qué es, especificaciones y funcionamiento en la niñez

Los pequeños y niñas no juzgan igual que nosotros, algo que es obvio pero ¿de qué manera se sugieren lo que está bien y lo que está mal? Realmente no se lo plantean, sino que lo aprenden. Se les inculca unas reglas sociales y admiten que tienen que cumplirlas.

Antes de los 9 años los pequeños piensan en concepto de moral heterónoma, o sea, su ética se basa en la aceptación de unas reglas ajenas que consideran que, en caso de infringirlas por el fundamento que sea, es sin lugar a dudas un acto que debería traer consigo secuelas.

Tratar de sintetizar en unas escasas oraciones introductorias lo interesante que es la moral heterónoma es algo difícil y por este motivo invitamos a continuar leyendo para comprenderla mucho más intensamente.

¿Qué es la moral heterónoma?

La moral heterónoma es la manera que adopta la ética de los niños a lo largo de sus primeros años de vida. Esta ética se apoya en la aceptación de reglas ajenas como si fuesen absolutas, en lugar de detallar un código de conducta propio, apoyado en sus opiniones y experiencias como es el característico que se adopta en etapas mucho más maduras de su avance.

Los niños y niñas de edades inferiores a 9 años estiman que las reglas que les son impuestas desde fuera tienen que cumplirse sin ponerlas en duda. Ven a las normas como algo sagrado, inmodificable y a obedecer al margen de como sea su contenido.

En este género de moral los niños y niños que la manifiestan evalúan los actos no por su naturaleza o ética detrás, sino más bien por la necesidad de obedecer a la autoridad de los mayores. Los sujetos con este tipo de ética que se deben obedecer las normas que imponen los mayores porque consideran que es bueno lo que les mandan y malo lo que les prohíben. En definitiva, la ética heterónoma es la ética que se da en individuos que no se cuestionan las reglas que proceden de una cierta autoridad.

La ética heterónoma fue estudiada por primera vez por el psicólogo suizo Jean Piaget, quien se interesó en descubrir por qué razón los niños se comportaban de la forma en cómo lo hacían. Dentro de este objeto de estudio se halló también su interés por la manera en de qué forma comprendían la ética, preguntándose cómo los niños comprenden las reglas, qué piensan sobre la compromiso individual y qué concepto de justicia tenían.

Pensadores, psicólogos y otros investigadores han estado singularmente interesados en el avance de la ética. Se estima que entendiendo la manera en cómo se lleva a cabo nuestra moral y de dónde procede, cómo cambia en los pequeños conforme van medrando, nos pueden contribuir a entender nuestra propia ética y la manera donde se muestran las normas morales en la sociedad una vez ahora somos mayores.

¿De qué forma surge este tipo de moral?

La moral heterónoma es la que se da en la mente de los niños y niñas cuando empiezan a pensar sobre el funcionamiento de todo el mundo, y sigue hasta los 9 años aproximadamente si bien frecuenta desaparecer entre los 6 y 8 años.

Antes de lograr esa edad, los niños no se cuestionan lo válidas o justas que son las normas y las reglas sociales que han heredado de sus progenitores, sino las aceptan de manera ciega.

Está relacionada con el realismo moral que, de hecho, se considera un patrón de pensamiento derivado de este género de moralidad. Los niños creen que las obligaciones y los valores de una persona están determinados por la regla, sin tomar en consideración componentes tales como el contexto y las probables intenciones que hayan implicado realizar una determinada conducta, aunque esta implique algún tipo de infracción o violación de una norma.

Esta forma de comprender lo moral y lo que es correcto debe ver con dado que todavía no hayan creado la capacidad de ponerse en el lugar de los demás (mentalismo) y, por consiguiente, los niños no pueden entender qué motivos pueden haber hecho que una persona se salte ciertas reglas. En su cabeza, quien no cumple una norma es alguien que hizo algo malo, y eso no es debatible.

Añadido a esto, en esta temporada no disponen de un sentido crítico, con lo cual no tienen la capacidad de cuestionar las expresiones de sus progenitores y otros referentes. Esto se traduce en que consideran que todo lo que dicen los mayores es preciso, debe respetarse y no hacerlo tiene que suponer siempre secuelas negativas. Admiten ciegamente lo que les dicen por el hecho de que creen que las personas mayores son infalibles. No conciben la idea de que una persona adulta tan importante como su padre, su madre, su maestra o sus abuelos logren errar.

Son todos estos aspectos característicos de los pequeños menores de 9 años los que nos sirven como claves para entender por qué aparece la ética heterónoma, una ética que como su nombre recomienda “viene de fuera”, les es introducida.

Sin embargo, al cumplir la década de edad empiezan a darse cambios en las estructuras de pensamiento que hacen que el niño deje de ver las reglas como algo inflexible y absoluto. Por este motivo, pre-adolescentes y adolescentes sí cuestionan las normas, entendiendo que las reglas no son verdades absolutas sino más bien imposiciones sociales, siendo este el nacimiento de la ética autónoma.

Las características de la moral heterónoma

La moral heterónoma difiere bastante de la autónoma, siendo la primera la propia antes de cumplirse los 9-10 años de edad y la segunda la que viene después. Son varias las características del realismo moral que podemos resaltar.

1. Aceptación de reglas ajenas

El aspecto mucho más distintivo de la moral heterónoma es dado que los pequeños y niñas admiten automáticamente todas las reglas y creencias que les son impuestas, especialmente si se las inculcan sus padres, maestros, tutores legales o cualquier otro adulto de referencia.

Esto es ya que en la infancia vemos a nuestros progenitores como verdaderas autoridades, personas que jamás se equivocan y que tienen un poder natural sobre sus hijos. Sus expresiones no se ponen en duda y es por ese fundamento que todo cuanto comenten los mayores será tomado como una regla absoluta e incuestionable.

2. Castigo como consecuencia de la infracción

En contraste a la moral autónoma, en la que quien la posee se preocupa mucho más de si una acción es éticamente justificable o no, en los pequeños con moral heterónoma lo frecuente es que se preocupen de obedecer para eludir el castigo a toda costa. A estas edades los pequeños interpretan que saltarse una norma o llevar a cabo algo que les dijeron que es malo implica siempre secuelas negativas.

Cuanto mucho más severo sea el castigo, peor será vista la acción que les han dicho que está mal. En este tipo de pensamiento no se tiene en cuenta los probables motivos que hayan hecho que una persona haya cometido una infracción, sino más bien el hecho de que haya cometido esa infracción.

En la etapa de la ética heterónoma se ve al castigo como algo automático y natural. Los niños y pequeñas entienden la justicia como una especie de venganza, algo que se basa en el principio de retribución más básico como el “ojo por ojo”.

Por este motivo, si alguien comete una infracción, un individuo que piense en concepto de ética heterónoma creerá que habrá de ser castigado inevitablemente, sin plantearse en ningún instante la posibilidad de librarse de cualquier consecuencia negativa.

3. Escasa relevancia en la intencionalidad

Los niños con ética heterónoma no toman como importante la intencionalidad que pueda haber tras la comisión de una cierta infracción. La principal medida de la gravedad de cómo de incorrecta fué la infracción es lo dañina que haya sido esa propia infracción. O sea, cuanto mayor sea la infracción, mucho más moralmente reprobable va a ser.

Para que lo comprendamos: un niño de 8 años va a ver como mucho peor que su hermano haya roto la vajilla de cerámica de la abuela de manera accidental que no que su otro hermano haya cogido un plato y lo haya roto a posta. Al niño de 8 años la intencionalidad le da igual, lo importante es cuántos platos rotos haya.

Esta forma de pensar de no apreciar visto que haya sido un accidente o no es por el hecho de que todavía no es capaz de ponerse en el sitio de la otra persona. No puede apreciar sus intenciones ni tampoco el peso que tiene sobre lo que hace.

Los niños en etapa de ética heterónoma estiman que el castigo debe ser proporcional al daño producido, al margen de si ha habido intencionalidad o no. No obstante, pasados unos años y entrados en la etapa de moral autónoma, la intencionalidad toma mucho más peso en el momento de juzgar las acciones ajenas y, en consecuencia, se toma como factor esencial a la hora de estimar si un castigo es oportuno o no.

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