Los delirios en la enfermedad de Alzheimer

En el proceso evolutivo de la enfermedad de Alzheimer se manifiestan una sucesión de síntomas cognitivos y conductuales que tienen la posibilidad de aparecer en distinto orden y magnitud en cada persona. Especialmente, las alteraciones conductuales son muy cambiantes de una persona a otra y no todas y cada una tienen porqué aparecer en todos los casos. Algunas de ellas, sin embargo, en el momento en que se muestran, pueden generar bastante desconcierto en las personas cuidadoras y otras cercanas a quien padece la patología, como es la situacion de las alucinaciones y los desvaríos. Sin ser lo mismo una alucinación que un delirio, en ambos casos, la gente que los padecen, tienen una experiencia de algo que no es verdadera, aunque ellas la viven tal y como si lo fuera

Una de las mejores tácticas para abordar este tipo de formas de proceder es conocerlas y comprenderlas. Ya dedicamos otro artículo a las alucinaciones y, en este, explicaremos qué son los desvaríos y de qué forma tenemos la posibilidad de actuar en el caso de que un individuo con Alzheimer los presente

¿Qué son los desvaríos?

Los delirios son creencias falsas o erróneas, que no están basadas en ninguna evidencia, pero que se sostienen con vehemencia y solidez, de manera que es realmente difícil (por no decir imposible) convencer a quien lo experimenta de su error o falsedad.

La diferencia con las alucinaciones, es que estas son percepciones sensoriales falsas, muy vívidas, con las que la persona que las experimenta interactúa o tiene una reacción a ellas (es decir, ve, oye, huele… cosas o personas que no existen o no están presentes y actúa tal y como si estuvieran ahí). Los desvaríos, en cambio, están basados en ideas, pensamientos o opiniones, si bien tampoco se corresponden a la verdad.

Todos poseemos nuestras opiniones, puesto que son la base de de qué manera comprendemos el planeta, y son muy personales, aunque en ocasiones logren ser erróneas o no exactas. Sin embargo, en el momento en que las funciones cognitivas están preservadas, disponemos la capacidad de controlar la predominación que nuestras opiniones tienen en nuestra vida y nuestro accionar, algo que pierden la gente que sufren alguna forma de demencia, como en el Alzheimer. Es en ese caso en el momento en que las falsas creencias se convierten en un problema.   

Los delirios en el proceso de demencia

La aparición de delirios en el proceso de demencia es muy variable. En primer lugar, de la misma las alucinaciones, los delirios suelen ser más usuales en ciertos géneros de demencia que en otros. Por servirnos de un ejemplo, en la demencia por cuerpos de Lewy o en la debida a la patología de Parkinson, son bastante más frecuentes que en la adecuada a enfermedad de Alzheimer.

Aun de este modo, es probable que un individuo con Alzheimer manifieste desvaríos en algún instante de la enfermedad. Tienden a ser transitorios, en el transcurso de un período, comunmente en fases moderadas o avanzadas, pero pueden ser causa de importante agobio y desconcierto para las personas cuidadoras u otras del entorno próximo. 

Los delirios se producen a consecuencia de la nosología cerebral propia de la enfermedad y de sus alteraciones cognitivas. Pero hay que tomar en consideración asimismo que existen algunas posibles causas desencadenantes que, actuando sobre ellas, tienen la posibilidad de contribuir a minimizar su aparición. Por servirnos de un ejemplo, un entorno con excesiva estimulación, por haber muchas personas, alto nivel de estruendos, desmesurados estímulos, espacios desconocidos, o variantes relevantes en las prácticas… Estos y otros factores, pueden beneficiar que la persona con Alzheimer manifieste desvaríos desde una interpretación errónea de ciertos hechos. 

Algunas formas de delirio que se tienen la posibilidad de presentar en la enfermedad de Alzheimer

El desvarío puede manifestarse de muy diferentes formas. Explicamos aquí algunos de los que, con determinada frecuencia, aparecen a lo largo de la evolución de la enfermedad de Alzheimer, que suelen estar bajo la manera de la llamada “paranoia” o “desvaríos obsesos”.  

Sentir que se le quiere perjudicar o llevar a cabo daño

Con frecuencia, los problemas de memoria característicos de la demencia y la confusión que se pueden generar, están en la base de una actitud de sospecha y desconfianza de la persona con Alzheimer hacia los demás que, en el momento en que toma un cariz de firme creencia sin estar sustentada en la verdad, se transforma en un delirio paranoico.

Por ejemplo, la persona quizás no recuerda dónde dejó su monedero o algún otro enser personal. Pero, debido a la carencia de conciencia de su propia enfermedad y de sus síntomas (lo que se conoce como anosognosia), va a explicar su pérdida al hecho de que alguien le ha robado, y estará firmemente persuadida de esto. 

Otra expresión del delirio paranoico, entre las diferentes formas en que puede verse, puede ser interpretar que las pastillas que se le dan para que tome suponen un intento de intoxicación, por no comprender que son el régimen de una patología que no reconoce. O pensar que le desean envenenar con la comida, y negarse a comer. 

Síndrome de Capgras o opinar en una suplantación de identidad

Esta es una manera concreta de desvarío que, aunque es mucho más recurrente en otras maneras de demencia, como en la enfermedad por cuerpos de Lewy, asimismo puede aparecer en la enfermedad de Alzheimer. El síndrome de Capgras forma parte de los llamados “síndromes de falsa identificación” y radica en opinar que un individuo cercano es a veces suplantado por un impostor o un doble idéntico a él. Con cierta frecuencia, la persona “suplantada” o “duplicada” es el cuidador principal. 

Otras manifestaciones surrealistas o conductas derivadas de un viable delirio

  • Meditar que su pareja le resulta infiel
  • Opinar que un extraño vive en su casa
  • Esconder las pertenencias personales para ponerlas a buen recaudo
  • Llamar a la policía para denunciar un hurto inexistente
  • Negarse a abrir la puerta o atender llamadas telefónicas

Hay que tener en cuenta que la realidad que percibe la persona con Alzheimer suele ser otra muy distinta a la nuestra. Por este motivo, es normal no entender el fundamento del delirio, en tanto que frecuentemente escapa a toda lógica aplicable. A resultas de estas opiniones, la persona enferma puede acusar a alguien, a menudo de su entorno próximo, de estar urdiendo estas artimañas hacia ella, mostrándose de forma frecuente irritable o, incluso, agresiva.  

¿De qué manera actuar ante los delirios de una persona con demencia?

Tal y como hemos explicado, los desvaríos son ideas firmes que no están basadas en la realidad, pero, para la persona con demencia, son completamente algunas y no suele contestar como aguardaríamos a argumentaciones fundamentadas en la razón. Si bien no existe ninguna fórmula infalible, sugerimos aquí ciertos consejos para abordar estas ocasiones

    • Sostener la tranquilidad. Aun conscientes de que las falsas acusaciones y la actitud insociable por la parte de la persona con Alzheimer puede ser dolorosa y difícil de cuadrar, es esencial rememorar todo el tiempo que no es una cuestión personal y que su conducta está mediada por la enfermedad. 
    • No debatir. Como estable creencia y para ella totalmente real, la persona que tiene el desvarío no va a cambiar de idea por más que se le intente argumentar desde la lógica. 
    • Ofrecer seguridad. Sin entrar a ofrecerle la razón, tratar de accionar de manera que sienta que se le asistencia, a buscar lo que cree que le han robado, a obtener algo igual (por servirnos de un ejemplo, intentando tener, siempre y cuando resulte posible, artículos de substitución), o mostrándole qué medidas tomamos en el hogar para prevenir la entrada de extraños. 
    • Enseñar afecto. Muchas opiniones delirantes producirán angustia y sensación de desprotección a la persona con Alzheimer, que a veces tienen la posibilidad de verse disminuidas desde un trato afectuoso. Pero que, al unísono fortalezca la seguridad, con expresiones como “debe ser horrible la sensación de que te quieren realizar daño, pero yo te cuidaré a fin de que eso no ocurra, pues te quiero mucho”.
  • No hacerle broma ni reñirle. Una vez más, por absrudas que parezcan sus ideas, tenemos que recordar que, para la persona con demencia, son totalmente algunas. 
  • Distraer su atención. De forma frecuente, entre las tácticas que asisten a que se evada de su falsa creencia es implicar a la persona en alguna actividad que sea de su gusto y, particularmente, relajante, como puede ser escuchar música personalmente importante. 
  • Accionar desde la empatía. Intentar ponerse en su lugar y comprender que su situación es muy distinta a la nuestra, haciendo el esfuerzo de trasladarse a ella. Ello ayudará a comprender que sus conmuevas y sentimientos son consecuencia de lo que la persona vive como una situación.
  • Comunicar con otros la incomodidad y supervisar la ansiedad. Ciertas formas de desvaríos pueden suponer un enorme desasosiego para los familiares y, particularmente, para quienes cuidan a la persona con Alzheimer. De ahí que, es importante comunicar con otros las conmuevas o sentimientos que estas ocasiones generan y recurrir asimismo a técnicas para controlar la ansiedad

La conducta delirante como señal de alerta

Si bien tienen la posibilidad de ser una parte de la sintomatología caracteristica de la enfermedad de Alzheimer, no hay que subestimar los delirios, particularmente, en el momento en que su aparición súbita o reiterada en ciertos contextos, logren resultar sospechosos de:

  • Un cambio en el estado general de salud (tal vez debido a una infección o a otro inconveniente médico) o un efecto secundario de alguna medicación. Si se tiene alguna duda al respecto, es esencial solicitar una consulta médica cuanto antes.
  • Una viable situación de abuso, engaño o cualquier otra forma de trato inapropiado hacia la persona con Alzheimer. Particularmente en el momento en que no se vive o no se pasa todo el día con la persona con demencia, no hay que desestimar de forma automática la posibilidad de que, realmente, pueda estar siendo víctima de alguna mala práctica. Es recomendable, frente según qué mensajes, efectuar una discreta indagación en su ambiente, sin culpar a absolutamente nadie a priori, antes de asumir directamente que son fruto de un delirio.

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