De qué forma hacer que tu pareja te comprenda, en tres pasos

No hay remedio: no ser comprendido es horrible. Nos hace
sentir frustrados, tristes y agobiados, e incluso puede ser peor en
tiempos de conflicto.

El conflicto jamás ha sido algo fácil. Supone mal, implica malentendidos y al mismo tiempo, tenemos la posibilidad de notar como hay partes de nosotros que gritan por sentirse valoradas y comprendidas. El problema que contamos la mayor parte de nosotros, es que hemos aprendido a comunicarnos de una forma que no nos asiste a que nuestra pareja nos entienda verdaderamente o sepa lo que requerimos. Al revés, frecuenta ocasionar que nos distanciemos más o que nos alejemos del mutuo entendimiento. Es habitual encontrar desprecio y reproches en una relación cuyos integrantes se sienten desconectados e incomprendidos.

El enfrentamiento es desarrollado, en último término, por la carencia de
sintonización o adaptación. Esto es exactamente por el hecho de que el sentirnos
comprendidos y ordenados con el resto es una de nuestras más profundas
necesidades. Este deseo de “ser visto” empieza cuando somos pequeñísimos. Los
pequeños, por ejemplo: en el momento en que juegan al pilla-pilla les gusta mucho ser encontrados.

Como adultos, deseamos ser vistos en nuestra crudeza, aceptar
-valerosamente- la entrada de otro a nuestro planeta sensible interno. Por este
motivo se vincula la puerta de inseguridad con el vivir incondicionalmente (por el hecho de que la
vulnerabilidad nos permite ser populares enserio por otra persona). La
puerta de inseguridad, pues, es como el pegamento que mantiene la relación junta.

No obstante, ser vulnerable no es para nada simple. Es bastante
más fácil culpar o agredir a nuestra pareja por los inconvenientes de la relación que
expresar lo que nos encontramos sintiendo.

Por ejemplo, afirmemos que tu pareja sale de la habitación cuando comenzáis una discusión. Instintivamente le responderás algo como “Eres un cobarde por salir de la habitación en el momento en que nos encontramos discutiendo!”. Pero si tomas el camino bien difícil que necesita mucho más voluntad, el camino vulnerable, afirmarás algo así “Me siento insegura y también incapaz cuando te vas de la habitación en la mitad de una pelea. Siento que no soy suficientemente buena para ti para que luches. ¿Existe alguna forma de emprender este conflicto a fin de que tengamos la posibilidad gestionarlo juntos?

De esta manera podemos ver lo fácil que es ocultarse relacionado con lo valeroso que es el hecho de ser vulnerable y aceptar ser visto.

En el momento en que hablamos de una forma amable y abierta, eso permite
que nuestro compañero se sintonice con nuestro interior, le ayudamos a entender
pues estamos de cierta manera.

comprensión en pareja

Como resultado nos sentimos mucho más conectados
emotivamente, cosa que ayuda a crear la confianza, a aumentar la
privacidad y a progresar el sexo. No es necesario nombrar que en el momento en que tu pareja
entiende tu visión, está más dispuesta a agradar tus necesidades de la
misma forma que las suyas propias.

Así pues, ¿de qué forma logramos que nuestra pareja sintonice con
nosotros durante un conflicto?

La primera habilidad que precisa el que tiene la palabra es CONCIENCIA. 

Charla responsablemente.

Entendemos por charlar conscientemente que la persona que
charla debe escoger las palabras atentamente y eludir acorralar a el que está
escuchando o hacer que se sienta atacado. Esto ayuda al compañero que escucha a
estar mucho más abierto a la entendimiento porque no está en posición defensiva.

Hay tres formas de conseguir esto:

  • Empieza las oraciones por “yo”

De esta manera reflejamos nuestros sentimientos,
percepciones y experiencias. Usar la palabra “tú” en el transcurso de un conflicto
suele tener el efecto contrario: semeja que apuntes con el dedo a tu compañero
y a sus sentimientos, accionar o personalidad. Además, como afirma el
dicho, siempre que apuntas con el dedo a alguien, aparecen tres dedos más que
señalan hacia ti.

Aprovechando que tienes la completa atención de tu pareja
mientras que haces tu aportación a la discusión, puede ser muy tentador el sacar de
una vez toda la “basura” de la relación. Sin embargo, cuantos mucho más inconvenientes
pretendas plantear en el momento, menos posibilidades tendréis de solucionar
alguno. En cambio, procura focalizarte en uno solo y descríbelo como un
periodista:

“Me agradaría que pusieras el lavavajillas sin que te lo
tuviese que soliciar”

“Me siento ignorado/a cuando llegas tarde a casa sin haberme avisado antes”

  • Resguarda el “gatillo” de tu pareja

Nos agrade o no, estamos indudablemente damnificados por los hechos del pasado que tuvieron un fuerte encontronazo en nuestra pareja (del mismo modo que los nuestros le afectan a él/ella). Estos recuerdos tienen la posibilidad de desencadenar un conflicto si no tenemos cuidado. Lo que nuestro compañero lleva encima, lo que fué juntando dentro suyo con el paso de los años (“el equipaje”) puede ser una fuente de irritación. Es muy poco verdadera aguardar que abandone dicho equipaje doloroso y que cambie con facilidad.
Al revés: puedes prevenir el agravamiento del conflicto si trabajas con estos “gatillos” o detonantes de tu pareja con compasión y prudencia.

La privacidad que tienes con tu compañero, a la que os habéis tolerado llegar, te ofrece el poder de amarlo sobre sus puntos enclenques o el de herirlo gravemente haciendo uso de este conocimiento. El segundo rompe las relaciones, al tiempo que el primero las crea.

La manera de tratar a tu compañero y de hablar sobre los problemas que surgen en una relación establece la efectividad de las soluciones que se ponen en práctica. Si deseas cambiar el comportamiento que tu compañero tiene hacia ti, comienza por cambiar el que tú tienes hacia él.

Y si deseas prosperar todavía más, y crecer en tu relación, ves a terapia de pareja

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