De qué manera ser mas amable: 8 consejos prácticos

Resulta curioso que algo que es completamente gratis nos cueste tanto demostrarlo. ¡Toca ser amables! Si no lo vamos a hacer por el resto, cuando menos hagámoslo para nosotros, puesto que la gente afables lo tienen mucho más simple en la vida.

La amabilidad abre puertas. Una persona amable tiene más facilidades que un individuo que no lo es, sencillamente por dado que resulta mucho más satisfactorio para su círculo social y tiene la posibilidad de tener mucho más ocasiones y beneficios de él.

El día de hoy veremos las claves para estudiar de qué manera ser mucho más amable con el resto.

¿De qué forma ser más amable en tus relaciones personales?

Las relaciones son fuente de satisfacción y bienestar, motivo por el que debemos sostenerlas y mimarlas. Nuestra red de apoyo social, conformada por amigos, familiares y otras personas importantes, nos se utiliza para confesarles nuestras conmuevas y críticas, liberando estrés. No contar con esa comunidad es un problema ya que nos guardamos nuestras emociones que tienen la posibilidad de degenerar en mucha inestabilidad sensible, agravada por un sentimiento de soledad y también incomprensión.

La amabilidad es una actitud personal efectiva tanto para nosotros como individuos como para esos que nos rodean. Es esa energía que nos sostiene conectados al resto de la sociedad, que nos protege de la soledad y del malestar asociado. La amabilidad es aquello que fortalece nuestras relaciones interpersonales, fundamentales para nuestro bienestar mental sabiendo que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo interactuando con otra gente.

Dependemos de los demás y por eso debemos ser amables. Todo el mundo influye de alguna forma en nuestras vidas: progenitores, hijos, hermanos, inferiores, jefes, el de la estación de servicio… Realizando que el resto se sientan cómodos nos va a traer muchos beneficios y virtudes. La gente son mucho más dispuestas a llevar a cabo favores a esos que les caen bien, esas personas que sienten que los respetan. De ahí que veremos algunos consejos para ver de qué manera ser más amable:

1. Llámale por su nombre

Si sabes cómo tiene por nombre esa persona, llámala por su nombre. Casi todo el mundo elige ser llamado por su nombre antes que por algún apelativo genérico. Llamar por el nombre fortalece la relación y edita el trato, y es mucho más educado que llamar a alguien “chica/o”, “oye, tú”, “guapa”, “macho”, “tío” y demás

Siempre probablemente halla alguna salvedad, pero por regla general esas oraciones suelen ser bastante humillantes y también, incluso, cosificantes. Si se trata de una persona a la que observamos casi cada día, lo mínimo es aprenderse su nombre tras tanto tiempo. Si se ha dado la al azar de que ella sí se ha aprendido el tuyo y tú todavía no te sabes el de el puedes quedar como un completo cretino.

Puede darse la casualidad de que la otra persona tenga un nombre poco común o que te suena “étnico”. Quizás hayas usado esa explicación para no incordiarte en aprenderte su nombre, a pesar de que la otra persona te ha repetido constantemente cómo se pronuncia perdiendo su apreciado tiempo, paciencia y salud psicológica. Puedo asegurar que tener que repetir a alguien día sí y día asimismo de qué forma tengo por nombre por el hecho de que no se ha molestado en prestar atención y memorizarse 4 fonemas no me invita a perder mi tiempo con esa persona.

2. Usa siempre y en todo momento las expresiones mágicas

La educación es algo que, en mi humilde opinión, se está extinguiendo en este nuestro siglo XXI.

¿Tanto cuesta ser educado con el resto? Nuestro idioma dispone de palabras y expresiones mágicas que suavizan las necesidades, convirtiendo órdenes imperativas en amables peticiones. No cuesta nada comenzar las necesidades con frases como “por favor”, “serías tan amable…”, “te importaría…” y demás. Son expresiones de amabilidad, respeto y consideración hacia los demás. Da lo mismo que sea un compañero de trabajo, tu familia o un camarero del bar de la esquina. Charla de manera educada. El resto lo apreciarán mucho.

3. Devuélvele los detalles

En este planeta hay personas más detallistas que otras, y eso no es nada malo. A ciertos no nos sale de manera natural hacer pequeños regalos a el resto, y eso no quiere decir que seamos unos desconsiderados o mala gente, simplemente que no sale de nuestro interior ser de esta manera.

Sin embargo, si alguien nos hizo un pequeño detalle en forma de regalo, pagándonos un café o regándonos las plantas sin soliciar nada a cambio, está bien devolvérselo. Cierto que no nos lo ha hecho a fin de que se lo devolvamos, pero socialmente queda feo que no le retribuyamos de alguna manera. De ahí que es tan esencial devolver los detalles, si bien sea de una manera modesta y mínima. La próxima vez que la mires, págale el café o regálale una bolsa de caramelos. Ten datos con quien los tiene contigo.

4. Sonríe, que abre puertas

La mirada, la sonrisa, los movimientos… esto es, el lenguaje corporal es una comunicación que, aunque discreta, transmite varios significados. No es exactamente lo mismo decir algo con la cara seria que decir lo mismo sonriendo. Dependiendo de de qué manera las acompañemos, nuestras expresiones se pueden convertir en el más ofensivo de los insultos o en auténticos halagos. Las sonrisas abren puertas, puesto que observamos a las personas sonrientes como mucho más alcanzables, mucho más abiertas a sostener una conversación y a percibir.

5. Escucha activamente

Si alguien nos habla, lo destacado es dejarle terminar antes de dar nuestra opinión. Este principio que semeja tan básico es muy rara vez respetado. Es bien difícil considerar a un individuo como amable si no para de interrumpirnos, no nos deja decir todo lo que le tenemos que decir.

Ten paciencia, deja que finalice, no te adelantes a lo que esté hablando y ni se te ocurra terminar tú la frase. Las interrupciones generan inseguridad y frustración a tu interlocutor, conmuevas que no le invitarán a sostener mucho más conversaciones contigo.

6. No desconfíes tanto

Puede escucharse muy inocente, pero es bueno aguardar cosas positivas del resto. La gente que desconfían del resto suelen tener más problemas para entablar relaciones de calidad. El temor a que los demás lo traicionen les impide ser absolutamente verdaderos con ellos, les cuesta compartir y no se animan a sostener relaciones profundas.

Es verdad que en el planeta hay gente poco franca, mentirosa y desleal, pero no es la regla general. Protegerse en todo momento de los demás solo nos va a traer aislamiento y negatividad. Hay que abrirse hacia el resto, por ello no desconfíes tanto y espera cosas buenas. La mayor parte de la gente no alberga mal en su interior.

7. Pregunta qué tal su día

Una de las formas de probar verdadera amabilidad es enseñar interés por la vida de los demás. Todo el mundo tiene su historia que contar, pero a veces no la pueden compartir.

No obstante, si alguien le pregunta, si alguien muestra interés por comprender qué le ha pasado y de qué manera se siente, la persona siente que a alguien le importa, que alguien valora de qué forma fué su día. Por este motivo es buenísima iniciativa preguntar qué tal ha ido el día a nuestros populares, seguramente nos lo agradecerán y les haremos sentirse mejor.

8. Alegría para todos

El sentido del humor es un fuerte imán que atrae a las buenas relaciones. Si bien no es homónimo de amabilidad, sí que contribuye a que los demás nos vean como personas alcanzables, personas con las que es interesante pasar un tiempo. No debemos confundir esto con ser el jocoso de la oficina o burlarse de los demás, sino más bien con ver la parte entretenida de la vida. Ser alegre, entretenido y desenfadado es una manera muy prosocial de actuar.

En cambio, las personas de apariencia seria aparentan difícil disponibilidad, personas con las que semeja que será difícil relacionarse. No tienes idea muy bien de qué humor se encuentran el día de hoy ni tampoco sabes realmente bien cómo dirigirte a ellas. Esto hace muy difícil interaccionar con ellas, aparte de que la incertidumbre y el temor a de qué manera puedan reaccionar nos hace agobio. Nos puede llegar a privacidad, y un individuo que intimida, si bien no sea mala persona ni nos haya hecho nada malo, no nos semeja amable.

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