Los cuatro enemigos de las relaciones: la actitud evasiva

Otro de los cuatro enemigos de las relaciones, es la actitud evasiva. Es una negativa a estar comunicado o cooperar. Aparece cuando en una discusión o pelea, el que está escuchando deja de interaccionar con su compañero y se encierra en sí porque se siente superado por la situación (o psicológicamente inundado). Es como si interpusiese un muro entre él y su interlocutor, su pareja.

En lugar de enfrentar el inconveniente, cuando nos evadimos, nos volvemos totalmente indiferentes a él mediante maniobras evasivas: terminando la conversación, huyendo, haciendo ver que estamos ocupados o cayendo en comportamientos obsesivos. La actitud evasiva se vuelve una “salida” comprensible cuando la negatividad creada por los otros contrincantes de las relaciones es constante durante un tiempo y se vuelve lo suficientemente arrolladora. Sin embargo, una vez hace aparición, suele transformarse en un hábito.

En el momento en que hagas el esfuerzo de afrontar un
inconveniente, si se trata de un tema que te perjudica negativamente, o si procuras
argumentar tus sentimientos sobre un área específica del conflicto, o si pretendes
llegar a una solución
mientras tu compañero
hace como si no estuvieras ahí –te ignora-, es realmente posible
que llegues a un nivel de frustración o enfado tan alto que te obligue a
abandonar asimismo la conversación (emocionalmente).

El hecho de intentar comunicarse con
alguien que se comporta así puede ser realmente frustrante, y si la
conducta se repite constantemente, puede llegar a ser irritante.

¿Cuál es el antídoto para este género de actitud?

En el momento en que un individuo se comporta de esta
manera tiende a ser pues está
psicológicamente inundada, y de
hecho, existen algunos indicadores de ello: ritmo cardíaco prominente, emisión al fluído sanguíneo de hormonas del agobio o incluso respuestas de
“o lucha o huída”. Cuando esto sucede, es
irrealizable proseguir con la discusión de una forma racional y respetuosa pues estamos
demasiado agitados psicológicamente
para hacerlo.

1. El paso inicial
del ant
ídoto es PARAR.

No obstante es mucho más fácil decirlo que realizarlo. Si tratas de terminar la discusión e irte sin asistencia del otro, es posible que parezca que actúas con una actitud evasiva mucho mayor (y empeorar la situación). Lo que debes hacer es acordar previamente una forma correcta de tomar un descanso en medio de un conflicto. Pensad en algún signo neutro que podáis utilizar los dos en una conversación para haceros saber el uno al otro en el momento en que os sintáis inundados emocionalmente.

Puede ser una palabra, una frase, un
movimiento o simplemente levantar las manos en señal de “stop”. Os invitamos a que elaboreis vuestro
propio signo. De hecho, si usais una señal que sea un tanto cómica o ridícula, os va a ayudar a quitarle tensión a la situación. Realmente no importa de qué manera suene o lo que parezca
mientras que sea respetuosa y los 2 estéis en concordancia en emplearla.

Así que si te encuentras en esta situación, pide un descanso
usando alguna señal,
palabra o frase que hayáis
decidido previamente. Debéis
comunicar nuestros estados de ánimo
especialmente si la situación
les supera.

Una vez se establece la pausa, debes realizar
algo por tu cuenta. El descanso debería durar cuando menos veinte minutos, pues es lo
que nuestro cuerpo tarda en calmarse psicológicamente.

2. El segundo paso
es AUTOCALMARSE

Es vital que durante el descanso evites
los pensamientos de indignación
pretendidamente

“justa” (“No me merezco esto”), el victimismo inocente
(“¿Por qué razón siempre y en todo momento la toma conmigo?”). No tienes que meditar en la
situación de enfrentamiento ni en tu
pareja, sino más bien realizar algo que te ayude a calmarte y te alivie el agobio generado. Algunos
trucos:

– Imagina un espacio que te haga sentir
relajado y seguro. Un espacio sagrado donde nada te puede afectar de manera negativa.
Puede ser un lugar que recuerdes de tu infancia, un rincón acogedora donde
suelas leer, tu vieja habitación, o la casa de un amig@.

Puede ser también un bosque frondoso, un
campo de flores amarillas o una playa extendida y solitaria. Mientras que te imaginas
que estás en este “santuario” intenta perderte en la
paz que te transmite. O sea perfecto para tranquilizarte y reposar de una charla dificultosa.

– Concéntrate en tu respiración. Ha de ser profunda,
regular y incesante. En situaciones

de estrés, es normal que aguantemos la respiración mucho rato o que
respiremos aceleradamente. De esta manera
que, inhala y exhala con naturalidad.

– Tensa y relaja unas partes de tu cuerpo que
estén rígidas o sobrecargadas.
Siente el calor y el peso que fluye en tus pulmones. Tómate tu tiempo. Esta técnica se parece bastante a la
de la respiración, existe quien elige una
o la otra. Puedes seleccionar la que mucho más te convenga.

Invierte ese tiempo en llevar a cabo algo tranquilo
y que te distraiga. Por servirnos de un ejemplo: escucha música, lee un libro o da un paseo.

¿Qué podemos estudiar de la actitud evasiva?

Las interacciones positivas en una
discusión problemática son
muestras de interés,
de aprecio, el humor, la empatía y
el lenguaje corporal afirmativo (como el contacto visual). De todas formas, no
debemos pensar que cualquier signo de negatividad signifique que estamos en
problemas, ya que mientras que estos signos no superen los positivos, no hay ningún inconveniente (se afirmaría que aun es
saludable).

Los largos ciclos de discusión no constructiva y con falta de efectos positivos, son los mayores indicadores de la actitud evasiva. Si esta situación perdura, la relación se deteriorara. En el momento en que estos ciclos medran y se hacen mucho más intensos, se muestran las siguientes activas:

– Reduce la capacidad de procesar
información

– Incrementa la actitud evasiva

– Disminuye la habilidad creativa de
solucionar problemas

– Se disminuye la capacidad de escuchar y
empatizar

Los hombres son más proclives a encerrarse
después de los muros que las mujeres (el 85% de la gente que adoptan esta actitud
son hombres). Ellos se desvincularan emotivamente de las discusiones mientras
las mujeres continúan
emotivamente vinculadas a ellas.

En conclusión: la actitud evasiva es mala pero existe una regla buena que podemos proseguir.

Cuando estamos en una discusión y uno de los dos escoge tomarse un reposo, es bueno que nosotros nos lo tomemos también. Cualquier intento de proseguir en el momento en el que aparece la actitud evasiva va a ser improductivo.

Y recuerda: la aptitud de tranquilizarse a uno mismo se encuentra dentro de las capacidades mucho más esenciales que puedes aprender. No solo te ayuda en tus relaciones románticas sino más bien asimismo en todos los demás ámbitos de tu vida.

Y si deseas prosperar todavía mucho más, y crecer en tu relación, ves a terapia de pareja

Deja un comentario