Las 4 secuelas emocionales de sufrir estrés

En el momento en que charlamos acerca del estrés, tenemos la posibilidad de caer en la tentación de centrarnos únicamente de sus síntomas a nivel fisiológico: el aumento de la tensión muscular, la segregación de sudor, el aumento del ritmo cardiaco, etc. No obstante, no tenemos la posibilidad de olvidar que otra de las facetas más esenciales del estrés tiene que ver con nuestras conmuevas y sentimientos, aquello que nos pasa por la cabeza.

Y sucede que de igual forma en el que en el momento en que nos encontramos estresados eso tiene un encontronazo en toda clase de órganos repartidos por nuestro cuerpo, también nuestro entendimiento da rincón a una cierta forma de pensar y de sentir cuando las hormonas del agobio son liberadas en grandes proporciones… Y si además de esto padecemos un exceso de estrés, ese impacto en lo psicológico es aún más acentuado.

En el artículo observaremos precisamente cuáles son esas secuelas emocionales de los problemas estrés, algo básico para saber mejor este fenómeno y comprender mitigarlo.

¿Qué es el estrés?

El estrés consiste en un estado psicológico y fisiológico que nos prepara para reaccionar de forma rápida a las primeras señales de que algo va mal o de que, si no nos damos prisa, perderemos oportunidades esenciales. Aparece desde un mecanismo que ha sido tallado durante millones de años de evolución, y por esa razón un sinnúmero de animales (tanto vertebrados como invertebrados) experimentan estrés: tal es la herramienta de este recurso para garantizar la supervivencia de muchas clases de maneras de vida.

Sin embargo, y aún asumiendo que la oportunidad de ingresar en estado de estrés suele resultar útil, es verdad que en ocasiones se transforma en un problema que nos crea un malestar injustificado; esto sucede cuando “aprendemos” a sentir estrés en ocasiones que no lo merecen, exagerando posibilidades de que nos pase algo malo.

Además, los problemas vinculados a un exceso de estrés no tienen solo que ver con el malestar subjetivo que eso nos hace sentir: si nos sentimos muy estresados cuando no toca, el modo perfecto en el que procuramos calmar esa sensación puede llevarnos a desarrollar otros problemas psicológicos derivados de este. Por poner un ejemplo: la costumbre de discutir con el resto atribuyéndoles la culpa de lo que nos pasa, consumo de drogas para “distraernos”, atracones de comida sin tener hambre de verdad, etc.

Estas activas de comportamiento tienen la posibilidad de llegar a estar tan interiorizadas en nosotros que a veces no sabemos de ellas, las realizamos yendo en “modo automático” y sin cuestionarlas ni identificarlas como algo dañino.

Las 4 principales consecuencias sentimentales del estrés

El agobio puede plasmarse emocionalmente de distintas maneras, y esto es dependiente bastante tanto de las características de cada sujeto como de su ambiente y contexto de vida. Sin embargo, ciertas más usuales son estas que observaremos aquí.

1. Aumento de la irritabilidad

Un individuo que padezca un exceso de estrés va a tener una menos capacidad para adoptar una actitud de cordialidad y amabilidad ante los demás en el momento en que urjan necesidades inesperadas, malentendidos, y en general, ocasiones sociales capaces de producir frustración.

Aparece una tendencia a verse irritable, ya que al malestar producido por nuestro estrés hay que agregarle el producido por este tipo de “baches” a los que hay que amoldarse sobre la marcha.

2. Inclinación a dar de comer los pensamientos catastróficos

Como el estrés nos predispone a estar listos para situaciones que nos pueden dañar, es fácil que las personas demasiado estresadas entren en una mentalidad pesimista y comiencen a darles vueltas a pensamientos que adelantan catástrofes. Así, interpretan casi cualquier hecho, por ambiguo que sea, como un aviso de que algo malo va a ocurrir.

3. Malestar por la falta de control sobre lo que se siente

Otra de las secuelas emocionales del exceso de agobio debe ver con el modo en el que la persona se relaciona con su lado sensible. En situaciones de esta forma, surge le deseo de supervisar cuanto mucho más mejor, incluyendo lo que ocurre en la cabeza de uno, y el hecho de no conseguirlo genera malestar y preocupación: la persona se siente desbordada por sus emociones.

4. Deseo de realizar acciones de chequeo una y otra vez

Como la persona con exceso de agobio se ve empujada a intentar supervisar lo que le ocurre pero a la vez adopta una mentalidad fatalista, es fácil que se sienta mal si no comprueba constantemente ciertos elementos que, en caso de fallar, le meterían en un inconveniente.

Algunos ejemplos: contar varias ocasiones las páginas del informe que se está redactando, comprobar varias ocasiones que la puerta de casa está clausurada con llave, mirarse en el espéculo múltiples ocasiones seguidas antes de salir a la calle, etc.

¿Deseas aprender a administrar el agobio?

Si bien el estrés puede aparecer en muchas experiencias y ocasiones del día a día, los humanos nos encontramos dotados de las capacidades primordiales para estudiar a gestionarlo. Es verdad que nunca vamos a ser capaces de controlar de manera perfecta nuestras conmuevas, pero sí que existen formas de modularlas y de minimizar las posibilidades de que nos metan en problemas.

Es por eso que en Gurumind hemos creado tanto cursos de gestión del agobio como una útil aplicación para móvil inteligente llena de contenidos de meditación, Mindfulness, ejercicios de respiración, y más. Estos elementos te pueden ayudar a detallar una relación más sana y servible con tu forma de vivir las conmuevas, y a ajustarte mejor a los desafíos del día a día.

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