¿Cuánto tiempo tenemos la posibilidad de estar sin comer?

Los seres vivos cumplen con tres funciones vitales: nutrición, relación y reproducción. Los humanos, como tal, nos nutrimos, nos relacionamos y nos reproducimos. Y es exactamente en esta función de nutrición que radica, en parte importante, nuestra supervivencia. Sin comida, no podemos subsistir.

De hecho, pese a que nosotros hayamos desarrollado un ambiente artificial donde jamás observamos nuestra vida peligrar por falta de alimento, en la naturaleza todo se apoya en una pelea por comer y evitar ser comido. Por medio de la nutrición, obtenemos no solamente la energía necesaria para mantener constantes nuestras funcionalidades fisiológicas, sino más bien la materia que se requiere para regenerar nuestro cuerpo.

Y el organismo, en el momento en que necesita que le demos materia y energía, nos alerta de ello con las desagradables sensaciones físicas y sicológicas del hambre. Pero, ¿qué pasaría si suprimimos por completo la comida? ¿Cuánto tiempo podemos aguantar sin comer? ¿Cuál es el tiempo máximo que tenemos la posibilidad de subsistir sin nutrirnos?

Prepárate, pues en el artículo de hoy emprenderemos un viaje hasta los límites del cuerpo humano para conocer no solo por qué razón el cuerpo “se apaga” en el momento en que le privamos de comida, sino más bien cuánto tiempo tenemos la posibilidad de soportar sin comer antes de morir. ¿Listo? Vamos allí.

¿Cuánto requerimos comer al día?

La nutrición es el proceso metabólico a través del cual la energía y la materia se convierten a través de reacciones celulares que consiguen sostener al organismo vivo con unas funcionalidades fisiológicas estables. Es la función escencial que realizan todos y cada uno de los seres vivos para tener la materia que se requiere para constituir tejidos y de la energía precisa como combustible para nuestras funciones biológicas.

Los humanos efectuamos una nutrición heterótrofa, es decir, utilizamos nuestra materia orgánica como fuente de materia y energía, dando como producto de desecho substancias inorgánicas. En concreto, somos organismos holozoicos, que son esos heterótrofos que consiguen la materia orgánica de el consumo de otros seres vivos.

Ingerimos alimentos sólidos o líquidos que proceden de las partes anatómicas de otros seres vivos (animales, vegetales, hongos…) que van a ser degradadas por nuestro sistema digestivo para de esta manera desarticular las moléculas complejas en otras de sobra simples, obteniendo de esta forma los diferentes nutrientes: hidratos de carbono, grasas, proteínas, vitaminas y sales minerales.

Estos nutrientes, después de ser absorbidos y asimilados, pasan diferentes procesos de degradación metabólica en los que distintas enzimas transforman los nutrientes en moléculas que tienen la posibilidad de ingresar en las células y de esta forma ser sometidas a los procesos celulares que convierten las moléculas que proceden de los alimentos en ATP.

El ATP (adenosín trifosfato) es una molécula cuyos links, al romperse, dejan libre energía. En este sentido, las células del cuerpo utilizan este ATP obtenido del procesamiento metabólico de los nutrientes como “moneda energética”. Cuando deben efectuar una función biológica, rompen la molécula y la energía liberada se emplea como comburente.

Y las famosas calorías son una medida de la energía producida por nuestras células tras degradar los alimentos y conseguir ATP. O sea, comemos para, además de tener una fuente de carbono y de materia para regenerar el cuerpo, conseguir estas moléculas de ATP y, por lo tanto, esta energía con apariencia de calorías que se utilizará para sostener estable el organismo.

Y por el momento no es que cada nutriente ofrezca una energía específica, sino cada alimento, dependiendo de su proporción de nutrientes, el contenido de agua y el proceso de elaboración, aporta unas calorías ciertas. Por eso sea tan difícil saber cuánto tenemos que comer cada día.

Sea como sea y sin tener en consideración tampoco que la ingesta calórica diaria es dependiente del gasto calórico que hagamos (no es exactamente lo mismo un individuo sedentaria que un atleta), la OMS (Organización Mundial de la Salud) estipula que las mujeres precisan entre 1.600 y 2.000 calorías al día para cubrir sus requerimientos; al paso que los hombres necesitan entre 2.000 y 2.500. Todo lo mencionado son aproximaciones, pero lo verdaderamente importante era entender por qué requerimos comer. Y la contestación es clara: nos da la materia para nuestro cuerpo y la energía con apariencia de ATP que necesitamos para mantenernos vivos.

¿Qué pasa cuando privas al cuerpo de comida?

Ahora que hemos entendido exactamente en qué se fundamenta la nutrición humana, debemos ver qué sucede en nuestro organismo en el momento en que dejamos de comer. Vamos a poner el cuerpo humano al máximo. Observemos qué reacciones tienen rincón en el cuerpo en el momento en que lo privamos completamente de comida.

Los hidratos de carbono son la principal forma de comburente de nuestro organismos. De todos los macronutrientes, son los que tienen una mayor efectividad energética. En consecuencia, tras solo 6 horas después de dejar de comer, el cuerpo proseguirá empleando estos hidratos de carbono, transformando estos nutrientes en glucógeno, un polisacárido de reserva de energía.

El glucógeno es el principal almacén de energía. Conque a lo largo de las primeras horas de privación de alimento, no va a haber ningún cambio a nivel sistémico. No obstante, conforme las reservas de glucógeno se vayan terminando, el cuerpo, que querrá mucho más hidratos, nos alertará con el hambre.

¿Qué pasa si seguimos sin comer? Ya que que el cuerpo, pese a alertarnos de que se están finalizando las reservas de glucógeno, seguirá apurando hasta el final. No obstante, en el instante en el que no quede almacén de hidratos de carbono de ingreso simple, cosa que, a pesar de que depende de cuánto hubiéramos comido la última vez y de nuestro metabolismo, frecuenta ocurrir en torno a las 72 horas (3 días) tras la última ingesta, el organismo recurrirá a las grasas.

Por este motivo, tras unos tres días sin comer, comienza la autofagia. El cuerpo está “comiéndose” a sí mismo. Al principio, se alimentará de los tejidos grasos, los cuales tienen una eficacia energética bajísima, aunque la situación de emergencia lo necesita. Estamos obligando al cuerpo a que consuma los almacenes de grasa. Y aquí es en el momento en que empieza a mostrarse la pérdida sustancial de peso.

Esta situación se conoce como cetosis, pues la degradación de emergencia de las grasas culmina con la generación de los cuerpos cetónicos o cetonas. Estas moléculas servirán como comburente energético (no nos queda glucógeno), pero no olvidemos que el cuerpo se come a sí mismo y utilizando una ruta metabólica que solo emplea en el caso de absoluta necesidad.

Cuando entramos en estado de cetosis, suceden diferentes cosas en nuestro cuerpo:

  • Cetoacidosis: Las cetonas son ácidas y alteran el pH de la sangre, cosa que afecta al transporte de oxígeno y, de alargarse la situación, puede poner en riesgo la vida. Es una situación grave y, a mucho más tiempo sin comer, mayor humillación de grasas, mayor cantidad de cuerpos cetónicos, mayor acidez sanguínea y menos transporte de oxígeno.
  • Malestar general: La propia falta de energía, el cuerpo pidiendo comida y las modificaciones físicas y neurológicas ocasionadas por las cetonas provocarán síntomas tales como dolor de cabeza, insomnio, alucinaciones, mal aliento (por los cuerpos cetónicos), fatiga y debilidad extremas, problemas para concentrarse, cambios de humor, disminución de las habilidades cognitivas, erupciones cutáneas…
  • Pérdida de masa muscular: El cuerpo está, literalmente, comiéndose a sí mismo. Cuando se inicia la cetosis, se aprecia una progresiva pérdida esencial de peso, con una clara falta de fuerza, debilidad extrema, problemas para caminar…

Pero, ¿qué ocurre en el momento en que las reservas de grasa se agotan? Bueno, que comienza la cuenta atrás. El cuerpo, todavía mucho más atormentado, procurará obtener la energía de la degradación de las proteínas (el cuerpo se va a comer sus músculos), una reacción metabólica todavía menos eficiente. En ese instante, la falta de energía será enorme, se detectará un mal aliento muy pronunciado característico de esta humillación de las reservas proteicas del cuerpo, pérdida de consistencia ósea, inmunosupresión grave, debilitación de órganos vitales por la falta de energía y la pérdida de músculo… De no revertir la situación, la muerte está próxima.

Entonces, ¿cuánto podemos sobrevivir sin comida?

Quizás te haya asombrado que no hayamos dado fechas visibles a cuándo sucede todas las reacciones por ayuno que comentamos. Pero es que no podemos. Y sucede que todo depende del nivel de hidratación de la persona, de su estado de salud, de su tasa metabólica (sabemos que la tiroides juega un papel fundamental en el progreso de las fases) y, sobre todo, de las reservas de grasa que tenga la persona en el momento que empieza la cetosis.

De hecho, se estima que un adulto de unos 70 kg, podría vivir sin comer entre 1 y 3 meses. Como observamos, el rango es muy amplio. Aun así, la mayor parte de personas que se han sometido a huelgas de apetito voluntarias y no han cesado fallecieron tras 45-60 días sin comer nada. Por ello, lo más realista o sea que tenemos la posibilidad de sobrevivir precisamente un mes y medio sin comida.

En este sentido, un individuo sano que recibe la suficiente hidratación (muy importante) puede soportar sin bastantes inconvenientes ni consecuencias durante unos 30 días. Alén de esto, el riesgo ya no solo de inconvenientes en un largo plazo, sino de muerte, incrementa mucho.

Sea como sea, lo que está claro es que el tiempo de supervivencia en ayuno total depende de varios causantes diferentes (nivel de grasa en el cuerpo, tasa metabólica, edad, hidratación, estado físico previo…), si bien se cree que es prácticamente imposible sobrevivir más de 70 días sin comer nada. El cuerpo humano generalmente aguanta entre 40 y 60 días sin comida.

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