De qué manera entender mejor a una persona con Alzheimer: la empatía

A menudo, la gente con Alzheimer pueden accionar de manera que parezca que se hayan vuelto insensibles a lo que sucede a su alrededor. Tal vez actúen de manera incomprensible para sus queridos, diciendo o realizando cosas sin que parezca importarles de qué manera eso puede afectar a otra gente.La persona afectada puede no darse cuenta de que su cuidador está fatigado o que no se encuentra bien. Esta actitud acostumbra generar emociones negativas en los cuidadores que, a su vez, tienen la posibilidad de proyectarlas sobre la persona enferma, siendo causa de una mayor confusión y desadaptación. A menudo el cuidador se ve inútil de romper este círculo vicioso.

Debido al progresivo deterioro cognitivo, la persona perjudicada va perdiendo la aptitud para empatizar con quienes le rodean. Pero eso no quiere decir que aquellas personas por el momento no le importen. La empatía necesita de un desempeño adecuado de distintas funcionalidades cognitivas que, con el avance de la patología, se van deteriorando. No tenemos la posibilidad de esperar que la persona enferma se ajuste a nuestra realidad por el hecho de que es algo que cada vez le resulta mucho más difícil, hasta llegar al punto de no poder hacerlo. Solo creando nuestra relación con ella partiendo de la empatía romperemos el círculo vicioso del que hablábamos antes. Esto quiere decir comprender que las modificaciones cognitivas que sufre condicionan su percepción de la realidad, que no es exactamente la misma que la nuestra y que debemos ser nosotros quienes hagamos el ahínco de trasladarnos a su planeta.

¿Pero qué quiere decir moverse a su mundo?

Entre el radical de confrontarse con la persona enferma tratando  de realizarla razonar pues no nos comprende y moverse a su realidad, hay un gran abismo. Ponernos en su lugar y esforzarse en sentir lo que puede estar sintiendo nos puede ayudar a acercarnos más a sus pretensiones, a reconducir su conducta -y asimismo la nuestra- y favorecer de esta manera una relación más fluida y un mayor bienestar emocional en ambas partes. Está claro que, en el momento en que la observamos triste o nos parece que sufre, es mucho más simple ser empáticos con ella que cuando su actitud nos pide paciencia o nos llama la atención su falta de empatía y comprensión hacia nosotros. Pero, precisamente, trasladándonos a cómo percibe y siente actualmente la realidad, indudablemente haremos que la relación con ella sea mucho más simple.

Veamos algunos ejemplos:

  • No desea tomar la medicación por el hecho de que está seguro de que ahora se la ha tomado. Si respondemos desde “nuestra situación” vamos a entrar en una confrontación o en un esfuerzo cansador y también infructuoso por hacerle razonar. En cambio, si intentamos de admitir “su realidad” tenemos la posibilidad de optar por no discutírselo y decirle que el médico ha aconsejado que tome una pastilla mucho más.
  • Pasea de arriba y abajo por la vivienda, supuestamente, sin ningún sentido. Si lo examinamos desde “nuestra situación” nos vamos a poner nerviosos y tras haberle dicho varias ocasiones que se siente y ver que no lo realiza, nos acabaremos irritando y alzando la voz. La persona con Alzheimer puede sentirse desconcertada y, tal vez, reaccione agitada o con ansiedad a nuestra contestación. Sin embargo, si tratamos de trasladarnos a “su situación” y procuramos entender por qué razón camina por todos lados, indudablemente la situación tomará otro cariz. Tal vez esté buscando alguna cosa concreta y podamos asistirle o, de no ser capaces de descubrir el fundamento, podemos aprovechar el nivel de actividad y proponerle que nos asista con alguna labor, o salir a dar un paseo.

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