La relevancia del ejercicio en la prevención de patologías como el Alzheimer

Son muchos los estudios que relacionan la salud de nuestro corazón con la de nuestro entendimiento. Esto significa que para mantener sano nuestro entendimiento y llevarlo a cabo mucho más fuerte a enfermedades como el Alzheimer, tenemos que supervisar los causantes de riesgo cardiovascular y adoptar unos hábitos de vida saludables.

La gente que cuidan su nutrición, se sostienen mental y socialmente activas y practican ejercicio, tienen mucho más posibilidades de vivir más años y disfrutar de una más calidad de vida.

El ejercicio físico tiene un efecto precautorio en el desarrollo de muchas enfermedades, en especial las cardiovasculares. Conque esta pertence a las principales prácticas a incorporar si queremos llevar un estilo de vida saludable.

Generalmente, con la edad se tiende a realizar menos actividad física. Hay que tomar en consideración que practicarla de forma regular a cualquier edad aumenta los años de vida sin discapacidad o con dependencia. Hacer ejercicio puede ayudar a impedir la aparición de anomalías de la salud como el Alzheimer. ¡Merece la pena integrar la actividad física en nuestra rutina!

¿Qué tipo de ocupaciones tenemos la posibilidad de hacer?

Hay muchas actividades para llevar a cabo, conque hay que conseguir la que mejor se adapte a nuestros deseos y habilidades. Para ello, tendremos que tomar en consideración nuestra condición física, por el hecho de que una actividad que puede resultar simple para unas personas, puede requerir bastante esfuerzo para otras. Sea como sea, la actividad escogida tiene que amoldarse a nuestro estado de salud, motivación y condición física.

Se aconseja, como mínimo, efectuar 150 minutos por semana de actividad moderada. Esto podría traducirse en:

  • Dedicar 30 minutos, cinco ocasiones a la semana, a hacer actividades aeróbicas o de resistencia como gimnasia en el agua, jugar a ping-pong, bailar, caminar unos 3 kilómetros a buen ritmo o recorrer 8 kilómetros en bicicleta.
  • Invertir entre 40 y 60 minutos a actividades menos intensas, como adecentar cristales, lavar el coche, pasar la aspiradora, ir en bicicleta al trabajo o pasear tranquilamente.
  • Si optamos por actividades más intensas, conseguiremos un efecto afín con menos tiempo. Tienen la posibilidad de ser 15 minutos dedicados a actividades como subir escaleras, saltar a cuerda, correr 2,5 kilómetros o recorrer 6,5 km en bicicleta, o 20 minutos a deportes como el baloncesto, el tenis, el fútbol o la natación.
  • Muchas de las actividades que efectuamos de forma diaria también nos aportan minutos de actividad física, como las tareas del hogar, el bricolaje, pasear al perro o jugar con los pequeños. Vale la pena intentar potenciarlas para sumar minutos de actividad física, que no deberían ser menos de 30 cada día.

Para conseguir todavía más provecho, podemos complementar el tiempo de actividad física con los próximos ejercicios:

  • Tonificación o refuerzo muscular. Con la edad se marcha perdiendo tejido muscular y disminución de fuerza. Con ejercicios concretos, por servirnos de un ejemplo con pesas pequeñas o bandas flexibles, contribuiremos a paliar enfermedades como la osteoporosis (pérdida de masa ósea) y va a ser mucho más simple que nos sostengamos activos y también independientes. Se sugiere empezar con una intensidad baja o moderada un día a la semana y, paulativamente, ir ampliando a más días y aumentar gradualmente el nivel de esfuerzo hasta el momento en que sea moderado o prominente.
  • Flexibilidad y equilibrio. Esta clase de ejercicios pueden ayudarnos a progresar la posición y a prevenir caídas, que es una de las primordiales causas de discapacidad en la multitud mayor. El yoga o el taichi serían algunos ejemplos.
  • Estiramientos. Ayudan a impedir lesiones, antes y tras practicar ejercicio y mejoran la elasticidad, favoreciendo la movilidad de las articulaciones y la libertad de movimientos. Además de esto, tienen un efecto relajante.

Ante cualquier patología o a partir de una edad determinada es muy importante pedir orientación, tanto al médico de familia, que conoce nuestro estado de salud global, como a profesionales del deporte o fisioterapeutas. Es muy recomendable estar bien asesorado y tener un plan personalizado, que nos permita adaptar la actividad física a nuestra condición y necesidades.

Visto que hay distintas actividades que tienen la posibilidad de ayudar a nuestro entendimiento a ser mucho más resistente a enfermedades como el Alzheimer, ¡hay que ponerse en movimiento! Vencer al sedentarismo y efectuar ejercicio de forma regular es clave si deseamos llevar un método de vida beneficioso para la salud.

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