuidador. Sabemos que nuestra enfermedad con frecuencia comporta modificaciones del sueño y no debemos evitar soliciar asistencia técnica si observamos que la situación se escapa de nuestro control. Favorecer la calidad del sueño, tanto del cuidador como de la persona con Alzheimer son causantes clave para la calidad de vida de ambos en general y para sobrellevar mejor la situación de confinamiento particularmente. 

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