¿De qué forma puede afectar el Alzheimer a las relaciones íntimas y a la sexualidad?

La privacidad y las relaciones íntimas son necesidades emocionales y fisiológicas humanas básicas que la enfermedad de Alzheimer no posee por qué realizar ocultar. No obstante, la evolución de la patología acostumbra producir cambios en los deseos, sentimientos y conductas de ambos miembros de la pareja o, cuando menos, en la manera de expresarlos.

El impacto del Alzheimer en la expresión de la privacidad y del deseo sexual

En las primeras fases de la patología tras el diagnóstico, la persona que sufre Alzheimer puede mostrarse desconcertada y/o deprimida, al unísono que experimentar frustración por no ser con la capacidad de manejarse de manera totalmente autónoma en su día a día. De forma fácil, tal vez estas emociones deriven un estrés que puede llevarla a un retraimiento y a adversidades en la expresión de sus pretensiones de aprecio íntimo. Por otro lado, el impacto emocional del diagnóstico en la pareja de la persona con Alzheimer, también acostumbra acarrear cambios en las muestras de intimidad y de deseo sexual. Además, ciertos medicamentos administrados para tratar los síntomas de la patología tienen la posibilidad de modificar el deseo y/o la contestación sexual (por ejemplo, falta de erección en los hombres). 

En otros momentos del progreso de la enfermedad, las alteraciones cerebrales asimismo se tienen la posibilidad de reflejar en el accionar sexual de quien la sufre. De esta forma, tanto puede mostrarse una gran apatía, acompañada de ausencia de cualquier rastro de deseo sexual, como una conducta irrefrenada o impulsiva, pudiendo llevar a la persona a enseñar ciertas reacciones poco apropiadas en la esfera sexual, como puede ser masturbarse públicamente, o accionar de manera precipitada o impetuosa al enseñar su deseo sexual, pudiendo reflejar una manera de acoso a la pareja o a otra gente. Si estos comportamientos representan un inconveniente, sea de bienestar o de convivencia, para la persona con Alzheimer o para la gente de su entorno, es recomendable preguntar con el experto para valorar opciones de abordaje de la situación. 

La privacidad en la vida de pareja se puede re-inventar

Todas y cada una de las relaciones de pareja experimentan cambios en todo el tiempo y la irrupción de la patología en uno de sus miembros no posee por qué implicar el desenlace de la vida sexual entre ellos. En todos y cada caso, según muchos factores y variables, se vivirán estos cambios de forma diferente por lo que, ante la aparición de dificultades, es esencial recordar que cada pareja es única y no existe un modelo estándar para enfrentar semejantes cambios. Es importante tener la cabeza abierta en lo que a privacidad y sexo se refiere, tener claro qué papel juegan en nuestra vida de pareja, entender que la aparición de la enfermedad también comporta cambios en estas esferas y centrarse en esos aspectos que nos resulten mucho más confortables y placenteros. De esta manera, algunas parejas descubren que aún pueden sentirse cerca a través del sexo cuando otras vías de conexión se han deteriorado. En cambio, otras hallan suficientes diferentes alternativas para disfrutar de su privacidad, fundamentadas en distintas muestras de aprecio. 

Cuando la pareja se convierte en cuidador

Tras un diagnóstico de Alzheimer, la pareja de la persona perjudicada puede reaccionar poniendo distancia, así sea física o sensible. La que había sido una relación de amor entre iguales se aboca a transformarse en una relación unidireccional fundamentada en proveer de atención y cuidados a un individuo con la que cada vez resultará mucho más difícil comunicarse. Por otro lado, conforme el Alzheimer avanza, el compañero de vida se convierte en alguien distinto al que fue, a veces con reacciones propias de un desconocido. 

Cuando la persona perjudicada es la propia pareja, al esfuerzo que de forma frecuente piensa asumir el papel de cuidador se agregan las adversidades relacionadas con los cambios en la intimidad y la vida sexual. Frustrado y abrumado ante la aparición de los síntomas y el ahínco incesante de adaptación a las novedosas situaciones, la pareja sentimental puede sentir de qué manera disminuye su deseo y perder el interés por sostener relaciones íntimas. Uno puede sentirse incómodo y meditar que no es preciso mantener este género de relaciones con una persona con Alzheimer, o confundido si la persona no se comporta en la privacidad como lo hacía antes y le parece que está con alguien extraño. Es esencial atender las muestras de agrado o desagrado de la persona afectada ante nuestros movimientos y actuaciones, no forzando nunca la situación y respetando su posible rechazo, aun a cosas que antes le resultaban placenteras. Pero no menos esencial es que el cuidador también atienda a su propio bienestar sensible y sus pretensiones cariñosas. Buscar formas alternativas a la pura relación sexual puede ser una manera de encontrar un nuevo equilibrio en la vivencia de la afectividad con la pareja, pese al Alzheimer. De igual forma, es importante procurar no sentirse culpable por sentir una disminución del deseo sexual o la atracción hacia la pareja cuando sufre Alzheimer, evitando interpretarlo como un rechazo a su persona, tal como eludir culpabilizarla de sus cambios de actitud en la esfera sexual, sea por apatía o por formas de proceder desinhibidas u otros hábitos poco apropiados o muy diferentes a cómo acostumbraba a acercarse a nosotros. Es conveniente procurar investigar todo ello bajo la luz de los cambios que están sucediendo y examinar formas de intimidad y de expresión de aprecio elecciones.

Deja un comentario