Los 3 tipos de hormonas asociadas al estrés

El estrés es una experiencia tan frecuente en nuestro día a día como natural y, en la mayoría de las situaciones, útil. No obstante, también es cierto que muchas de la gente que se ven en la necesidad de asistir al sicólogo o al médico lo hacen por inconvenientes desencadenados cuando menos en parte por el agobio.

Por esa razón ya hace décadas, tanto la Psicología como la Fisiología y las Neurociencias se han esmerado por ayudarnos a comprender mejor qué nos transporta a estar estresados y ansiosos. En esta ocasión vamos a poner el foco en los puntos más “micro” y psicobiológicos de este fenómeno, dando un repaso a las primordiales hormonas del agobio.

Las bases biológicas del agobio

En el momento en que estamos estresados, no nos encontramos experimentando un fenómeno puramente psicológico ni mucho menos subjetivo. El estrés es un mecanismo fisiológico y emocional que va bastante alén de nuestra consciencia y que implica un cambio de estado de muchos de los órganos de nuestro cuerpo. De hecho, a la práctica, somos conscientes de que nos encontramos estresados después de que ese proceso haya comenzado.

Tiene sentido que sea de esta manera: nuestra aptitud de ingresar en un estado de estrés existe para que no todas nuestras actitudes dependan de que nos hayamos detenido un rato a reflexionar y a decidir qué llevar a cabo dadas unas situaciones. Dicho de otra forma: el estrés evidencia que en ocasiones lo más útil es dejar que nuestras conmuevas nos guíen, no depender completamente de la razón. De ese modo, somos capaces de reaccionar rápidamente frente señales que nos manda nuestro ambiente, sin perder tiempo pensando en cuál debería ser nuestra siguiente acción (a veces, el simple hecho de realizar eso ahora nos hace perder ocasiones).

Visto con perspectiva, el estrés es el fruto de millones de años de evolución dando forma a especies animales expuestas a todo tipo de riesgos: ataques por parte de predadores, caídas, luchas entre clanes y dentro de clanes, etc. Por eso, la selección natural dió sitio a mecanismos neuro-endocrinos capaces de hacernos entrar en un estado de agobio, el que nos ayuda a hacer frente a estas situaciones.

Así, las hormonas del estrés son las moléculas utilizadas por nuestro cuerpo como mensajeras entre órganos y tejidos celulares para, en cuestión de segundos, poder reaccionar rápidamente ante riesgos y ocasiones fugaces, achicando el riesgo de ser dañados. Por servirnos de un ejemplo, cuando el cuerpo empieza a segregar las hormonas del estrés, eso desencadena fenómenos como la contracción de los vasos sanguíneos superficiales (para eludir una enorme pérdida de sangre en el caso de recibir lesiones), una mayor sensibilidad a los estímulos, tener las glándulas sudoríparas a pleno rendimiento para eludir un sobre-calentamiento del cuerpo, sostener los músculos tensos y listos para una contestación de lucha o de escapada…

Las hormonas del agobio son, en este circuito de partes del organismo que “se trasforman” por un instante, parte de las mensajeras que se dedican a hacer que el agobio llegue a todas las unas partes del organismo, incluso a las áreas mucho más alejadas del cerebro. Digo que son parte de ellas pues de todos modos el desempeño de las hormonas está demasiado lleno de complejidades y también interacciones para reducirlo completamente a unas pocas moléculas mensajeras; sin embargo, las hormonas del agobio son las más esenciales y especificaciones en este tipo de procesos. Ahora observaremos cuáles son.

¿Cuáles son los tipos de hormonas del agobio?

Una hormona es una molécula utilizada por nuestro sistema endocrino para desencadenar reacciones en áreas distintas del organismo, a través de la liberación de estas substancias en nuestro torrente sanguíneo.

Muchas de estas moléculas son asimismo neurotransmisores, en el sentido de que pueden ser usadas por nuestras neuronas para comunicarse entre ellas; no obstante, en el momento en que se comportan como hormonas, sus efectos tardan un tanto mucho más en producirse, y los cambios favorecidos por ellas tienen la posibilidad de llegar a mantenerse mucho más tiempo o incluso quedar “fijados” en el cuerpo (por poner un ejemplo, en el desarrollo de los letras y números sexuales a lo largo de la pubertad y la adolescencia).

En este capítulo veremos las principales características de los modelos de hormonas del agobio, las moléculas que cumplen un papel fundamental a la hora de llevarnos a un estado de prominente estrés psicológico y fisiológico.

1. Catecolaminas

Las catecolaminas incluyen algunas de las hormonas y de los neurotransmisores mucho más famosos. En lo relativo al estrés, dentro de esta categoría se puede destacar la adrenalina y la noradrenalina.

Las dos están involucradas en la respuesta de pelea y escapada, acelerando nuestro ritmo cardíaco y de la presión arterial, de manera que el cuerpo tenga una mayor aptitud de extraer energía de sus elementos y de propagarla por el organismo.

2. Cortisol

El cortisol es segregado fundamentalmente por las glándulas suprarrenales, y conlleva una liberación de la glucosa para que esté disponible en la sangre.

De la misma manera, ralentiza los procesos biológicos socios al desempeño del sistema inmune para centrar la utilización de recursos en otros aspectos más urgentes y cruciales en el corto plazo, y esto acarrea asimismo una reducción de las posibilidades de que broten inflamaciones en un corto plazo, si bien a medio y largo período estimula el desgaste de la salud física.

3. Prolactina

La prolactina es otra de las hormonas segregadas en enormes cantidades por nuestro cuerpo cuando nos encontramos estresados. Esta proteína segregada por la glándula pituitaria está relacionada a actividades con suma importancia biológica, entre ellas la alimentación y la reproducción.

Uno de sus efectos es la inhibición de la creación de estrógenos, y se cree que esto tiene que ver con que muchas mujeres con inconvenientes por exceso de estrés padezcan modificaciones menstruales.

¿Qué hay de la dimensión sicológica?

Hasta la actualidad hemos visto brevemente varios de los mecanismos biológicos involucrados en la contestación del estrés, pero el hecho de estar estresados no se queda únicamente en los procesos fisiológicos como la tensión muscular o la sudoración.

Cuando nuestro nivel de agobio sube, eso asimismo implica presenciar cambios a nivel psicológico, tanto en nuestra forma de pensar como en nuestra forma de sentir conmuevas y de interaccionar con el ambiente. Y esta relación entre lo fisiológico y lo psicológico funciona en ambas direcciones: en ocasiones, sin percatarnos, nosotros favorecemos la aparición de inconvenientes de agobio al haber interiorizado hábitos y patrones de comportamiento disfuncionales, que nos predisponen a entrar una y otra vez esos mecanismos hormonales y cerebrales.

La buena nueva es que de igual forma en el que nuestros actos tienen la posibilidad de reforzar el estrés, asimismo pueden contribuir a mitigarlo, algo de lo que se saca mucho partido en psicoterapia.

¿Deseas ayudar a terapia psicológica?

Los inconvenientes de agobio tienen la posibilidad de ser abordados de forma eficaz y superados por medio de la psicoterapia; en la actualidad, hay técnicas y tratamientos que dejan a los pacientes estudiar a regular mejor sus emociones y a entablar patrones de conducta para atenuar la ansiedad.

Ignacio García Vicente

Así pues, si te interesa iniciar un proceso de terapia psicológica, ponte en contacto conmigo; soy sicólogo experto en el modelo cognitivo-conductual y en terapias contextuales; atiendo a adultos y jovenes tanto en la modalidad presencial como online por videollamada.

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