De qué manera accionar frente a las modificaciones de la conducta de una persona con Alzheimer y tratar de prevenirlas

Los síntomas de la patología de Alzheimer se agrupan, fundamentalmente, en 2 tipos: cognitivos y conductuales. A consecuencia de ambos, el comportamiento de la persona perjudicada va cambiando. Por esta razón, algunos cambios en la conducta como la irritabilidad, la incomodidad o la agitación, por ejemplo, pueden estar ocasionados, en parte, por las alteraciones producidas en el cerebro. Sin embargo, los cambios o variantes en el ambiente de la persona afectada o el estrés generado por la contrariedad para comprender el contexto en que está o a quienes la cubren, también son factores que de manera frecuente contribuyen en su conducta o comportamiento. Ahora garantizamos consejos y pautas para administrar y prevenir las modificaciones de la conducta de un individuo con Alzheimer.

¿Cómo gestionar las alteraciones de la conducta?

Hay algunas consideraciones generales que deben tenerse presentes en el momento de administrar ciertas modificaciones de la conducta, que también pueden ser útiles para prevenir su aparición en el futuro:

  • Ordenar o integrar la conducta en la actividad día tras día.
  • Rememorar que toda conducta tiene una intención.
  • Supervisar la medicación y consultar con el experto.
  • Preservar y facilitar.
  • Amoldar el entorno físico.
  • Ofrecer seguridad.
  • Impulsar la comunicación.

Acomodar o integrar la conducta en la actividad diaria

Nuestro ser querido ahora sufre una patología cerebral. Si intentamos cambiar o cambiar su conducta, seguramente no tendremos éxito. Por ello, es conveniente procurar ordenar la conducta, y no intentar controlarla. Por servirnos de un ejemplo, si la persona insiste en llevar una chaqueta puesta, si bien sea verano y haga calor, procuremos una singularmente fina, procurando que la prenda de debajo sea bien fría, en lugar de insistirle constantemente en que no debe llevar chaqueta o tratar de quitársela. Hay que rememorar que nosotros sí tenemos la posibilidad de realizar el ahínco de ponernos en su lugar.

Rememorar que toda conducta tiene una intención

Con frecuencia, la persona con demencia no puede expresar lo que desea o lo que necesita. Es necesario procurar inferir qué pretensiones trata de comunicar a través de su conducta y, cuando resulte posible, ofrecer opciones para satisfacerlas. Es importante entender que muchas conductas vienen incitadas o provocadas por alguna cosa. Podría ser lo que alguien logró o ha dicho, o algún cambio en el ambiente, si bien éste pueda parecer insignificante. Hay que tratar de advertir qué acciones, expresiones o situaciones provocan las alteraciones de la conducta. Llevar un registro de tales episodios puede resultar útil para encontrar desencadenantes.

Supervisar la medicación y preguntar con el experto

La aparición de alteraciones de conducta tiene la posibilidad de tener una causa médica, como que la persona sienta dolor o que padezca resultados consecutivos de algún fármaco y, por consiguiente, tiene la posibilidad de tener régimen. Hay que asegurarse de que la persona toma la medicación que le fué indicada de forma correcta y, si se generan reacciones o resultados consecutivos, hay que preguntar con el médico de referencia. Es aconsejable llevar una lista actualizada de la medicación que toma siempre que sea visitado por algún médico, de cualquier especialidad.

Preservar y facilitar

Es esencial dedicar sacrificios en facilitarle la máxima autonomía en el avance de ocupaciones del día a día, especialmente aquellas que tienen la posibilidad de perjudicar a su sentimiento de dignidad (como comer, asearse o hacer uso del baño). Intentar que adquiera nuevas capacidades o recupere las que ya se han perdido solo generará sensación de frustración en las dos partes. 

Para fomentar la autonomía es necesario facilitar. Es recomendable continuar rutinas fáciles y evitar situaciones en las que se requiera la toma de decisiones esenciales por parte de la persona perjudicada. 

Amoldar el ambiente físico

Con el propósito de minimizar la confusión, la ansiedad o potenciales peligros, es conveniente realizar ciertas variantes del entorno para adaptarlo al progresivo declinar de sus capacidades (poner seguros en las puertas si tiende a deambular, poner carteles indicadores de los espacios mucho más importantes para hacer más simple su orientación, cuidar la iluminación, etc.). 

Ofrecer seguridad

  • Hacerle sentir a la persona segura y querida cada día, aun aunque no siempre responda como desearíamos.
  • Usar un tono de voz tranquilo y afectuoso.
  • Verse comprensivo y no defensivo.
  • Ayudar a la persona a sentirse orientada, especificando de manera expresa los diferentes instantes del día conforme van sucediendo, recordándole la fecha, la estación del año, el lugar donde se encuentra, lo que hacemos y el nombre y función de las personas que están con ella.

Impulsar la comunicación

Hay que procurar amoldarse a su capacidad de comunicación y tratar de comprender sus palabras y gestos. En el momento en que la persona exhibe adversidades para comprender lo que se le solicita, de manera frecuente tiene suficiente con que se le repita la oración de forma simple, puesto que una causa recurrente son los problemas de atención y de memoria. Si, aún de esta manera, no semeja entenderlo, es necesario procurar darle exactamente la misma instrucción quizás acompañada de movimientos o imágenes. Y, lo que es fundamental, con mucha paciencia, entendimiento y enorme afecto.

Las respuestas que se obtengan a las tácticas para conducir las alteraciones de conducta pueden ser diversas, según los componentes que estén influyendo y la progresión natural de la patología. Además, lo que marcha el día de hoy podría no marchar mañana, con lo que es esencial irse adaptando a los cambios que se generen y ser creativo y flexible en el momento de actuar. 

Se debe tener también en cuenta que, a pesar de todas las medidas que tomemos, es importante entender reconocer cuándo las necesidades de atención y precaución de nuestro ser querido sobrepasan a nuestras opciones. Llegados a este punto, hay que considerar la posibilidad de pedir asistencia en la familia o buscar acompañamiento en recursos externos.

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