¿De qué manera favorecer la empatía con un individuo con Alzheimer en el momento en que la estamos cuidando?

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona, tratando de ver la realidad desde su visión y comprendiendo sus emociones y experiencias. O sea, ponerse en la piel del otro. La empatía está en la base de las relaciones entre la gente en tanto que, de alguna forma, todos aguardamos ser comprendidos y sentirnos integrados en nuestro ambiente.

A veces, para los cuidadores, resulta bien difícil comprender los síntomas y las conductas de su ser querido. Es frecuente sentirse  impotente, llegando aun a perder los nervios. Para actuar con empatía con una persona con Alzheimer no hay que olvidar jamás que estas situaciones son producto de la enfermedad, no de la intención de la persona que la padece.

Entender que no debemos intentar que la persona enferma adquiera “nuestra” visión de la verdad es un aspecto fundamental. Al intentarlo se le va a reclamar un esfuerzo fuera de su alcance que además de esto, le generará confusión, ansiedad o, por lo menos, incomodidad. Y debe ser al revés. Son los cuidadores quienes, por el bien de la armonía y la tranquilidad de los dos, deben llevar a cabo el esfuerzo de ver la realidad desde la perspectiva de la persona con Alzheimer.

Veamos algunos ejemplos de conductas comunes y de qué manera gestionarlas para promover la empatía con una persona con Alzheimer:

  • Repite repetidamente la misma pregunta: Pregunta con insistencia cosas como: “¿Has cerrado el gas?”, “¿has mirado si poseemos dinero en el banco?”, ¿cuándo es la visita con el médico?”…  La carencia de memoria le genera angustia y siente la necesidad de preguntar regularmente para sentirse destinado y seguro pero además de esto, no frecuenta rememorar haber efectuado ya esa pregunta, y lo regresa a llevar a cabo, incluso reiteradamente. Si esto sucede, es requisito contestar con paciencia, como si cada vez fuera la primera y, aunque su perspectiva no encaje en nuestra situación, hay que eludir la confrontación en beneficio de la tranquilidad, tanto de la persona con Alzheimer como de quien le atiende. Responder con frases como “¿Otra vez?”, “Ya te lo he dicho antes?”, o “¿Cómo es posible que no lo comprendas?” solo generará frustración y también irritabilidad en las dos partes.
  • Muestra gran actividad o agitación en el momento de acostarse. Ante esta situación el cuidador puede perder de forma fácil los papeles, debido al propio agotamiento de todo el día y a la necesidad de finalizar la día y reposar. Esta situación de agitación vespertina es recurrente en la gente con demencia, es lo que se denomina sundowning (el fenómeno de la puesta del sol) . Una vez más, en vez de discutir con la persona enferma, hemos de procurar entrar en “su mundo” intentando de aliviar o reconducir la situación que le crea inquietud y acompañándola hacia una situación de relajación que favorezca su tranquilidad.
  • Está muy apática. La inacción y la carencia de motivación se encuentra dentro de las situaciones que puede producir mucha impotencia, desesperación o frustración en los cuidadores. Frente a una situación que nos exaspera podemos cerrar los ojos durante 2 minutos y también imaginar que somos nosotros quienes nos sentimos como la persona con  Alzheimer, sin estar motivados para hacer nada por el hecho de que sufrimos confusión o desorientación, sin querer ver a nadie porque nos cuesta admitir a la gente o no comprendemos bien lo que dicen o sin querer participar en actividades pues nos superan y estamos frustrados. Al intentar ponernos en su lugar lograremos fomentar la empatía con una persona con Alzheimer. Hay que tomar en consideración  que la persona afectada no tiene la capacidad de pensar sobre su propia apatía, pero si se siente así, es esencial intentar comprenderla para reconfortarla y también intentar calmar su padecimiento. En estas situaciones, le podemos proponer alguna actividad que le pueda motivar y le resulte posible, desde pedirle asistencia para plegar ropa, ver juntos un programa de televisión o salir a ofrecer un paseo. La mayoría de veces, esta apatía es una falta de iniciativa por pérdida de aptitud de planificación u organización pero, con la suficiente guía y ayuda, la persona frecuenta “ponerse en marcha”.

Al fin y al cabo, la pérdida progresiva de capacidades cognitivas que experimenta la persona con Alzheimer acarrea un estado de confusión en el que las cosas por el momento no se entienden como antes. Si imaginamos que esta persona se siente, con frecuencia, como en un lugar desconocido, en el que la gente charla un idioma bien difícil de entender y con serias adversidades para retener las nuevas informaciones, va a ser mucho más simple entender muchas de sus reacciones y reacciones. En ese instante, estaremos favoreciendo la empatía con un individuo con Alzheimer y su realidad. 

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