¿De qué manera conducir el comportamiento agresivo en una persona con Alzheimer?

Durante la evolución de la enfermedad puede ocurrir que la persona que padece Alzheimer tenga capítulos agresivos o de agitación. Es importante entender las probables causas que tienen la posibilidad de llevar a la persona enferma a este estado para tratar de prevenirlo o, en el caso de no conseguirlo, poner en práctica ciertas estrategias que logren ser útiles para reconducir la situación.

Agresividad y agitación son términos diferentes, aunque la agitación pueda derivar en formas de proceder más o menos agresivas. Por agitación se entiende un estado en el que la persona se muestra especialmente intranquiliza y preocupada o angustiada, con aparente contrariedad para estar quieta y apacible en un espacio. Es frecuente que la agitación genere un recurrente ir de aquí para allá, contrariedad para reposar o, incluso, alguna agresividad, ya sea verbal (con gritos, insultos…) o físico (golpear o tirar cosas, o tratar de lastimar a alguien). Estos hábitos tienen la posibilidad de manifestarse como consecuencia de una frustración, pero asimismo de repente, sin una razón aparente. 

El accionar belicoso de una persona con Alzheimer es indudablemente entre los mucho más bien difíciles de afrontar y, si bien parezca simple decirlo, puede ayudar tener presente en todo momento que no está actuando por propia intención. 

Es esencial tener presente que, muchas veces, los hábitos agresivos que logre enseñar una persona con Alzheimer están motivados por una contrariedad o incapacidad para expresar una necesidad no atendida, comunmente, por los inconvenientes inherentes que tiene para expresarla. Es clave entender que no es un ataque o una cuestión personal con quien le cuida, sino más bien una reacción fruto de la enfermedad. Procurar buscar la causa, tratar de reconducir la atención hacia otra actividad y promover el confort personal del cuidador son algunas de las estrategias fundamentales para emprender con la máxima eficiencia estas situaciones. 

¿Cuál puede ser la causa del accionar belicoso de una persona con Alzheimer?

Con el progresivo deterioro cognitivo, a la persona le resulta poco a poco más complejo comprender muchas situaciones y expresar su intención, sus deseos, emociones, y malestares. Pero, por supuesto, no deja de tener esa necesidad, como cualquiera de nosotros. El comportamiento agresivo en un individuo con Alzheimer puede ser una manera de expresión de una necesidad que, por la falta de aptitud de expresarla, no se está atendiendo y le genera malestar, irritación, mal… 

Esta necesidad no cubierta puede ser tanto de tipo físico (algún mal, problema de salud, cansancio, sensación de frío o calor…), popular (dificultad de comunicación con otros, manera de accionar hacia él o ella de las personas que le rodean, sentimiento de soledad, sentirse abrumado por exceso de gente…) o psicológico (experiencia de una emoción o experiencias que no sabe expresar: aburrimiento, tristeza, confusión…). 

De manera frecuente, por consiguiente, un individuo con Alzheimer puede estar intentando de hacer llegar a través de la conducta algo que no es con la capacidad de realizar a través de el lenguaje y la expresión convencional, puesto que su deterioro cognitivo se lo impide. De ahí que, tal vez la agresividad sea una manera de expresión de la frustración por una necesidad que no posee resuelta. 

A veces, la agitación o la agresividad no responden a una causa modificable y, quizás, cuando los intentos de detectar el motivo y intentar solventarlo no son útiles, puede ser preciso la indicación de una medicación para impedir estas ocasiones, algo que, como resulta lógico, va a deber valorar y decidir el experto médico de referencia. 

¿Cómo reaccionar frente a la posible agresividad?

En caso de encontrarnos ante una reacción o un comportamiento belicoso por la parte de un individuo con Alzheimer puede ser de herramienta continuar las próximas sugerencias: 

  • Procurar identificar la causa desencadenante, pensando exactamente en qué sucedió justo antes de la reacción agresiva y ver si puede haber alguna relación, bien para cambiar la situación o para evitarla más adelante.
  • Descartar que logre haber una causa física que genere malestar: mal, fiebre, calor, frío, etc.
  • No tomárselo como una cuestión personal hacia nosotros y no irritarse.
  • Potenciar la empatía, intentando de acercarse a la realidad de la persona enferma, usando un tono de voz lo más relajado que se pueda y intentando de contrarrestar su agitación y, si nos lo permite, ayudarse del contacto físico suave y afectuoso. 
  • Tratar de llevar su atención a otro contexto u otra actividad distinta a la del momento en que se ha desencadenado la reacción agresiva. 
  • Tener a mano objetos personales o fotografías que puedan hacer más simple la orientación en un momento de confusión, así como asegurar condiciones de iluminación correctas. 
  • Garantizar la seguridad, tanto nuestra como la de la persona con Alzheimer. Si la reacción implica agresividad física es esencial sostener cierta distancia con ella y usar un tono de voz sereno y tranquilizador, intentando dirigir su atención hacia algo que le logre ser agradable o placentero. Si la situación se dificulta o sigue y se tiene la sensación de no poder supervisarla, es recomendable llamar a Emergencias.

El bienestar del cuidador es clave para conducir estas reacciones

Las reacciones agresivas o los comportamientos agitados están entre las cuestiones que mucho más agobio y ansiedad suelen generar a la persona que primordialmente se ocupa del cuidado de alguien que padece Alzheimer. Para lograr aumentar las posibilidades de éxito en su manejo, es esencial que el cuidador atienda asimismo a su confort, dedicándose un tiempo a sí mismo y no olvidando tener sus espacios de ocio y placer. 

En los momentos que cubren a un episodio de agresividad puede resultar muy útil tener tácticas para supervisar la ansiedad, como la técnica de respiración profunda, algo que se puede estudiar de forma fácil, y aplicarlo en esas ocasiones. Para impulsar los recursos personales y sentirse apoyado puede resultar de gran utilidad asistir a conjuntos de apoyo o participar en un grupo terapéutico para cuidadores familiares de personas con Alzheimer. 

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