¿Por qué razón el cuidador en ocasiones es reticente a pedir ayuda?

A veces los cuidadores familiares de personas con Alzheimer se autoimponen limitaciones en el instante de soliciar asistencia, pensando que el cuidado de su allegado es completamente su responsabilidad y que no deben cargar a absolutamente nadie con sus inconvenientes. Pueden meditar, asimismo, que nadie va a estar presto a asistir, o que no van a saber de qué forma hacerlo. En otras ocasiones, los cuidadores tienen la posibilidad de sentir vergüenza al solicitar acompañamiento, o sentirse culpables por pensar que es un rastro de debilidad o de falta de competencia.

seguramente, del ambiente mucho más próximo se puede recibir mucho más ayuda de la que uno piensa. Pero, para esto, hay que pedirla y, lo que es más esencial, saber cómo solicitarla.

Reticencias a soliciar ayuda

Ideas preconcebidas o pensamientos, a menudo distorsionados o poco realistas, tienen la posibilidad de llevar al cuidador principal a verse reticente a pedir ayuda. Algunos ejemplos son:

  • Ofrecer como es natural que el ofrecimiento de asistencia debería venir del resto. El cuidador debe entender que si no explica la situación y sus consecuencias es difícil que los  demás se den por enterados y que, espontáneamente, ofrezcan ayuda.
  • Estimar que el cuidado de la persona perjudicada es exclusivamente su responsabilidad. Ejercer el rol de cuidador primordial no está reñido con comunicar ciertas parcelas de la atención que la persona enferma precisa y con que otras personas, adecuadamente informadas, asuman ciertas funciones.
  • Pensar que el resto están muy ocupados y no estimar molestar. El cuidador ha de rememorar que también tiene derecho a disponer de algo de tiempo para sí mismo, igual que el resto.
  • Interpretar el pedir asistencia como rastro de debilidad. El cuidador debe de entender que tener ayuda es primordial para poder proteger de sí mismo y de su familiar dependiente, y que esto resulta necesario para tener la fortaleza necesaria para sobrellevar de la mejor manera su día a día.
  • Haber pedido ayuda en alguna ocasión y no haber conseguido la contestación esperada. Quizás no se solicitó la ayuda de forma correcta, a la persona mucho más indicada o en el instante oportuno, pero eso no es fundamento para no estudiar a soliciar asistencia de forma eficiente y volverlo a procurar.
  • Opinar que nadie va a saber proteger o atender a su familiar tan bien como ellos. El día a día con la persona con Alzheimer piensa un aprendizaje continuo y una adaptación incesante a la persona perjudicada. Indudablemente, el cuidador primordial es quien mejor puede  atender a la persona afectada, por ser quien mejor conozca su accionar y sus pretensiones. Aún así, o si realizan necesidades específicas y bien dirigidas, es viable recibir apoyo en instantes determinados y ganar así en autonomía y tiempo para uno mismo.

Distinción entre responsabilidad y culpa

En ocasiones, un obstáculo para pedir asistencia es confundir los conceptos de responsabilidad y culpa. La responsabilidad hace referencia a la obligación ética de llevar a cabo o decidir sobre alguien o sobre algo, asumiendo las secuelas que se pueden derivar de la propia forma de accionar. La culpa, como emoción, tiende a estar muy relacionada a la percepción de responsabilidad. Es un sentimiento que se experimenta ante un hecho no esperado que se estima que fué el resultado de algo que uno hizo o que no ha hecho.

Aunque la responsabilidad de la atención a un familiar con Alzheimer recaiga fundamentalmente en su cuidador principal, es importante entender que no todo aquello que no conduzca a su máximo bienestar se deba a, ni mucho menos, la manera de accionar del cuidador y que, por consiguiente, sea su “culpa”.

Si bien soliciar y recibir ayuda pueda parecer algo simple, acostumbra requerir de un desarrollo de aprendizaje. Tanto la salud del cuidador como la calidad de los cuidados que ofrezca a su familiar pueden depender, en buena medida, de saber soliciar ayuda y, asimismo, de saber admitirla.

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