Las fases iniciales de Alzheimer

 El Alzheimer es una patología progresiva que, atendiendo a la evolución de sus síntomas más habituales, puede dividirse en distintas fases. Del mismo modo que no hay 2 personas iguales, los síntomas y las conductas tampoco van a ser idénticas y presentarán magnitudes y frecuencias que tienen la posibilidad de diferir de una persona a otra.

En las fases iniciales del Alzheimer, la persona afectada puede desenvolverse de forma bastante independiente. Los síntomas de la enfermedad son perceptibles pero manejables y, si bien ahora afectan de forma directa al desempeño de sus actividades del día a día, las puede seguir llevando a cabo con algo de apoyo y acompañamiento. 

Admitir la enfermedad

Con el diagnóstico de Alzheimer comienza un proceso en el que la persona perjudicada y su entorno cercano se van a deber ir amoldando a las pretensiones que vayan apareciendo con el avance de la patología. En las fases iniciales del Alzheimer es importante que la familia admita la patología y se informe sobre su evolución y sus síntomas. Esto facilitará comprender ciertas formas de proceder y reacciones de la persona diagnosticada, administrar ciertas ocasiones y aumentar al máximo el bienestar de la persona afectada y de quienes se preocupan por ella. 

Aunque hay unos aspectos comunes y en general que permiten graduar la evolución de la enfermedad de Alzheimer y determinar sus síntomas, la progresión y los síntomas específicos presentan diferencias individuales. Estas diferencias se tienen la posibilidad de sentir ahora desde el principio, ya que aspectos como la personalidad de quien sufre la patología o las especificaciones del ambiente familiar y de sus componentes, suelen influir en la vivencia de la patología en las primeras etapas.

No hay una fórmula infalible para encajar bien el diagnóstico y amoldarse a todos los cambios que conlleva pero recabar consejos y orientaciones adecuadas a cada fase como los que ahora se proponen para la fase leve, puede facilitar este desarrollo.

Promover la autonomía

Las tareas mucho más complejas, que necesitan de aptitud organizativa o de planificación, son las primeras que se ven perjudicadas. Es el caso, por poner un ejemplo, de la organización de un viaje o la planificación de la agenda. Asimismo aparecen dificultades para administrar nuestra economía y, más adelante, para conducir el dinero en efectivo. Los inconvenientes de memoria interferirán en puntos muy diversos, como recordar citas o tomarse apropiadamente la medicación.

Ahora desde las fases iniciales del Alzheimer es importante fomentar la autonomía de la persona afectada y impulsar las habilidades que sostenga preservadas. Para ello, es clave que el entorno humano y físico se vaya amoldando a las nuevas situaciones de esta persona. Es aconsejable que, ajeno de los integrantes de la familia, otras personas del ambiente próximo estén al corriente de la situación. De esta manera, los vecinos o el personal de los comercios habituales podrán identificar con mucho más sencillez probables instantes de confusión y ayudar de manera eficiente a la persona con Alzheimer. Por otro lado, asimismo fomentará la autonomía que el ambiente físico en que la persona se desenvuelve sea sencillo, práctico y seguro, intentando un hogar accesible.

Pese a las limitaciones que va imponiendo la enfermedad, hay muchas actividades diarias que la persona perjudicada puede seguir llevando a cabo, con algo de supervisión y acompañamiento. Para fomentar que la persona con Alzheimer se valga por sí sola el mayor tiempo posible, es aconsejable que, en esta etapa, el cuidador se limite a supervisar, facilitando que la persona afectada realice por sí sola las tareas, con alguna asistencia puntual si es necesario, en vez de, de forma directa, llevarlas a cabo por ella, sea por impaciencia o por tendencia a la sobreprotección. Mantenerse activa e sin dependencia contribuirá a reforzar su autovaloración y a achicar la frustración que le puede ocasionar la pérdida de capacidades.

Por otro lado, respetar las prácticas diarias, fomentar el cuidado de las aficiones, favorecer la actividad física y mental, tal como mantener las relaciones sociales, le va a ayudar a sentirse activa y a proteger por más tiempo las capacidades cognitivas que aún no están perjudicadas.

Planificar el futuro

En las fases iniciales del Alzheimer, en el momento en que la persona perjudicada aún mantiene bastante capacidad de decisión, conviene pensar en planear el futuro y que la persona pueda comunicar formalmente su intención sobre temas esenciales, antes de que la enfermedad avance. Hablamos a puntos de tipo económico, de patrimonio, los deseos respecto a de qué forma, dónde y por quién ser precaución en el momento en que uno no logre hacerlo por sí solo, etcétera. Hay diferentes herramientas legales que garantizan el cumplimiento de la propia intención si más adelante se ve cancelada su aptitud para expresarla.

También es oportuno informarse sobre los recursos sociales existentes para personas perjudicadas y familiares.

Respaldar y acompañar

Sentimientos de incredulidad, temor, negación u enfado pueden aflorar y solaparse, no solo en la persona diagnosticada, sino también en sus seres queridos. El papel del entorno más cercano y, en concreto, de quién velará y atenderá a la persona perjudicada va a ser, en esta primera etapa, principalmente de acompañamiento y acompañamiento.

Expresar los sentimientos y compartir los temores ayudará a sobrepasar las malas intenciones que despierta esta situación. El encontronazo del diagnóstico requerirá de un tiempo de asimilación para comprender y admitir la enfermedad. A pesar del mal y las adversidades hay que procurar centrarse en vivir el presente, predecir lo esencial del futuro, cuidar las relaciones personales y buscar tiempo de calidad para disfrutar juntos, con familia y amigos, pensando en que existen muchas actividades que la persona perjudicada puede efectuar en compañía de sus seres queridos.

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