Cuáles son los síntomas en la última etapa del Alzheimer

Cuando el Alzheimer avanza y se acerca a su última etapa, el deterioro cognitivo y servible es ya muy acusado. La persona ahora precisa ayuda incluso para las ocupaciones mucho más básicas, hasta llegar a ir perdiendo la aptitud para charlar y estar comunicado. Por otra parte, el cuidador primordial, así como otras personas del entorno próximo acostumbran a anticipar el duelo que piensa el final del desarrollo, el de la pérdida física del ser querido, a quien ahora ha ido perdiendo de forma simbólica en el progresivo avance de la patología.

Cómo se afectan las habilidades y las ocupaciones de la vida día tras día en la fase final de la patología 

Existen 2 sistemas de clasificación de la evolución del Alzheimer. El primero de ellos divide el desarrollo de demencia en tres fases: leve, moderada y grave. El segundo se fundamenta en la escala GDS (Escala de Deterioro Global, del inglés Global Deterioration Scale) y distingue entre siete etapas. La fase GDS 7 es, ya que, la terminal y conlleva un deterioro cognitivo y servible muy grave.

La duración de esta etapa, como todo el proceso de la enfermedad, es muy variable, pudiendo oscilar de meses a varios años. En la última etapa del Alzheimer la persona afectada requerirá la ayuda de terceras personas para hacer actividades poco a poco más básicas, como comer, caminar y también, incluso, en el final, mantenerse erguido, requiriendo cuidados las 24 horas del día. También presentará una total pérdida  del control de esfínteres, tanto urinarios como fecales. La capacidad de comunicación se va a ver gravemente afectada, ya que, de a poco, se marcha perdiendo la inteligibilidad del habla y se marcha cayendo en un silencio progresivo. 

En esta etapa de la enfermedad los sacrificios del cuidador deberían orientarse a procurar el máximo confort y calidad de vida probables. Dada la grave perturbación de la comunicación, se va a deber recurrir a maneras de comunicación no verbal, que favorecerán la oportunidad de conexión con la persona enferma.  De esta manera, va a ser fundamental potenciar el contacto físico (tomar la mano o el brazo, acariciar la cara, dar besos…) y la comunicación paraverbal, que incluye el tono de voz, la entonación, el volumen o el ritmo del charla. Hay que tomar en consideración que, aunque parezca que la otra persona no puede ahora comprender, le puede resultar reconfortante escuchar una voz familiar en un tono caluroso y cordial. Además,  mirarle a los ojos, sonreír, cantarle o ponerle música en el hogar también pueden beneficiar el sosiego y el confort. 

Pese a las dificultades, debe prestarse siempre y en todo momento atención a lo que la persona está intentando comunicar, puesto que los hábitos de un individuo en la última etapa del Alzheimer, más que nunca, pueden reflejar necesidades específicas, como sueño, cansancio o apetito. 

Durante esta etapa es especialmente aconsejable solicitar asistencia para hacer cuidados como los de la higiene personal, que suelen necesitar un notable esfuerzo físico rutinario. Las atenciones que la persona perjudicada necesita pueden sobrepasar las posibilidades del cuidador en el hogar. Dadas estas situaciones, y para reducir la sobrecarga del cuidador, es aconsejable buscar asistencia domiciliaria o valorar la posibilidad de ingreso en una residencia o centro sociosanitario 

Anticipación al duelo por el ser querido

La patología de Alzheimer supone un proceso en el que el cuidador y la familia de quien la sufre se enfrentan a permanentes pérdidas respecto a la persona que fue. Conforme la enfermedad avanza, la relación que teníamos con esa persona se marcha desvaneciendo, al unísono que aparecen nuevas dificultades que requieren de un continuo esfuerzo de adaptación por la parte del cuidador y otra gente de su entorno próximo. Esta pérdida de la fluidez en las relaciones con el ambiente viene dada por la reducción de las habilidades cognitivas, los cambios en la personalidad y la pérdida de la autonomía. Vivir en primera persona este “duelo en vida” ayuda a la concienciación anticipada de la pérdida final que, no por ello, va a ser menos dolorosa. 

El desarrollo de desafío por un ser querido con Alzheimer ya comienza con el diagnóstico e implica recorrer distintas fases (no siempre todas y cada una ellas o en exactamente el mismo orden), varias ocasiones durante la evolución de la patología, siendo exacto realizar frente a emociones y sentimientos que, de manera frecuente, pueden ser equívocos. 

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