la reacción ante el diagnóstico

El diagnóstico de Alzheimer suele causar un gran encontronazo en la familia de la persona afectada y puede ser bien difícil aceptar la enfermedad.

El proceso que se inicia con el diagnóstico, y al que deberán enfrentarse, suele ser largo, dudoso y complejo. Será realmente útil ampliar el conocimiento sobre la enfermedad para entenderla mejor y ser de esta manera mucho más con la capacidad de conducir situaciones cotidianas en el cuidado del individuo cercano. En la mayor parte de familias, la atención a la persona afectada frecuenta recaer, principalmente, en un individuo, quien se transformará en su cuidador primordial.

Para aceptar la patología es necesario entenderla

Para lograr aceptar la patología de Alzheimer, y reducir su encontronazo en la vida del cuidador y en el ambiente familiar, es importante entender qué es el Alzheimer y qué le sucede a la persona afectada, tal como comprender que las alteraciones que padece en su cerebro son la causa de los cambios en su accionar, conducta y reacciones.

Resulta clave, ya que, entender que preguntar repetidamente lo mismo, no admitir a algún conocido o denegar algún fallo que ha cometido son síntomas de la enfermedad. No son reacciones ególatras o actos realizados a propósito para enojar o fastidiar a su cuidador.

Si, por ejemplo, entendemos que nuestro familiar afectado está en un estado de recurrente confusión por el hecho de que le resulta difícil integrar demasiada información o procesarla de manera correcta, nos será más simple comprender algunas de sus formas de proceder. Esto también dejará que minimicemos posibles reacciones negativas hacia él y seremos más capaces de adoptar tácticas para conducir ocasiones que tienen la posibilidad de desbordarnos.

Entender nuestras propias emociones y sentimientos

Al mismo tiempo, es fundamental entendernos a nosotros mismos en tanto que familiares y cuidadores. Es esencial identificar los propios sentimientos y conmuevas: de qué forma reaccionamos tras recibir la novedad del diagnóstico, de qué forma hemos evolucionado emocionalmente desde ese momento, o cómo encajamos y también interpretamos el modo en que se comporta nuestro ser querido.

Cada persona encaja la novedad y reacciona al diagnóstico de manera diferente. Las peculiaridades personales, sensibilidad y forma de ser son factores que influyen en de qué manera cada persona tiene una reacción y maneja la nueva situación:

  • Las peculiaridades y los recursos personales para enfrentar ocasiones desfavorables, como por poner un ejemplo tener una historia previa de pérdidas, puede ayudar a la resiliencia de la persona, haciéndola más fuerte, o, por el contrario, hacerla más vulnerable.
  • La unidad entre los miembros de la familia es un aspecto de acompañamiento muy importante desde el primer instante. No obstante, si hay conflictos previos, de manera frecuente pueden acentuarse ante una situación agotador como es el diagnóstico de Alzheimer en un familiar.
  • La intensidad del impacto puede depender asimismo del rol de la persona enferma en la familia, por poner un ejemplo en relación con la autoridad que la persona perjudicada ejercita en el grupo, su papel en el aspecto económico o de organización de la estructura familiar.

Después del diagnóstico: un complejo proceso de asimilación y aceptación

Tras la noticia, se desata un torrente de conmuevas y sensaciones y comienza el sendero hacia la aceptación de la enfermedad. En realidad, se trata de un desarrollo de duelo, a lo largo del como se recorren diferentes fases. Estas de manera frecuente se solapan o oscilan a lo largo de la patología.

Las activas pueden diferir bastante de un individuo a otra, incluso en una misma familia. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, la reacción inicial y más habitual es el shock, comprendido como un estado de aturdimiento y también incredulidad. Es frecuente que al shock inicial le suceda un periodo de negación.

Se tienen la posibilidad de ir sucediendo y solapando distintas reacciones en cada miembro de la familia. Como no todos experimentan los mismos sentimientos, ni tienen un mismo estilo de reacción sensible, tienen la posibilidad de manifestarse algunas ocasiones de enfrentamiento. Por poner un ejemplo, los más realistas pueden verse críticos e intolerantes con quienes niegan la situación. La inclinación es que se progrese hacia una etapa de negociación, que supone el inicio de la asimilación de la realidad.

Otra de las cuestiones que influyen en de qué manera se maneja la novedosa situación es la relación de la familia con su ambiente y con nuestra persona enferma. En algunos casos se establece algo similar a un “pacto de silencio”, como un convenio de no charlar del tema, si bien tanto la familia como la persona perjudicada estén informados de la patología. Esto, a menudo, responde a un deseo de protección hacia la persona enferma. No obstante, puede tender a provocar un aislamiento emocional, no solo de ella, sino más bien también de las personas más cercanas.

Un aspecto que merece especial atención es la precocidad del diagnóstico. Un diagnóstico temprano puede influir en las reacciones iniciales y en que la etapa de negación o incredulidad, a veces, se dilate. El progreso del conocimiento científico y clínico de la patología provoca que cada vez sea más recurrente que se diagnostiquen muchos casos cuando los síntomas son aún sutiles. Esto puede generar confusión pues, más allá de que se perciben algunos síntomas evidentes, con frecuencia son disonantes con las habilidades de razonamiento que presenta la persona diagnosticada o con la aptitud de recordar realmente bien determinadas cosas y tener, por otra parte, olvidos que llaman mucho la atención.

Avanzar en la aceptación de la patología es imprescindible para maximizar el confort de las personas perjudicadas, tal como el de sus cuidadores y familiares. Contar con acompañamiento terapéutico también puede facilitar el proceso.

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