El manejo de las emociones y sentimientos frente al Alzheimer

Ser con la capacidad de gestionar el torrente de  sentimientos que supone cuidar de un ser querido con Alzheimer pasa por el manejo de las propias emociones y sentimientos. Comprender lo que se siente y analizarlo, potenciará la aptitud del cuidador para sobrellevar una situación vital que es agotador y complicada.

La tarea de cuidar a un individuo con Alzheimer habitúa a ser un proceso largo. Los continuos cambios a los que existen que llevar a cabo frente causan que el cuidador se vea absorbido, algo que frecuenta acarrear altos niveles de agobio. De manera frecuente asimismo, el propio cuidado, sensible y físico, de la persona que atiende al enfermo queda apartado a un segundo plano.

Absolutamente nadie dispone de un “manual de instrucciones” que indique de qué manera afrontar el día a día con un ser querido con Alzheimer, ni de qué forma interpretar y manejar las experiencias y emociones que se pueden ir ensayando, al mismo tiempo que la patología va evolucionando. No se logren dar consejos igualmente eficaces y válidos para todo el mundo por distintas causas. De la misma manera que no hay dos personas iguales, la enfermedad de Alzheimer también se expresa de formas diferentes en cada uno. Además de esto, las situaciones de cada familia no son iguales y, por su parte,cada cuidador experimenta las situaciones de una manera particular. Cada individuo, ya que, maneja de forma diferente las conmuevas y las siente con distinta intensidad.

El manejo de conmuevas, sensaciones y pensamientos

Probablemente, en determinados instantes, el cuidador (o cualquier familiar próximo a la persona con Alzheimer) sienta confusión ante sus sentimientos. Es frecuente que ciertos de sus pensamientos le puedan parecer inadmisibles, ya que puede presenciar malas intenciones hacia la persona enferma. Puede ser que se sienta juzgado por el resto si expresa o manifiesta según qué sentimiento o emoción, aun tener miedo que se le logre malinterpretar.

 Observemos, a continuación, algunas situaciones que tienen la posibilidad de darse en el día a día con un individuo con Alzheimer y de qué forma tienen la posibilidad de impactar en las emociones y sentimientos de quién le cuida:

  • Frustración. Presenciar un comportamiento no apto en la mesa, confundiendo los cubiertos o la manera de emplearlos, revisar que no es con la capacidad de vestirse adecuadamente o cualquier otra situación cotidiana que desmonte nuestras expectativas mucho más básicas respecto al accionar aguardado de nuestro individuo cercano enfermo, acostumbra producir frustración.
  • Culpabilidad. Si creemos que con nuestros actos o nuestras reacciones, podemos haberle hecho sentir mal, o confundirle aún mucho más, podemos sentirnos responsables. Es frecuente preguntarse cómo posiblemente le hayamos gritado o plantearse si hemos errado en nuestra forma de actuar, pensando que, de haberlo hecho de otro modo, hubiésemos podido eludir algún percance.
  • Tristeza. Asistir en primera persona a la pérdida progresiva de capacidades y autonomía de alguien y asumir que las esperanzas y planes de futuro, tanto de la persona perjudicada como de su cuidador, se vean truncados por el Alzheimer generará, comprensiblemente, sentimientos de tristeza.
  • Enfado. El cuidador puede enfrentarse a ocasiones que no le gustan o que le molestan. Puede también sentirse agredido o menospreciado por la persona perjudicada (por servirnos de un ejemplo, si esta le grita o le insulta, o semeja que no le preocupa como la otra persona se siente o le transporta la contraria de manera sistemática).En estas oportunidades fácilmente puede aparecer el enfado. Hablamos de una emoción natural y transitoria, pero es importante estudiar a supervisarla. El enfado fuera de control sí que puede ser amenazante, puesto que puede suponer que se produzcan picos de ansiedad. Si nos valemos de algunas tácticas para controlarla a tiempo, resultará más simple eludir mayores consecuencias y nos vamos a sentir mejor. Una técnica útil es la de la respiración profunda o diafragmática.

 Hay que entender que presenciar un torbellino de experiencias cuando se cuida a un individuo cercano con Alzheimer es completamente habitual. Lo esencial es aceptar y administrar apropiadamente este género de conmuevas y sentimientos.En caso contrario, se puede caer en la infravaloración de uno mismo. Restar relevancia a eso que hacemos, a nuestras capacidades, reacciones, comportamiento y dedicación puede incrementar el sentimiento de culpabilidad por no entender de qué manera enfrentar una situación desbordante. 

En instantes puntuales se puede experimentar una sensación de renuncia, que se traduce en el deseo de abandonar aquello que para uno siempre había sido esencial. Esto se origina por que es habitual meditar que ya no hay forma de sostenerlas, ni merece la pena procurarlo, ya que es necesario dedicar en todo momento libre al ser querido enfermo. No obstante, antes de renunciar a aspectos que sean esenciales para nosotros, hay que valorar si, verdaderamente, no existe ninguna otra oportunidad para mantenerlos sin que el precaución a la persona con Alzheimer se vea afectado significativamente. Es esencial que el cuidador sostenga sus aficiones y su espacio personal, aprendiendo a repartir el tiempo de manera mucho más eficaz y mezclando las responsabilidades del cuidado con tiempo para el ocio y el descanso. Para lograrlo, es clave soliciar y aceptar ayuda o acompañamiento. Asistir a grupos de acompañamiento para familiares de personas con Alzheimer o ayudar a un conjunto terapéutico para cuidadores familiares, son recursos a estimar si uno no sabe por dónde iniciar. 

Cuidar a un individuo cercano con Alzheimer implica sobrepasar muchos retos a nivel personal y enfrentarse a muchas emociones, de forma frecuente, equívocas. Es muy importante ser capaz de reconocer y también identificar de qué manera uno se siente y el motivo de las emociones que se experimentan, para analizar de qué forma estamos interpretando los hechos y intentar cambiar nuestras percepciones y reacciones. La gestión y el manejo de las conmuevas nos va a ayudar a impulsar nuestra resiliencia, esa aptitud que nos posibilita sobrellevar las ocasiones vitales agobiantes, extrayendo de ellas aspectos positivos, y crecer personalmente.

 

 

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