¿fallo de memoria o de atención?

Todos nos despistamos en más de una ocasión en nuestra vida diaria y somos víctimas de nuestras distracciones. Sin embargo, esto no significa que nos falle la memoria o estemos tolerando un inconveniente cognitivo.

Pongamos algunos ejemplos. Un día festivo cogemos el turismo para ir a casa de unos familiares y, como parte del camino es común con el del trabajo, cuando nos damos cuenta nos encontramos enfrente del rincón donde trabajamos. O nos encontramos recogiendo la mesa y, sin querer, ponemos la servilleta en el lavavajillas o un plato sucio en el frigorífico. O vamos a una habitación de la vivienda con la intención de hacer algo y, de súbito, nos ofrecemos cuenta de que estamos haciendo otra cosa sin haber hecho aquello que pretendíamos.

Ninguna de estas ocasiones representa un inconveniente de memoria; hablamos de dispesiones y nos puede suceder a todos. Los llamamos lapsus cotidianos.

Tipos de lapsus cotidianos: ¿se piensan fallos de memoria?

Los lapsus suelen ocurrir cuando poseemos las tareas muy aprendidas y que, en un grado muy alto, las disponemos automatizadas. Pueden ocurrir asimismo, cuando estamos preocupados, distraídos o poseemos pensamientos que nos llaman la atención, como por servirnos de un ejemplo meditar en alguna cosa que debemos realizar el día después. En realidad, estos lapsus responden a una disminución de la atención en el momento de hacer ciertas acciones, y no a un problema de memoria.

En algunos casos se generan intrusiones de otras acciones habituales que comparten algunas características con la acción inicial. O bien son consecuencia de la costumbre, si bien nuestra intención era hacerlo de manera distinta . Es mucho más frecuente que broten este género de intrusiones en el momento en que:

  • Queremos cambiar una rutina. Por ejemplo, hemos tomado la decisión de aumentar nuestra actividad física y bajar del autobús una parada antes para llevar a cabo el último tramo hasta casa andando. En muchas ocasiones, cuando nos ofrecemos cuenta, perdimos la oportunidad de llevarlo a cabo por el hecho de que ahora nos encontramos llegando a la parada de siempre y en todo momento.
  • La situación cambió y pide cambiar la rutina habitual. Por servirnos de un ejemplo, el sistema de seguridad del ordenador nos obliga a cambiar la contraseña de acceso y, de vez en cuando, intentamos ingresar con la vieja, sin comprender por qué no lo conseguimos.
  • La situación comparte peculiaridades con otra muy familiar. Por servirnos de un ejemplo, frente a la entrada de un parking público, por un momento, intentamos abrir la barrera con el mando del parking de casa.

Otros tipos de lapsus:

  • Perturbación de una secuencia. Se refiere al hecho de “perdernos” en una secuencia aproximadamente automatizada. Por poner un ejemplo, nos encontramos cocinando y suena el teléfono. Contestamos. Cuando volvemos a la cocina, no nos encontramos seguros si ya habíamos añadido la sal o no.
  • Combinar secuencias. En el momento en que nos confundimos con 2 tareas que, de un modo u otro, hacemos simultáneamente. Por servirnos de un ejemplo, poseemos prisa en salir de casa pero antes debemos almacenar un fármaco en el frigorífico y poner las gafas de sol en el bolso. Puede pasar que, con las prisas, pongamos el fármaco en el bolso y las gafas en la nevera.
  • Invertir secuencias. Volvemos a confundirnos, pero en este caso en el orden de realización de una secuencia. Por ejemplo, nos duchamos por la mañana y seguidamente nos lavamos los dientes, entonces nos ofrecemos cuenta de que todavía no hemos desayunado.

¿De qué forma eludir los lapsus o despistes?

Tal y como hemos visto, una gran parte de estos lapsus cotidianos se producen en el contexto de secuencias de acciones, transformadas a menudo en una rutina, que son automáticas o semiautomáticas, como cocinar, la higiene personal, los desplazamientos comunes u otras tareas habituales.

Semeja lógico pensar que, para minimizar la incidencia de estos lapsus debemos prestar más atención a aquello que hacemos, pero si tomamos en cuenta que una de las grandes virtudes de las secuencias de acción rutinaria es, exactamente, la liberación de la mente de la necesidad o del esfuerzo expreso de atención, entonces no semeja la mejor recomendación. De todos modos, si somos propensos a cometer estos lapsus podríamos llevar a cabo ciertas tácticas, como las que planteamos a continuación.

Un primer paso esencial es concienciarnos de cuáles son las ocasiones o situaciones en las que mucho más a menudo tenemos esta clase de lapsus. En relación las tengamos identificadas, podemos:

  • Elegir si los lapsus tienen la posibilidad de conducir a errores o negligencias esenciales o no. Si no es así, no debemos preocuparnos demasiado, aun tomarlo con determinada dosis de humor.
  • Hacer un esfuerzo deliberado de prestar atención cuando se intente algo importante. Por servirnos de un ejemplo, si entendemos que de manera frecuente, en el momento en que ya nos encontramos en la calle nos damos cuenta que nos hemos dejado el monedero, debemos procurar dejarlo en un espacio preciso que reduzca la posibilidad que esto ocurra. Podemos, por ejemplo, comprar el hábito de guardarlo en el bolso o el bolsillo de la chaqueta o ponerlo junto a las llaves de casa.
  • Utilizar algo como señal para indicar que se ha realizado una acción o para que nos ayuda de indicio sobre el instante de la secuencia donde nos encontramos. Si retomamos el ejemplo de la receta de cocina, un concepto puede ser colocar los elementos que ya hemos utilizado en una región cierta de la encimera. De este modo, si observamos la sal en ese espacio quiere decir que ahora la hemos añadido.

Es importante ver que existe una diferencia entre los errores de memoria en tareas diarias debidos a lapsus de atención y las adversidades derivadas de problemas de memoria. Si los esfuerzos para reducir la continuidad de estos lapsus no son útiles y se transforman en bastante usuales, junto a olvidos reiterados o, si se detecta un cambio esencial en la manera de ser, es en el momento en que se deberán observar posibles señales de alarma que puedan señalar un principio de patología de Alzheimer o de cualquier otra forma de deterioro cognitivo

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