Memoria y olvido: ¿por qué olvidamos?

La relación entre memoria y olvido es incuestionable. No podemos charlar de la memoria sin charlar del olvido. Olvidar no es malo. De hecho, es necesario y bueno. Imaginemos que pudiéramos recordar cada minuto y cada aspecto de nuestra vida. Indudablemente sería insoportable y no resultaría efectivo en el momento en que en algún momento quisiéramos recobrar una información concreta.

De todos modos, lo que nos preocupa es olvidar cosas que consideramos esenciales y que nos resultan útiles para nuestra vida cotidiana. Conforme envejecemos, el funcionamiento de nuestro cerebro va cambiando y no disponemos precisamente exactamente las mismas capacidades que de jóvenes. Pero esto no quiere decir que algo vaya mal. No hay nada extraño en olvidar de forma ocasional fechas señaladas o cometer errores puntuales en ocupaciones rutinarias. Nos pasa a todos. No debemos estar preocupados si somos plenamente conscientes de ello y no supone un inconveniente para el avance habitual de nuestras ocupaciones diarias.

Memoria y olvido: teorías del olvido

Pero, ¿por qué razón se producen estos olvidos? Hay diferentes teorías del olvido y aproximaciones científicas que lo explican. Estas son las primordiales:

  • El fracaso al evocar
  • La interferencia
  • El fracaso en el registro o la codificación
  • El olvido animado

El fracaso al evocar

Probablemente todo el mundo haya tenido alguna vez la sensación de que algún apunte se ha evaporado de su memoria o, la certeza de saber algo, pero no ser capaz de recuperarlo. Esto pasa a consecuencia de un fallo en el momento de evocar o recuperar la información.

Una teoría del olvido que explica por qué sucede o sea la teoría del decaimiento. Según esta, toda vez que se aprende algo se crea un nuevo trazo amnésico que, si no se evoca ni es recreado a lo largo de un buen tiempo, decae, se debilita y puede llegar a desaparecer, con la coherente pérdida de información. Esto puede pasar, por servirnos de un ejemplo, en el momento en que deseamos realizar alguna operación matemática que nos resultaba fácil cuando éramos pequeños (una raíz cuadrada, una regla de tres, etcétera) o recitar los afluentes de un río.

Cuando hace un buen tiempo que no se recupera o no se ejerce una información, puede ser realmente difícil, e inclusive irrealizable, evocarla de una forma efectiva. Eso sí, si deseamos reaprender esta información, como ya la adquirimos previamente, normalmente nos resultará más fácil que la primera vez.

De todas maneras, esta teoría tiene sus restricciones, ya que también se demostró que ciertas aclaraciones que no se han recordado ni evocado durante bastante tiempo, pueden mantenerse estables a largo plazo.

A veces, el fracaso a la hora de evocar la información de la memoria se puede deber a inconvenientes o situaciones momentáneas. Por ejemplo, si nos encontramos nerviosísimos, estresados o preocupados por alguna cosa, el ingreso a la información se puede bloquear. Probablemente en otro instante más tranquilo y calmado la información se pueda recuperar con más facilidad.

La interferencia

Esta teoría sugiere que algunas memorias compiten e interfieren entre sí. En el momento en que algunas informaciones son muy parecidas, es fácil que haya interferencias entre ellas y que se produzcan confusiones. Esto pasa en el momento en que una información vieja que poseemos almacenada nos dificulta rememorar datos mucho más recientes, como en el momento en que se aprende un idioma nuevo o se evocan palabras de otra lengua que se domina. En un caso así se trata de una interferencia proactiva.

Asimismo, se produce interferencia en el momento en que el registro de una información novedosa interfiere en la capacidad para recordar una información que ya habíamos aprendido. Por servirnos de un ejemplo, cuando nos hemos familiarizado con el manejo de un nuevo modelo de móvil y un día necesitamos utilizar el viejo, nos cuesta recordar de qué manera se empleaba. Este es un caso de muestra de interferencia retroactiva.

El fracaso en el registro o la codificación

A veces creemos que hemos olvidado una información que, de todos modos, jamás llegó a ser parte de la memoria en un largo plazo. Es lo que ocurre cuando, en el instante de registrarla, no hemos prestado bastante atención, bien pues algo nos ha distraído o por el hecho de que la información que nos daban no nos interesaba o nos motivaba lo suficiente. Para que una información pueda crear una cuenta apropiadamente, es conveniente garantizar que los sentidos y la atención estén bien activos.

El olvido animado

Otras veces y aunque sea de una forma inconsciente, participamos activamente en el olvido de ciertos hechos, sobre todo los de naturaleza traumática o perturbadora. De esta manera, intentamos evitar o minimizar el impacto sensible negativo que puedan tener. En el campo de la psicoterapia, en ocasiones se trabaja para recuperar estas formas de supresión o represión de memorias para lograr tratar los síntomas sicológicos asociados a ocasiones traumáticas o especialmente desapacibles que se han vivido.

El olvido, ya que, asimismo forma parte del desempeño cotidiano normal. Solo cuando los inconvenientes de memoria suponen un cambio relevante respecto a cómo hemos estado siempre, o en el momento en que interfieren en el desarrollo de las tareas cotidianas – y no lo atribuimos a un momento de estrés o situaciones pasajeras – sería preciso soliciar la opinión de un profesional.

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