¿Cuáles son las similitudes y las diferencias entre ellas?

Aunque el Alzheimer y el Parkinson son patologías distintas, las dos son neurodegenerativas. Esto significa que las alteraciones que se generan en los cerebros de las personas perjudicadas acarrean un deterioro y pérdida progresiva de neuronas y una coherente disminución de la autonomía en la vida diaria.

Debido a su carácter neurodegenerativo, las dos patologías conducen a una pérdida progresiva de autonomía y, por tanto, de dependencia de terceras personas. En ambos casos, pues, la figura del cuidador es clave, y es preciso atender también a sus pretensiones para disminuir los efectos de su labor día tras día, como el síndrome del cuidador. Además de esto, aunque no sea muy recurrente, tampoco es inusual que las dos anomalías de la salud puedan presentarse en conjunto, particularmente, en personas mayores.

A nivel neuropatológico y clínico, sin embargo, las diferencias entre las dos son muchas. Vamos a conocerlas a continuación.

Inicio de la enfermedad y causa

La patología de Parkinson frecuenta tener un inicio mucho más precoz que la de Alzheimer, apareciendo, en la mayor parte de casos entre los 50 y los 65 años, logrando mostrarse antes y, en pocos casos, incluso antes de los 40. El Parkinson es menos recurrente que el Alzheimer, pero, aún de esta manera, hablamos de una enfermedad neurodegenerativa fundamental.

No se conoce la causa de ninguna de ámbas anomalías de la salud y se cree que su aparición se debe a la conjunción de distintos componentes. En uno y otro caso se estima que hay factores de riesgo diversos, algunos no modificables y otros modificables, como explicamos en este artículo sobre cómo achicar los factores de peligro de sufrir Alzheimer.

Alteraciones neuropatológicas y primeros síntomas

Las alteraciones neuropatológicas son aquellas que se producen en el cerebro, y en ambas patologías son diferentes.

En la enfermedad de Alzheimer, primordialmente se produce una acumulación de las proteínas beta-amiloide y tau en el cerebro, impidiendo la comunicación entre neuronas y finalmente causando su muerte. En el Parkinson, la perturbación neuropatológica más destacada es el depósito neuronal de la proteína alfa-sinucleina (α- sinucleina) en los llamados ‘cuerpos de Lewy’.

Además de tratarse de acumulaciones anormales de proteínas distintas, asimismo no son iguales las regiones especialmente afectadas. En la patología de Alzheimer, la progresión de las alteraciones en el cerebro es, fundamentalmente, cortical, o sea, en las capas mucho más ajenas del cerebro, al tiempo que en el Parkinson se dan en zonas más profundas, especialmente, una llamada “substancia nigra”. Aquí se produce una destrucción progresiva de un tipo de neuronas (dopaminérgicas), encargadas de producir un neurotransmisor llamado dopamina.

En el Alzheimer, el primordial neurotransmisor afectado es la acetilcolina, ya que se afectan de manera precoz las neuronas encargadas de su producción. En el momento en que las modificaciones neurobiológicas son ya importantes en una estructura llamada hipocampo, se muestran los primeros síntomas cognitivos del Alzheimer, los conocidos inconvenientes de memoria reciente.

En el caso del Parkinson, los primeros síntomas son de tipo motor, como temblor, lentitud de movimientos o inconvenientes al caminar. Se va perdiendo la aptitud de supervisar los movimientos automáticos o involuntarios.

La demencia en el Alzheimer y el Parkinson

La demencia es una consecuencia ineludible en la patología de Alzheimer, pero no en la de Parkinson. Aunque en esta última puede aparecer, no siempre lo realiza. Sí es frecuente que quienes sufren Parkinson muestren algunas adversidades cognitivas, como un procesamiento mucho más retardado de la información o dificultades para recobrar cosas de la memoria.

Además, si la patología de Parkinson desemboca en demencia, sus características son diferentes de la demencia producida por el Alzheimer: los inconvenientes de memoria se caracterizan más por un problema de restauración por uno mismo de la información pero, con ayudas o diferentes alternativas de respuesta, su rendimiento puede ser bueno. Asimismo es más frecuente la aparición de síntomas neuropsiquiátricos, como la depresión, alucinaciones o delirios.

Pérdida de autonomía y dependencia

Tanto con el Alzheimer como con el Parkinson se genera una pérdida progresiva de autonomía y, por consiguiente, aparece la dependencia de terceras personas. Las necesidades de asistencia, sin embargo, no son iguales: las personas con Alzheimer precisan ayuda por los inconvenientes cognitivos que presentan (memoria, razonamiento, lenguaje…), al tiempo que quienes padecen Parkinson la requieren, esencialmente, por inconvenientes relacionados con la movilidad (caminar, vestirse o bañarse). En el caso del Alzheimer no es necesaria la ayuda para funciones relacionadas con aspectos como el vestirse y el aseo hasta fases destacadas y se muestran primero, debido a los inconvenientes cognitivos, pretensiones de supervisión, y de progresiva ayuda directa, para hacer las tareas.

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