fármacos concretos para el Alzheimer

Actualmente no tenemos ningún fármaco que frene o cure la patología de Alzheimer, pero hay tratamientos farmacológicos y no farmacológicos que ayudan a mitigar los síntomas de la enfermedad, haciendo que esta sea más llevadera, tanto para todos los que la padecen como para todos los que les cuidan. En la actualidad solo hay cuatro medicamentos concretos para la enfermedad de Alzheimer: por un lado, el donepezilo, la rivastigmina y la galantamina que, por su acción, son inhibidores de la colinesterasa (o acetilcolinesterasa), de los que hablaremos en el artículo; y otro que sigue otro mecanismo de acción, llamado memantina

Unas pinceladas de neuroquímica para comprender la acción de los inhibidores de la colinesterasa

Las neuronas se conectan y comunican entre sí por medio de unos microscópicos espacios, llamados sinapsis, en el que se genera un trueque de unos minúsculos mensajeros químicos: los neurotransmisores, que se ocupan de trasladar información de una neurona a otra.

La acetilcolina es un neurotransmisor clave para bastantes procesos cognitivos, esencialmente, la memoria y la educación, pero asimismo otros, como la atención y el procesamiento de información. Las neuronas que poseen acetilcolina se llaman colinérgicas y están distribuidas ampliamente en el cerebro.

En los cerebros de las personas que padecen Alzheimer los niveles de acetilcolina son especialmente bajos, entre otras muchas cosas, por el hecho de que las sinapsis colinérgicas se ven especialmente afectadas por la toxicidad de las placas de beta-amiloide y los rollos neurofibrilares, unos de los principales hechos neuropatológicos que suceden en esta patología.

Hay una enzima (un tipo de substancia que participa en procesos químicos del organismo), llamada colinesterasa, que descompone o suprime la acetilcolina sobrante en las sinapsis en un desarrollo normal. Pero, como en el caso del Alzheimer, las neuronas y sinapsis colinérgicas se ven especialmente perjudicadas, cuanta menos acetilcolina se degrade o elimine, mejor. Y aquí es donde intervienen los fármacos llamados inhibidores de la colinesterasa, que frenan la acción de esta enzima a fin de que se contengan los máximos niveles de acetilcolina y favorecer la comunicación entre neuronas. 

Fármacos inhibidores de la colinesterasa: donepezilo, galantamina y rivastigmina

Dado que los inhibidores de la colinesterasa dejan mayores escenarios de acetilcolina en el espacio sináptico, se benefician los mecanismos implicados en la memoria y otros síntomas cognitivos, promoviendo cierto control en los síntomas de la patología de Alzheimer y una más calidad de vida, tanto de quienes la padecen como de quienes se encargan de su atención y precaución.

Hay tres medicamentos del conjunto de los inhibidores de la colinesterasa, aprobados particularmente para el régimen de la patología de Alzheimer (aunque alguno de ellos también pueda usarse en el régimen de demencias por otras causas): el donepezilo, la galantamina y la rivastigmina. Estos son los nombres genéricos, esto es, de los principios activos, si bien tienen distintos nombres comerciales.

Cada fármaco cuenta además con diferentes maneras de presentación:

  • El donepezilo existe en forma de comprimidos clásicos y de comprimidos bucodispersables (que se deshacen en la boca).
  • La rivastigmina se fabrica en parches, en cápsulas y en solución oral.
  • La galantamina se muestra en cápsulas y en solución oral.

El estado global de la persona con Alzheimer, adjuntado con otros criterios médicos, van a ser los datos que tendrá en cuenta el experto para indicar uno u otro fármaco y una u otra forma de presentación.

¿Qué efecto producen estos medicamentos?

No todas y cada una la gente reaccionan igual a los inhibidores de la colinesterasa, ni en cuanto a la tolerancia ni en cuanto al impacto bueno de sus efectos. La instauración de la dosis de alguno de estos fármacos es progresiva para minimizar posibles reacciones adversas y es el especialista de referencia el que indicará las pautas a continuar.

Como todos los fármacos, estos asimismo pueden tener efectos secundarios. Los más usuales son de tipo gastrointestinal, como náuseas, diarrea o pérdida de apetito que, si bien suelen ser usuarios, en ocasiones tienen la posibilidad de obligar a suspender el régimen y, tal vez, evaluar con otro de los fármacos del mismo grupo.

Otros probables resultados consecutivos, menos frecuentes, pueden integrar dolor de cabeza, perturbación del sueño, calambres o variaciones en la conducta, por poner un ejemplo. Es fundamental informarse bien en la visita médica de qué resultados consecutivos pueden manifestarse y hacer llegar al profesional cualquier efecto bien difícil de tolerar o persistente.

A priori, no hay forma de saber cómo responderá cada persona a cada fármaco. Lo primero va a ser comprobar la tolerancia, o sea, que si aparecen efectos secundarios sean pasajeros y manejables.

Con en comparación con efecto en los síntomas de la patología, hay quienes refieren que perciben en su familiar con Alzheimer (o nuestra persona perjudicada en sí misma) cierta mejoría en algunos aspectos cognitivos, como la capacidad de concentración o la memoria, conductuales, o mejor rendimiento y autonomía en las ocupaciones cotidianas.

En ciertos casos se nota un cambio aproximadamente inmediato al paso que, en otros, se da a más largo período o, aun apreciándose poco la mejoría, aparentemente se ralentiza la evolución de los síntomas. Por eso, una vez instaurada la medicación, se deben efectuar unas visitas de rastreo, tanto para valorar los probables efectos secundarios como los beneficios del régimen y el cuidado del mismo.

Tengamos en cuenta que los tratamientos para la patología de Alzheimer son sintomáticos y que su beneficio terapéutico es con limite. Se estima que la pérdida de las neuronas colinérgicas es mucho más un efecto de la propia patología que una de sus causas, y hay otros neurotransmisores que asimismo se ven damnificados en este proceso neuropatológico.

Los medicamentos liderados a mitigar los síntomas de la patología de Alzheimer, como es el caso del donepezilo, la rivastigmina, la galantamina y la memantina, aparte de ser dispensados solo bajo receta médica, únicamente tienen que administrarse siguiendo las advertencias dadas por el neurólogo o experto de referencia de cada individuo.

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