Mantener la mente activa y impedir el Alzheimer, ¿qué hay de determinado?

El enfrentamiento sobre artículos comerciales basados en la premisa de una mente activa, de forma frecuente referidos como “juegos cerebrales”, para la prevención del Alzheimer o de la demencia tiene una larga trayectoria en el ambiente científico y profesional. Con frecuencia, se emplean reclamos de publicidad que explicitan unas promesas que poco tienen que ver con una sólida evidencia científica. En el presente artículo, vamos a adentrarnos en ello y reflexionaremos sobre cómo  mantener la cabeza activa como una parte de la promoción de la salud cerebral y la prevención del Alzheimer y de la demencia. 

 

Debate público entre expertos sobre la industria de la “mente activa”

Hace unos años se realizó pública una declaración de consenso entre 76 psicólogos y neurocientíficos, promovida por el Stanford Center on Longevity y el Berlin Max Planck Institute for Human Development, con el título de “Un consenso de la Comunidad Científica sobre la industria del entrenamiento cerebral”. Unos meses después, este consenso fue respondido a través de una carta firmada por otros 127 investigadores y especialistas del mismo campo. 

El origen de estos posicionamientos proviene de la idea de que el envejecimiento de la generación del “baby boom” trae consigo crecientes preocupaciones sobre la potencial pérdida de capacidades cognitivas. De manera frecuente se ha respondido a este suceso con modelos comerciales que ofrecen resoluciones, en teoría basadas en la evidencia científica, con apariencia de modelos bajo el paraguas de “juegos cerebrales” para mantener la mente activa.

En este mercado, los anuncios aseguran a los consumidores que sus reclamos y promesas están basados en la evidencia científica, ya que los juegos fueron “diseñados por neurocientíficos” de reputadas universidades y centros de investigación. Ciertas compañías presentan listas de consultores científicos acreditados y mantienen registros de estudios científicos relativos al entrenamiento cognitivo. Frecuentemente, no obstante, la citada investigación solo está tangencialmente relacionada con las promesas “científicas” de la compañía y de los juegos que venden. Además, incluso los estudios revisados por expertos meritan una evaluación crítica.

Los firmantes de una y otra declaración están de acuerdo en muchas premisas, pero no en todas y cada una. Por ejemplo, quienes apoyan la carta de contestación a la declaración de consenso, expresan su preocupación de que se pueda finalizar, equivocadamente, que no hay prueba de que ningún régimen de entrenamiento cognitivo pueda prosperar la función cognitiva. La búsqueda de medios efectivos para mitigar o posponer el declive cognitivo asociado a la edad llevó a admitir la enorme dificultad de la cuestión. 

Dividir el grano de la paja no en todos los casos es sencillo

Los resultados esperables de emplear ciertos artículos para la promoción de una mente activa se fundamentan en que el entrenamiento cognitivo genera actualizaciones estadísticamente importantes en otras tareas cognitivas administradas en el contexto en fase de prueba. Ciertos estudios muestran que tales ganancias tienen cierta durabilidad, mientras que otros informan de que se disipan en el tiempo.

En la promoción comercial, estos pequeños y limitados desenlaces, con frecuencia, se muestran como novedades en general y duraderas de la cabeza y del cerebro. Esta práctica comercial combativa, y fundamentada en reclamos exagerados, lleva a los usuarios a invertir dinero en determinados artículos poniendo en ellos altas expectativas.

Muchas veces, resultados iniciales, basados en muestras pequeñas, generan una comprensible emoción al sugerir que ciertos “juegos cerebrales” pueden impulsar aspectos cognitivos y conductuales concretos y también, incluso, alterar las estructuras y funcionalidades cerebrales relacionadas. Sin embargo, la evidencia convincente de efectos positivos y duraderos en la manera en que envejecen las mentes y los cerebros aún es imprecisa. A esto, hay que agregarle que los desenlaces negativos se acostumbran a divulgar menos

Todo ello no quiere decir que el cerebro no sea dúctil. Cualquier nueva experiencia que requiera un esfuerzo, como estudiar un nuevo idioma, comprar una capacidad motora, desenvolverse en un nuevo entorno y, sí, jugar a “juegos cerebrales” comerciales, producirá cambios en los sistemas neurales que favorecen la adquisición de la novedosa habilidad, como un incremento del número de sinapsis, o de neuronas y células de soporte, o un fortalecimiento de las conexiones entre ellas.

Sobre la base de teorías y estudios científicos, se sosten la hipótesis de la reserva cognitiva, según la cual, y cada vez con mucho más solvencia aportada por la investigación, la actividad cognitiva puede reportar virtudes estructurales y funcionales al cerebro, amortiguando o retrasando los efectos de la neuropatología en la cognición.

La fórmula del envejecimiento saludable va alén de sostener la cabeza activa

Medir el efecto de ciertas intervenciones en ocasiones resulta muy complicado, en especial de aquellas intervenciones complejas similares con el estilo de vida o que tienen que ver con la interacción de distintas ocupaciones (pasear con amigos, conocer museos, actividades de voluntariado, ayudar a conferencias…), si bien hay diversos estudios, recientes y en marcha, de prominente rigor científico, al respecto.

Como es natural, medir los efectos de esta clase de ocupaciones es mucho más difícil que los derivados de el consumo de una medicación comparándolo con un placebo. Valorar una herramienta cierta de entrenamiento cognitivo o de promoción de la cabeza activa puede ser más simple que evaluar una intervención popular complicada. Pero, aun así, de manera frecuente hay factores difíciles de supervisar que pueden influir en los desenlaces. Por eso, hay que eludir también caer en la interpretación un poco simplista de atribuir a falta de efectividad la sepa de prueba medida por un único patrón de ciertas intervenciones. 

La investigación científica apunta poco a poco más a que el “éxito” del envejecimiento depende en buena medida de los efectos en un largo plazo de un modo de vida activo y saludable, en el que procurar una mente activa es solo uno de los distintos pilares en los que se basa la promoción de un cerebro sano.

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