¿Hasta cuándo puede conducir una persona con Alzheimer?

Conducir es una tarea complicada que requiere de diversas capacidades cognitivas y motoras si bien para quienes conducen con asiduidad, la conducción se transforma en una actividad prácticamente automática y puede parecer sencilla y poco demandante. Renunciar a la conducción puede suponer un duro golpe para una persona diagnosticada de Alzheimer que estaba acostumbrada a llevarlo a cabo, con mayor o menor continuidad. En el instante, sin embargo, en que la pérdida de las habilidades supone un peligro para la seguridad, la persona afectada debe dejar de conducir.

Algunas personas afectadas van a reconocer su pérdida de capacidades y renunciarán por sí mismas a continuar manejando. Pero otras no querrán hacerlo, y mostrarán resistencia o negarán que permanezca algún inconveniente. Hacerles entender que llegó el momento de dejar la conducción pertence a las situaciones difíciles a la que, más pronto o más tarde, los familiares deberán realizar frente.

¿Exactamente en qué instante una persona con Alzheimer debe dejar de conducir?

En el momento en que estamos al volante los sentidos han de estar absolutamente pendientes de la conducción para interpretar señales visuales y acústicas, medir distancias y velocidades, coordinar distintos movimientos, evaluar ocasiones y tomar resoluciones adecuadas. La conducción segura supone, además, mantener la atención, cumplir las reglas de circulación, extremar la precaución y ser capaz de reaccionar con rapidez a circunstancias distintas. 

Un diagnóstico de Alzheimer no siempre tiene porqué implicar que la persona deba dejar de conducir de forma inmediata. Algunos estudios apuntan que podrían llevarlo a cabo durante un tiempo en las fases más leves. Sin embargo, la intensificación de los síntomas y el declive de las habilidades cognitivas y motoras se producirá de manera gradual, por lo que en algún instante será obligado que la persona deje de conducir. 

La persona perjudicada puede sobreestimar sus habilidades al volante por lo que es aconsejable detectar cuando la conducción está implicando un peligro para la seguridad y abordar la cuestión lo antes posible. Para saber si aún es competente para conducir, se sugiere prestar atención a de qué forma se desenvuelve en la actividad, preferentemente en distintas instantes del día o en diferentes situaciones de tráfico. Ciertos signos de alarma podrían ser enseñar desorientación en recorridos o sitios habituales, confundir los pedales, no respetar las señales o interpretarlas de manera errónea, tomar decisiones lenta o erróneamente, tener dificultades para mantenerse en el carril, deducir de manera equivocada la agilidad o las distancias, enseñar confusión en cruces o salidas o verse inseguro o irritado a lo largo de la conducción.

Abandonar conducir no es una decisión simple, y todavía menos si la persona quiere continuar haciéndolo o no admite que pierde las capacidades para hacerlo. 

Algunos consejos para abordar la cuestión

  • Iniciar con tiempo la conversación sobre el tema. El proceso de abandono puede ser más simple si, de manera previa, se fué hablando de ello. Hay que sacar el tema cuanto antes y en un momento en que se pueda charlar del tema de manera tranquila. 
  • Empatizar. La cuestión debe abordarse desde la empatía, manifestando la preocupación pero poniéndose en su sitio, comprendiendo que es una renuncia que puede ser bien difícil de encajar y acatando sus sentimientos. 
  • Proponer alternativas de transporte. Podemos animar a la persona a formar parte activamente en la búsqueda de nuevas formas de transporte (sendas, autobuses, estaciones de metro, horario de los trenes, compañías de taxis…) de modo que sienta que recupera una parte de su autonomía.
  • Resaltar los beneficios. Hacerle notar que dejar de conducir también tiene una sección efectiva: menos agobio, no tener que buscar estacionamiento, poder ahorrar los costos que piensa tener un vehículo… 
  • Soliciar asistencia. Los integrantes de la familia o amigos cercanos tienen la posibilidad de ofrecerse a acompañar a la persona con Alzheimer en su vehículo a citas, eventos o si necesita llevar a cabo alguna compra. Hay que eludir que, por la contrariedad para desplazarse, la persona abandone ocupaciones o aficiones o renuncie a la vida popular. 
  • Sostenerse firme. La seguridad es lo primero. Si la persona reitera que continuar manejando deberán adoptarse otro género de estrategias que, si bien tienen la posibilidad de resultar dolorosas por lo drásticas, deben anteponerse a asumir los riesgos que puede conllevar que continúe conduciendo. Así, tal vez se deba recurrir a esconder las llaves del coche, desconectar la batería del vehículo o, de manera directa, vender el vehículo.  

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