Géneros de envidia

Comentan que la envidia es muy mala y, en parte, llevan razón. A voz de repente podemos decir que hay una envidia que sentimos hacia alguien que simplemente es preferible que nosotros y nos gustaría ser como ellos y después contamos una mucho más tóxica, motivada por celos e, aun, las ganas de no desearle bien a esa persona de la que sentimos envidia.

En función de hacia quien sintamos esta emoción, tenemos la posibilidad de decir que existen varios géneros de envidia. Ahora observaremos cuáles son.

Los 4 primordiales géneros de envidia y sus efectos

La envidia es un sentimiento universal. Es posible que no nos guste reconocerlo, pero todos sentimos envidia en algún instante de nuestras vidas. Es considerada un sentimiento negativo, que nos aleja de la alegría.

Esta mala popularidad de la envidia se puede ver en todo el mundo, ya que la mayor parte de las religiones de todo el mundo piensan a esta experiencia como un vicio, una conducta indigna y también inmoral. No es extraño encontrar en los códigos de conducta de la mayor parte de credos el considerar a la envidia como un pecado capital, como es la situacion en el cristianismo.

No debemos estimar al mínimo sentimiento de envidia como algo intrínsecamente malo. En verdad, sentir algo de envidia es natural. Por servirnos de un ejemplo, un estudio llevado a cabo en 2015 halló que cerca de tres cuartos de sus participantes aceptaban haber snetido envidia hacia alguien en el último año, tanto si la persona que envidiaban era próxima como si era un conocido con quien tenían poca relación.

Por ello, antes de nada, es importante resaltar la iniciativa de que verdaderamente se puede charlar de dos tipos de envidia: una inocente y otra perjudicial.

La inocente sería aquella que sentimos en el momento en que alguien que conocemos semeja tener mejor suerte que nosotros y nos agradaría ser de qué manera él o ella, como puede ser ver que tiene mejor salario, un cuerpo bonito o domina múltiples lenguajes.

En cambio, la amenazante es aquella que nos corroe, que nos obsesiona con los logros ajenos, que nos hace meditar tanto en esa persona que nos impide proseguir con nuestras vidas. Hablamos de una envidia tóxica, perjudicial para nuestro bienestar y, si se nos va de la mano, es posible que hasta dañina para aquella persona de quien sentimos envidia.

Es imposible ser feliz si se siente una envidia cáustica por los logros ajenos o por cómo son los demás. Si el éxito de los demás nos corroe jamás vamos a poder sentirnos satisfechos por cómo somos. Tanto si somos personas envidiosas como si no, lo primero que debemos llevar a cabo para reconocer que sentimos envidia es entender distinguir entre los modelos de envidia que existen. Naturalmente, la envidia no es algo simple de corregir pero, si se sabe qué tipo se siente, quizás se logre realizar algo sobre esto.

1. Envidia hacia la pareja

La envidia hacia la pareja es paradójica, ya que de primeras podría parecer poco recurrente. ¿De qué manera se puede sentir una emoción tan mala con aquella persona que se quiere y ama? ¿De qué forma puede corroernos el éxito de aquella persona a la que le deseamos lo destacado?

Es habitual sentir algo de envidia hacia la pareja, siempre y cuando sea inocente y en el sentido de que “esperemos yo fuera tan buena como él/ella”. No obstante, la envidia de la que queremos hablar en este punto es de la mala, de la tóxica y para nada inocente, aquella que puede dar de comer los tan peligrosos celos.

Desgraciadamente, hay casos en los que las personas pueden sentir tanta envidia de los logros de su amante que hasta llegan a querer que algo malo le ocurra, algo que lo perjudique. Se adquiere un punto de toxicidad que puede dañar mucho la relación, puesto que querer que le pasen cosas malas a tu enamorado no es, de todos modos, amor.

Por norma establecida, si alguien siente este género de envidia hacia su pareja, esa persona va a ser tóxica en otras áreas de su vida. De hecho, la única forma en la que una persona puede sentir envidia en su relación de pareja es pues, probablemente, la interpreta en concepto de relación de poder, de que uno es mejor que el otro o que se debe demostrar regularmente quién está logrando más éxitos.

Si la otra persona logra mucho más logros es que ella es la que lleva “los pantalones” en la relación. El poder se está cuestionando y es cuando aparece la envidia. Sin entrar en debates ni en polémicas, es frecuente que este género de envidia se dé mucho más en hombres que en mujeres, más que nada en relaciones heterosexuales.

2. Envidia hacia los amigos

La envidia hacia los amigos es común, ocurriendo algo afín a lo que sucede con la envidia hacia la pareja. Lo idóneo es que no se diese, pues se piensa que le queremos lo destacado a nuestros amigos y nos ponemos contentos de sus logros, pero lo cierto es que todos sentimos que nos merecemos algo mucho más que nuestros conocidos cercanos o nos gustaría tener exactamente la misma suerte que ellos.

Todos disponemos un amigo al que semeja que la vida le sonríe cada día. Tiene el mejor cuerpo, gana bastante dinero, trabaja de lo que quiere, tiene una pareja interesante, viaja… sea cual sea lo que tenga es algo que nosotros, por el simple hecho de no tenerlo, nos corroe por dentro y nos genera envidia.

Dependiendo del grado en de qué manera se dé y manifieste la envidia esta puede llegar a ser bastante perjudicial entre amigos. Una cosa es sentir alguna envidia porque un amigo ha conseguido algo que quería y otra es que sintamos que somos una sombra en nuestro grupo de amigos, que él o ella es hasta el protagonista primordial de nuestra vida.

Rara vez la envidia hacia un amigo supera el umbral de lo peligroso y obsesivo, sobre todo por el hecho de que siempre hay otros amigos que nos animan un tanto limando las asperezas. Asimismo es merced a esos mismos amigos que, al ver de qué manera son, tienen la posibilidad de llevar a cabo sentirnos mejor pues vemos que ellos no tienen algo que nosotros sí, lo cual nos puede subir un poco la autoestima y comprender que todos disponemos nuestras fortalezas y nuestras debilidades.

3. Envidia hacia los compañeros

La envidia hacia los compañeros, de trabajo o de clase, es mucho más frecuente que las otras dos. Esta se genera más fácilmente pues no implica una relación de cercanía, ni de amor ni de amistad necesariamente. Sentir envidia hacia alguien con quien poseemos poca relación nos hace sentirnos menos culpables, y tampoco la consideramos perjudicial para nuestra relación con ella por el hecho de que, de manera directa, no la hay.

Bien gestionada, la envidia hacia los compañeros puede ser algo motivador, un aliciente para procurar destacar en aquello que estamos aprendiendo o en nuestro empleo. Si sentimos envidia hacia alguien que es preferible que nosotros, es posible que nos motivemos para procurar dar lo mejor de nosotros con la clara intención de superarle, de convertirnos en los que la multitud siente envidia.

No obstante, si no se conoce gestionar apropiadamente esta envidia puede lograr que saquemos lo malo de nosotros, ganándonos la enemistad no únicamente de la persona a quien envidiamos sino más bien asimismo del resto de compañeros. Nuestra obsesión hacia aquella persona que creemos que es preferible que nosotros, lejos de hacernos prosperar, perjudica nuestro rendimiento, realizando que incluso quedemos mal.

4. Envidia hacia la gente de forma exitosa

Para finalizar, poseemos la envidia hacia las personas con éxito, que de todos modos puede solaparase con el resto de envidias que hemos visto. Si se hace hacia un terminado irreconocible esta envidia puede ser la menos perjudicial para la persona envidiada, como por poner un ejemplo un famoso, pero puede llegar a ser muy dura para quien la siente.

La explicación de por qué razón es en especial dolorosa para quien la siente es bien simple. Un individuo de éxito muy rara vez se molestará por el hecho de que haya alguien que sienta envidia de él y trate de hacerle daño. La persona envidiosa poco puede llevar a cabo hacia un famoso que vive a km de él, además, la persona envidiada está habituada a despertar envidias a donde vaya, conque es el pan suyo de cada día. No sufre mucho por este motivo.

En cambio, la persona que siente envidia puede llegar a sufrir bastante por el hecho de que, lleve a cabo lo que realice, jamás podrá alcanzar a aquella persona tan triunfadora de la que sus hazañas y buena suerte le hacen corroer tanto.

En el caso de que no aprenda a de qué forma gestionar su envidia, la persona envidiosa va a ir sintiendo de a poco odio y rencor, emociones que lejos de motivarla para progresar en su vida persona y también procurar ser feliz harán que se obceque en la vida de la persona a quien envidia, fracasando en la única vida que debería importarle: la suya.

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