Provecho del ejercicio físico para nuestra salud cerebral

Mens sana in corpore sano es una expresión de un poeta romano, llamado Juvenal, que vivió en el siglo II AC. Aunque ha llovido mucho desde entonces, no fué hasta hace relativamente poco tiempo que la ciencia le da la razón. Las ventajas del ejercicio, por ejemplo, repercuten no solo en la salud de nuestro cuerpo, sino también en la de nuestro entendimiento.

Actualmente todos entendemos y admitimos que la práctica regular de deporte puede prevenir enfermedades cardiovasculares. Pero, ¿podemos impedir asimismo las patologías del cerebro con el ejercicio físico? ¿Es verdad que la práctica de deporte asimismo nos asiste a frenar el Alzheimer?

Coloca el corazón para cuidar tu cerebro

Invertir tiempo en hacer ejercicio es invertir en salud, ya que asiste para sostener a raya un buen número de enfermedades. Entre ellas las del cerebro.

En las modificaciones cerebrales que se generan con la enfermedad de Alzheimer, hay un claro componente vascular, o sea, de la correcta irrigación sanguínea. Ello indica que la salud cardiovascular tiene una repercusión directa en la salud cerebral. De ahí que uno de los beneficios del ejercicio físico sea, también, proteger el cerebro.

Por todo ello, el deporte, o cualquier actividad física, como caminar o bailar y, en especial si se efectúa en conjunto, es recomendable para supervisar el peligro de sufrir Alzheimer. Los expertos coinciden en que entrenar un deporte puede ayudarnos a ganar fuerza, agilidad, flexibilidad y resistencia cardiovascular. Esto último nos ayuda a sostener alejadas enfermedades como la hipertensión, la diabetes, la hipercolestorlemia y la obesidad.

Otro de los beneficios del ejercicio físico es que es una espléndida ocasión para relacionarse con otra gente, aportándonos los beneficios de la socialización para la salud mental y cognitiva.

No he hecho nunca deporte, ¿por dónde empiezo?

Jamás es tarde para comenzar y también incorporar en nuestras rutinas del día a día espacio para la actividad física, sin necesidad de que suponga un gran esfuerzo. Cualquier actividad física que se ajuste a nuestras condiciones personales y médicas y que, además, nos resulte interesante, nos reportará beneficios.

En general, los especialistas recomiendan dedicar dos horas y media por semana (por ejemplo, media hora cinco o mucho más días por semana) a la realización de una actividad física moderada, como caminar a buen ritmo, ocupaciones de jardinería, ejercicios aeróbicos en el agua, o bailar, o una hora y cuarto semanal si es mucho más intensa, como por servirnos de un ejemplo correr, subir escaleras o nadar.

Antes de empezar con cualquier tipo de actividad, es conveniente tomar en consideración lo siguiente:  

  1. Elegir una actividad que nos motive. Es esencial que nos decidamos por algo que nos resulte satisfactorio. Si nos demandamos entrenar un deporte que no nos atrae, lo mucho más probable es que dejemos de llevarlo a cabo tras poco tiempo.
  2. Comenzar de forma progresiva. Hay que comenzar de a poco las rutinas deportivas y, si contamos dudas sobre nuestras habilidades, consultar siempre y en todo momento a un experto. Ante cualquier dolencia, un largo periodo de tiempo de poca o ninguna actividad física, o por cuestión de edad, hay que preguntar con el médico de familia antes de ponerse a entrenar la actividad y proseguir sus consejos.
  3. Adaptar el ejercicio a nuestras necesidades. Para que las ventajas del ejercicio físico sean verdaderamente positivos, va a ser indispensable amoldarlo, no solo a nuestras capacidades físicas, sino más bien asimismo a nuestra disponibilidad.
  4. Usar la ropa y el zapato adecuados. Si acudimos a una clase de gimnasia o de yoga, lo más posible es que el responsable ahora nos aporte información sobre el tipo de ropa y calzado más adecuados. No obstante, y por lo general, lo más recomendable es utilizar ropa y calzado de deportes cómodos.
  5. Hidratarse. Es esencial beber agua a lo largo de la realización de la actividad física para mantener la hidratación corporal. No se debe esperar a tener sed. Lo ideal es tomar pequeñas proporciones recurrentemente.
  6. Defendernos del sol y evitar las horas de sobra calor. Si vamos a practicar una actividad al aire libre, es importante protegerse del sol y, si es en verano, evitar las horas de más calor.

Provecho del ejercicio físico en tus rutinas diarias

Cabe la posibilidad de que no nos apetezca apuntarnos a un gimnasio, salir a correr o entrenar natación. O que no dispongamos de tiempo para esto.

Hay que tomar en consideración, eso sí, que hacer algo es siempre y en todo momento mejor que no hacer nada. Podemos examinar las opciones que nuestro día a día nos puede prestar para llevar un modo de vida activo y disfrutar, de esta manera, de los beneficios que nos aporta el ejercicio físico.

Salir a caminar es una actividad sencilla y económica, pero que puede resultar muy divertido y ventajosa. Además, tenemos la posibilidad de explotar los desplazamientos diarios para incorporarla en nuestra rutina, por servirnos de un ejemplo, bajando alguna parada antes del medio de transporte que usemos, o subir por las escaleras en lugar de usar el ascensor.

Muchas de las ocupaciones diarias suman minutos de actividad física, como las tareas del hogar, jugar con los pequeños, moverse en bicicleta… Es bueno tenerlas en cuenta y potenciarlas para aumentar nuestro nivel de actividad física.

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