¿De qué manera perjudica el envejecimiento a los diferentes géneros de atención?

La atención se puede determinar como la capacidad de aplicar de forma voluntaria el comprensión a un fin, esto es, de tener algo en cuenta o en consideración. Además, consta de múltiples elementos, lo que refleja su inseparable dificultad y provoca que tengamos la posibilidad hablar de distintos géneros de atención. De su buen funcionamiento dependen de manera directa otras funcionalidades cognitivas y, de forma frecuente, los problemas de atención pueden argumentar errores o dificultades en el desarrollo de tareas diarias. El envejecimiento puede perjudicar a la atención, pero de distinta forma según las formas. Vamos a tratar de desgranar todo lo mencionado en este artículo. 

Consideraciones escenciales acerca de la atención

La atención es la capacidad de procesar cierta información del entorno a la vez que se obvia otra, ya que, tanto en capacidad como en duración, la atención tiene límites. Para poder gestionar apropiadamente ciertos asuntos, hay que abstraerse de otros. 

La atención requiere de un estado de alerta fisiológica imprescindible para percibir estímulos del entorno, así sea externo o interno, y es fundamental en prácticamente todas las áreas de nuestro día a día, así como en el aprendizaje y el desempeño de la memoria.

En verdad, la atención es clave para el registro de novedosa información y, a veces, atribuimos a la memoria ciertos lapsus rutinarios que, de todos modos, son un problema de atención. En la mayoría de casos, la ejecución de las tareas requiere de la acción conjunta de diferentes géneros de atención, que no son excluyentes entre sí. La capacidad de alternar y usar eficazmente los modelos de atención lleva por nombre “control atencional”.

¿Cuáles son los diferentes géneros de atención?

Exactamente la misma cuando hablamos de géneros de memoria, al referirnos a la atención también hemos de considerar que las categorizaciones tienen un propósito simplificador y didáctico, puesto que nuestro cerebro sosten una red servible muy compleja. De ahí que, como se indicó previamente, es el control atencional lo que permite un rendimiento efectivo de las distintas modalidades de la atención. Observemos las principales. 

Atención centrada

Es la capacidad para contestar particularmente a un estímulo de afuera a nosotros por cualquier vía sensorial o señal interna del cuerpo. Este género de atención, que no se ve afectada por el envejecimiento, deja advertir de forma rápida estímulos importantes en cualquier situación.

Por decirlo de manera coloquial, es, justamente, aquello que “nos llama la atención”, así sea por un estímulo externo (una luz, un sonido, un fragancia…) o interno (hambre, sed, dolor…). Por servirnos de un ejemplo, el sonido del timbre de la puerta, una alarma, un fragancia desapacible o sospechoso (como el de quemado), un sabor inesperado en un alimento, etcétera. 

Atención sostenida

Es la capacidad de sostener la atención de forma consistente durante un periodo de tiempo más o menos prolongado. Esta clase de atención define la aptitud de mantenerse concentrado en algo durante cierto tiempo continuado. Se ha sugerido que esta aptitud va incrementando hasta, precisamente, la década de los 40 años de edad y luego va degenerando poco a poco.No obstante, semeja que no es tanto la aptitud de atención sostenida en sí lo que se puede observar perjudicada con el envejecimiento, sino la demanda de velocidad de procesamiento de la información requerida en la tarea que implique esta clase de atención.

Esto es, la aptitud de mantener la concentración no tiene por qué verse perjudicada por el envejecimiento, pero es mucho más probable que si la labor a realizar es muy dependiente de la velocidad de procesamiento de la información, sí que se produzca una disminución con la edad, ya que sí que hay evidencia de que entre las capacidades cognitivas perjudicadas por la edad es, precisamente, la velocidad de procesamiento

Atención selectiva

Este tipo de atención permite seleccionar, de entre una pluralidad, la información importante a procesar, inhibiendo la atención a unos estímulos mientras se atiende a otros. Dicho de otra manera, la atención selectiva supone filtrar los estímulos que nos cubren para centrarnos en la información que nos importa. La atención selectiva aparece de una necesidad inseparable de optimización de los recursos atencionales puesto que, como son limitados, debemos priorizar la focalización en unos en detrimento de otros, según cada situación o actividad. Un tradicional ejemplo se da en el momento en que nos encontramos en cualquier situación social donde se generan varias diálogos simultáneamente, pero solo atendemos a una de ellas. 

En la modalidad visual, por ejemplo, la atención selectiva nos deja procesar estímulos relevantes mientras que se suprime el procesamiento de otros poco relevantes para la labor que pueden mostrarse simultáneamente en el campo visual. Una tarea tradicional que se usa para evaluar este tipo de atención es la búsqueda y tachado de una letra dada (por ejemplo, todas las “p”), o de un símbolo (quizás, una estrella), en una lámina llena de variedad de letras o símbolos. 

Si bien ciertos estudios experimentales han demostrado alguna predominación negativa del envejecimiento en la capacidad de atención selectiva, la contrariedad se disminuye en función del grado de experiencia previa en lo que se busca y con lo que actúa de distractor.

Atención dividida y alternante

La atención dividida es aquella que nos deja atender a dos informaciones o fuentes de estímulo al mismo tiempo, al paso que la alternante permite cambiar el foco de atención entre diferentes tareas de diferente nivel de exigencia cognitiva.

Con la edad, el desempeño en tareas que requieran dividir o cambiar la atención, será precisamente ligado de la pericia que se tenga con cada actividad y de la complejidad de exactamente las mismas. Especialmente, para alternar la atención entre una y otras, la previamente citada velocidad de procesamiento jugará un papel clave.

Por servirnos de un ejemplo, en el momento en que cocinamos y, al unísono, oímos lo que nos comenta alguien, nos encontramos dividiendo la atención. Conducir, por poner un ejemplo, es una actividad prototípica de atención alternante, puesto que hay que cambiar constante y de manera ágil, entre la atención a la circulación, a las señales, al manejo del vehículo y, si es el caso, a la conversación de algún acompañante. En la medida en que es una labor complicada donde el tiempo de reacción es clave tiende a necesitar una mayor exigencia a edades destacadas y, claramente, es una de las actividades que debe abandonarse frente cierto deterioro cognitivo, como es el caso de la patología de Alzheimer. 

Errores atencionales como señales de alerta

Según hemos visto, pues, aunque algunas dificultades de atención tienen la posibilidad de ser propias del envejecimiento, tienden a ser dependientes de la experiencia con las tareas a realizar o con la dificultad de exactamente las mismas. De ahí que, ante la observación de esenciales adversidades para sostener la concentración, atender a advertencias que no deberían suponer un problema o contrariedad para compaginar la atención en ocupaciones a las que se está bien habituado, podría ser una señal de alarma de algún inconveniente subyacente, con lo que es recomendable efectuar una consulta profesional. 

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