Las 7 diferencias entre sexo y género

Afortunadamente, vivimos una revolución popular donde estamos rompiendo con todos esos constructos que acaban por condicionar nuestra vida por el mero hecho de haber nacido con unos genitales u otros. Poco a poco, vamos entendiendo que cada uno de ellos es libre de pensar y accionar como lo sienta.

Como es natural, queda mucho trabajo por llevar a cabo. Pero en este contexto, entre los pilares de los estudios de género es ser capaces de distinguir entre lo biológico y lo cultural. Comprender que los órganos sexuales con los que naces no tienen que determinar tu papel popular o tu identificación personal.

Sexo y género no son sinónimos. Y aunque es muy normal que, en la población menos familiarizada con los estudios sobre identidad de género, la distinción entre ambos conceptos sea mucho más bien difícil e inclusive se utilicen como homónimo, es compromiso de todos adaptarnos a esta novedosa era y saber por qué son diferentes.

Por este motivo, en el producto de hoy y a través de las mucho más prestigiosas publicaciones sobre estudios de género, no solo comprenderemos precisamente qué es el sexo y el género de una persona, sino que detallaremos las mucho más importantes diferencias en medio de estos 2 términos. Vamos allá.

¿Qué es el sexo? ¿Y el género?

Antes de especificar las diferencias en forma de puntos clave, es interesante (y asimismo esencial) ponernos en contexto y comprender exactamente qué es, dentro del contexto de los estudios de género, el sexo y el género. Observemos, pues, las bases de cada concepto.

El sexo: ¿qué es?

El sexo es el grupo de peculiaridades biológicas que definen a hombres y mujeres. Es una etiqueta que nos pone un doctor al nacer y que responde a la anatomía del sistema reproductivo (órganos sexuales) y a todas y cada una aquellas propiedades hormonales y fisiológicas que determinan las características sexuales secundarias.

En este contexto, más allá de que el concepto de intersexo (personas con un sexo que no puede definirse como masculino ni femenino), los 2 primordiales sexos son dos: macho y hembra. El “sexo”, pues, hace referencia a las diferencias biológicas entre hombres y mujeres.

Así pues, el sexo es el grupo de especificaciones morfológicas y fisiológicas que dejan distinguir a los 2 tipos de sujetos que participan en la reproducción sexual humana. Se compone, pues, de características parcialmente fáciles de estudiar, pues el sexo viene preciso por el cuerpo.

El sexo, ya que, se empieza a desarrollar en el mismo instante que tiene rincón la fertilización del óvulo por parte de un espermatozoide. Dependiendo de los cromosomas sexuales, se desarrollará un sexo u otro. O sea, si el feto adquiere una dotación de XX, la persona va a ser mujer. Si adquiere una dotación de XY, la persona será varón.

Como vemos, el sexo viene determinado por los cromosomas, los órganos sexuales, las hormonas y las especificaciones sexuales secundarias, que son aquellos signos fisiológicos de madurez sexual que involucran zonas anatómicas que, más allá de que no están destinadas a la reproducción, distinguen entre los 2 sexos.

Resumiendo, el sexo es una propiedad intrínseca de la persona que viene cierta por la dotación cromosómica de la misma y, por ende, sus órganos sexuales y caracteres sexuales secundarios, los cuales dejan llevar a cabo una distinción entre varón y mujer. Es una etiqueta biológica que es dependiente de nuestra fisiología y que, alén de operaciones para modificarlo, nos acompaña para siempre.

El género: ¿qué es?

El género es una etiqueta que nace de las esperanzas de permisos sociales basados en el sexo de una persona. En otras palabras, el género es el conjunto de permisos construidos en base a los hábitos, actividades y atributos que la sociedad considera apropiados para varones y mujeres.

Asimismo puede comprenderse el género como la construcción psicosocial del sexo. Y sucede que tiene relación a de qué forma la sociedad, en su conjunto, considera que debemos vernos, pensar, actuar, sentir y relacionarnos en función de los órganos sexuales con los que hemos nacido.

Y aquí asimismo entra en juego la identidad de género, que es cómo te sientes en tu interior respecto al género y de qué forma lo expresas a través de tu accionar y apariencia física. El género es algo dinámico y poco medible que se expresa por medio de las acciones y que está unido con el sexo debido a la presión social heredada por medio de las generaciones.

Las diferencias entre géneros están socialmente impuestas y son el resultado de las imposiciones y también intervenciones sociales que determinan de qué manera una mujer y un varón tienen que actuar. Por eso las olas modernas del feminismo aboguen por una disolución del concepto de género, esto es, por la creación de una sociedad sin género donde nadie debe tener una etiqueta popular ni unas expectativas conductuales ni de fachada dependiendo del órgano sexual con el que haya nacido.

Como es natural, el término de “género” no pone en duda que existan diferencias biológicas entre los dos sexos, pero sí que estas características deban implicar distinciones en el carácter y perspectivas de vida entre varones y mujeres. El género masculino y el género femenino son constructos sociales.

Resumiendo, el género es el grupo de roles y expectativas que tiene la sociedad sobre las conductas, pensamientos y fachada que, a priori, deben acompañar al sexo de una persona. Se trata de un constructo social que nace de imposiciones y que no menciona a la biología, sino más bien a de qué forma debemos actuar y vernos según nuestro sexo.

¿En qué se diferencian el sexo y el género?

Tras determinar individualmente los dos conceptos, seguro que las diferencias entre ellos quedaron más que visibles. Aun así, por si acaso quieres o necesitas tener la información de forma más visual, hemos listo la siguiente selección de las diferencias entre sexo y género con apariencia de elementos importante. Vamos allá.

1. El sexo es biológico; el género, cultural

Seguramente, la diferencia más esencial. El sexo es una etiqueta que responde a especificaciones biológicas tales como la dotación cromosómica, los órganos sexuales, las hormonas y los letras y números sexuales secundarios. Esto es, el sexo es algo biológico. En dependencia de si somos XX o XY, seremos mujeres o varones, respectivamente.

El género, en cambio, no responde a características biológicas. El género no es biológico, es cultural. Y sucede que es una etiqueta que aparece del conjunto de constructos sociales que dictaminan cómo debemos vernos, pensar, actuar, comportarnos y vestir en función del sexo con el que nacimos. Como hemos dicho, el género es una construcción psicosocial del sexo.

2. El género es una construcción social; el sexo, no

En este contexto, el género es una construcción social. Y es que esta etiqueta de género se refiere a cómo la sociedad, en su conjunto, nos entrega unos roles construidos basado en los hábitos que esta considera apropiados para varones y mujeres. Las diferencias entre géneros están socialmente impuestas y, en parte, es algo simbólico. Un constructo cultural.

El sexo, en cambio, no tiene nada de simbólico. No es una construcción social, pues la sociedad, si bien nos impone el género, no nos puede imponer el sexo. El sexo viene dado, como vimos, por nuestras especificaciones sexuales. No es un constructo cultural.

3. El sexo es propósito; el género, subjetivo

Si el sexo viene dado por peculiaridades biológicas medibles, podemos afirmar sin temor que la clasificación sexual es objetiva. En este sentido, a pesar de que haya excepcionales casos de personas intersexuales que no pueden encasillarse en ninguno de los 2 sexos, las especificaciones biológicas van a hacer que seamos varones o mujeres. La dotación cromosómica, las hormonas, los órganos sexuales y los letras y números sexuales secundarios. Todo lo mencionado es medible.

Con el género, la cosa es muy diferente. Como vimos, no responde a características biológicas, por lo que es algo poco medible y en la mayoría de los casos simbólico. Por ello, lejos de ser un término objetivo, es subjetivo. Es dependiente del contexto popular, pues cada cultura tiene unas concepciones de género propias.

4. El género es único de los seres humanos

En la naturaleza, la distinción entre sexos es algo común en todos y cada uno de los organismos con reproducción sexual. En cambio, el género, al ser un concepto subjetivo que nace de una interpretación abstracta de estos sexos, solo puede aplicarse a los humanos. En otras palabras, un perro puede ser de sexo masculino o de sexo femenino, pero nunca vamos a poder aplicarle el término de género masculino o femenino.

5. El sexo comporta un papel reproductivo concreto; el género, no

El sexo viene determinado por nuestros órganos sexuales, por lo que resulta obvio que esta distinción en sexo masculino y femenino alude a una clara función reproductiva. La distinción biológica entre sexos es fundamental para la reproducción sexual. El término de género, en cambio, no posee ninguna herramienta ni rol reproductivo asociado. Es simplemente un constructo popular sin predominación en la reproducción social.

6. El sexo tiene categorías; el género es un fantasma

Grosso modo, solo hay 2 sexos: masculino y femenino. Tenemos la posibilidad de incluir asimismo el ya nombrado intersexo, pero en líneas en general, vamos a estar en concordancia en esta dicotomía sexual que establece nuestras características sexuales.

El género, en cambio, no es algo tan bien diferenciado. Es un espectro en el que muchas identidades de género tienen la posibilidad de incluirse (heterosexual, lesbiana, gay, bisexual, pansexual, asexual…), pero lo cierto es que, exactamente por terminar con estas etiquetas, las olas modernas del feminismo abogan por una disolución del concepto de género.

7. El género es dinámico; el sexo, no

El género, siendo un término tan subjetivo que nace de los constructos sociales, es algo dinámico, en el sentido de que una persona, durante su historia, puede modificar su identidad de género y cambiar estos comportamientos y apariencias que, como hemos visto, etiquetan en un género u otro. El sexo, en cambio, salvo que la persona se someta a una operación quirúrgica, no puede mudarse. El sexo no es tan dinámico porque no responde a permisos culturales, sino más bien a características biológicas intrínsecas a la persona.

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