Las 5 fases del sueño (y qué ocurre en cada una)

Pasamos 25 años de nuestra vida durmiendo. Una tercer parte de nuestra vida avanza en el sueño. Un sueño que es parte primordial de nuestra salud, con lo que sin unos adecuados hábitos y patrones de sueño se muestran toda clase de inconvenientes tanto físicos como emocionales.

Entendemos que dormir bien es fundamental para progresar el estado anímico, prevenir la ansiedad, potenciar la memoria, alentar la síntesis muscular, impulsar la reparación de los órganos y tejidos del cuerpo, mejorar las capacidades mentales, reducir la irritabilidad, adelgazar, reducir el cansancio…

Pero, ¿entendemos qué sucede en nuestro cerebro mientras dormimos? La ciencia del sueño es impactante y, a dios gracias, merced a las técnicas de polisomnografía, hemos sido capaces de detallar la fisiología del sueño y de conocer cómo este se distribuye en etapas precisamente distinguidas.

Y en el artículo de hoy, de la mano de las mucho más prestigiosas publicaciones científicas, aparte de entender precisamente qué es lo que comprendemos como “sueño”, veremos las diferentes fases en las que se divide, inspeccionando qué sucede en cada una de estas etapas del sueño.

¿Qué es el sueño?

El sueño es un concepto que destina tanto el acto propio de dormir como la actividad cerebral a lo largo de este intérvalo de tiempo de reposo opuesto al estado de vigilia. Es una función natural e imprescindible de nuestro cuerpo que está regulada por los ritmos circadianos.

En el momento en que cae la noche, el cuerpo empieza a producir melatonina, una hormona que prende las reacciones fisiológicas necesarias para sentirnos cansados y que nos sea mucho más sencillo conciliar el sueño. Aun así, todavía existen muchas incógnitas tras la ciencia de dormir.

Y hasta recientemente, se pensaba que cuando dormíamos, el cerebro se mantenía inactivo. Pero hoy entendemos que el sueño es, en realidad, un estado dinámico donde, más allá de que no haya conciencia y de que algunas regiones del cerebro “se apaguen”, muchos grupos de neuronas siguen muy activas y desempeñando funcionalidades diferentes a las de la vigilia.

De ahí que el sueño sea fundamental en varios puntos: progresar el estado de ánimo, impedir la ansiedad y la depresión, potenciar la memoria, alentar la síntesis de músculos, potenciar la regeneración de órganos y tejidos, mejorar las habilidades mentales, incrementar el desempeño tanto físico como mental, reducir el cansancio, achicar la irritabilidad, contribuir a adelgazar, aumentar la imaginación, achicar la presión arterial, prosperar el desempeño de los riñones, proteger la salud ósea, alentar el sistema inmunitario e incluso ayudar a prevenir la aparición de patologías cardiovasculares, diabetes de tipo II y cáncer.

Un sueño de ocho horas se organiza en entre 4 y 5 ciclos con una duración de unos 90-120 minutos a lo largo de los que se van atravesando distintas etapas. Y es precisamente la polisomnografía, el grupo de técnicas que miden factores electrofisiológicos (electroencefalograma, electrooculograma y electromiograma) durante el sueño, la especialidad que permitió identificar las peculiaridades biológicas del sueño y las especificaciones de cada una de las etapas en las que se divide. Veámoslas.

¿Cuáles son las etapas del sueño?

En este momento que hemos entendido qué es el sueño, podemos pasar a investigar las especificaciones de las etapas en las que se divide. Los perfiles descritos por las técnicas de polisomnografía describen principalmente 2 estados: el sueño no REM y el sueño REM. Veamos qué ocurre en cada uno de ellos.

1. Etapa no REM

La etapa no REM es la etapa del sueño sin movimientos oculares veloces. Y es que REM se refiere a Rapid Eye Movement, con lo que esta fase del sueño, conocida en charla hispana como sueño no MOR (movimiento ocular veloz) o NMOR, es la contraria a la fase REM del sueño que observaremos más adelante. También se conoce como sueño de ondas lentas, es la etapa que el cuerpo usa para descansar físicamente y representa el 75% de los ciclos de sueño. Se divide, por su parte, en las próximas 4 fases:

1.1. Fase I: Etapa de adormecimiento

La fase I del sueño no REM es la etapa de adormecimiento, por lo que se utiliza para designar el difuso límite entre la vigilia y el sueño. Los ojos se mueven lentamente, la actividad muscular empieza a enlentecerse y el metabolismo y constantes vitales empiezan a presenciar una caída progresiva.

Dura unos pocos minutos (pero no tiene sentido charlar del porcentaje que representa) y, lógicamente, es el grado de sueño más ligero, con lo que ahora mismo podemos despertarnos de forma fácil. En este estado, el electroencefalograma exhibe ondas alfa y theta.

1.2. Fase II: Etapa de sueño rápido

Nos sumergimos en el sueño como tal. Tras superar esta transición vigilia-sueño entramos en la etapa II del sueño no REM o etapa de sueño rápido. Es un periodo de sueño mucho más profundo que el previo pero menos que el siguiente que observaremos. Las funcionalidades corporales y metabólicas prosiguen ralentizándose y la persona todavía se despierta con relativa facilidad.

Hay movimientos oculares leves, el electroencefalograma exhibe ondas theta, ritmos sigma y complejos K (ondas que aparecen de forma áspera y que son señal de los mecanismos que previenen que nos despertemos) y representa hasta el 50% de nuestros ciclos de sueño.

1.3. Fase III: Etapa de transición al sueño profundo

Tras esta segunda etapa de sueño ligero, pasamos a la etapa III del sueño o etapa de transición al sueño profundo. Y, como su propio nombre señala, es un paso desde el sueño rápido al profundo que acostumbra perdurar entre 2 y 3 minutos. Los músculos se relajan completamente (el cerebro deja de enviar impulsos motores), se detienen los movimientos musculares y las constantes vitales y tasas metabólicas descienden hasta llegar a su nivel mucho más bajo. Ya es realmente difícil despertarnos.

1.4. Etapa IV: Etapa de sueño profundo

Tras esta etapa de transición, la persona entra en la última etapa de sueño no REM: la fase IV o etapa de sueño profundo. Es, naturalmente, la etapa de sueño de mayor profundidad y frecuenta representar el 20% de los ciclos de sueño. Se considera la etapa más esencial de todas y cada una, pues es la que establece realmente la calidad del descanso y si el sueño es reparador o no.

Las permanentes vitales han llegado a su mínimo, ya que el ritmo respiratorio es bajísimo y la presión arterial puede llegar a reducirse hasta en un 30%. Es asimismo en esta etapa que se manifiestan, en caso de que se padezcan, los problemas de enuresis (mojar la cama) y de somnolencia. Es la etapa del período en la que es más bien difícil despertarnos. Si poseemos falta de sueño, el porcentaje de esta etapa de sueño profundo va a ser mayor, pues necesitaremos mucho más descanso. Y, tras ella, pasamos a la etapa REM. No olvidemos, no obstante, que todo se repite en 4-5 ciclos cada noche y que cada período dura entre 90 y 120 minutos.

2. Etapa REM

La Fase REM es la etapa del sueño con movimientos oculares veloces. Tengamos en cuenta que “REM” destina Rapid Eye Movement, con lo que en castellano se conoce como fase MOR (movimientos oculares veloces). Asimismo es famosa como etapa de sueño paradójico, sueño D o sueño desincronizado y realmente es la quinta etapa del sueño.

Representa aproximadamente el 25% del ciclo de sueño y se caracteriza por un electroencefalograma de baja amplitud y de continuidad mezclada, algo afín al perfil de la etapa de sueño rápido, aunque hay brotes de actividad más lenta que desarrollan ondas “en diente de sierra”. Pero lo verdaderamente representativo a simple vista es que los movimientos oculares son similares a los de la vigilia. La persona desplaza los ojos como si estuviera lúcida.

Acostumbramos a ingresar entre 4 y 5 ocasiones en fase REM (por lo que comentamos de los ciclos), accediendo por vez primera unos 90 minutos después de quedarnos dormidos. Tiene una duración media, en cada período, de unos 20 minutos, si bien esta incrementa con cada período. Las frecuencias cardiacas y respiratorias fluctúan y la presión arterial, que era baja, incrementa.

La parálisis muscular (entendida mejor como atonía muscular) es máxima, por lo que no tenemos la posibilidad de desplazarnos. Simultáneamente, las secreciones gástricas se incrementan y sigue siendo realmente difícil despertar a la persona. De manera general, podemos afirmar que es una época del sueño donde la actividad muscular está denegada pero donde se consigue una actividad cerebral altísima. De hecho, esta es similar a la que se da en estado de vigilia.

Además de esto, es exactamente en esta fase REM que consolidamos la memoria, retenemos u olvidamos la información y, sobre todo, que soñamos. Los sueños y las pesadillas nacen en esta fase REM, con lo que el mundo onírico en el que pasamos hasta ocho años de nuestra vida se encuentra en esta etapa del sueño.

Los sueños nacen del inconsciente y existen muchas teorías acerca del porqué de su vida. Desde que soñamos para mantener el cerebro activo hasta el momento en que es una herramienta para procesar emociones, pasando por una estrategia para superar vivencias dolorosas e incluso como una manera de potenciar las habilidades mentales y también aumentar la creatividad. Los sueños, sueños son. Y estos nacen en la etapa REM.

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