qué es, fisiología, y de qué manera se analiza

La exploración neurológica es, adjuntado con la anamnesis, la base del diagnóstico de las nosologías del sistema nervioso. Más allá de que se tienen la posibilidad de efectuar muchas pruebas complicadas para valorar el tono muscular y la intensidad de las contracciones, entre los primeros pasos ante la sospecha de un inconveniente a nivel del sistema inquieto siempre es cuantificar los reflejos osteotendinosos.

Estos reflejos son veloces e involuntarios, pues no pasan por el cerebro y se procesan a nivel de la medula espina. Gracias a su pluralidad y conocimiento sobre ellos, se puede detectar con mucha precisión si ocurrió algún tipo de daño en la médula espinal y, de ser de esta forma, asimismo es posible localizar la lesión con mucha precisión. En el momento en que se cuantifican los reflejos osteotendinosos, se mide la fuerza y rapidez de la contracción, tal como la simetría (o sepa de ella) de la contestación y la homogeneidad de reacción entre distintas partes del cuerpo.

En este tipo de pruebas no es tan esencial poner un número a cada reflejo del 1 al 5, pero sí cuantificar la variabilidad entre las diferentes partes y sendas neuronales en el tolerante. Con base en estas premisas tan interesantes, te lo contamos todo sobre el reflejo tricipital.

¿Qué son los reflejos osteotendinosos?

El reflejo tricipital es un género de reflejo osteotendinoso, conque antes de fijarnos en él, debemos sentar algunas bases en lo que a terminología médica tiene relación.

Los reflejos osteotendinosos son un tipo de reflejo medular, cuya ruta de acción está extremadamente circunscrita y es muy rápida. Esta clase de acciones no pasan de forma directa por el cerebro, de ahí la rapidez de la asociación entre el estímulo y la contestación.

Cuando se aplica una fuerza sobre el punto crítico del ambiente muscular, este se extiende de manera involuntaria. Entonces, el huso neuromuscular (receptores sensoriales en el músculo) mandan la señal de agobio mecánico a una neurona aferente, que a su vez entra el contacto con el centro nervioso. Los ganglios de las raíces dorsales recogen este estímulo, que se interpreta de forma directa en la materia gris de la medula espinal. Finalmente, los axones de la motoneurona salen de la médula y mandan la señal de contracción muscular.

Como puedes observar, nos encontramos ante un circuito cerrado muy circunscrito: huso-neurona aferente-médula espinal-neurona motora. Gracias a que la información no pasa por el cerebro y se interpreta siempre en exactamente el mismo nivel, es posible advertir fallos neurológicos de forma muy exacta al cuantificar los reflejos osteotendinosos. Los más importantes son los siguientes:

  • Bicipital: se inspecciona sobre la cara interna del codo.
  • Tricipital: consiste en la percusión del tríceps.
  • Estilo-radial: se percute la apófisis estiloides del radio, donde se inserta el tendón del supinador largo.
  • Cúbito-pronador: la percusión se realiza a nivel del estiloides cubital.
  • Rotuliano: el mucho más popular de todos. Se percute el tendón rotuliano, que genera un levantamiento involuntario de la pierna.
  • Aquíleo: se percute el tendón de Aquiles, que conecta el músculo de la pantorrilla en la parte de atrás de la pierna con el hueso del talón.

¿Qué es el reflejo tricipital?

Como hemos dicho, el reflejo tricipital es un género de reflejo osteotendinoso, y a su vez miotático, puesto que la conexión sináptica se hace a nivel de la médula espinal (y no del cerebro). Para valorar su funcionalidad, se aplica una fuerza sobre el tendón del tríceps, situado sobre el codo (en el olécranon). Con este reflejo se ponen en juego las raíces nerviosas C6, C7 (predominante) y C8, o lo que es lo mismo, la integridad del nervio musculocutáneo.

Para realizar esta prueba, hay que mantener el antebrazo del paciente (idealmente colocándolo sobre el muslo), con el brazo en una situación que quede a medio camino entre la flexión y la extensión. Una vez se ha alcanzado la postura deseada, hay que hallar el tendón del tríceps y percutirlo en su base de inserción.

Cuando se aplica esta fuerza repentina, se estima que el antebrazo se alargue de manera rápida. Si la sepa de movimiento es absoluta (arreflexia), se sospecha de miopatía, neuropatía, espondilosis y otras entidades clínicas de naturaleza neuromuscular.

¿Cómo se analiza en pacientes?

Con el objetivo de homogeneizar una prueba tan subjetiva como esta, el National Institute of Neurological Disorders and Stroke inventó una escala numérica aplicable en todos y cada uno de los casos. Una vez se genera la percusión en el tendón de interés, se cuantifica la contestación con base en los próximos factores:

  • 0: no hay contestación alguna, cuadro considerado como arreflexia.
  • 1: existe reflejo, pero muy poco evidente y menos pronunciado de lo común. Incluye una traza de contestación o, en su defecto, una contestación que aparece con refuerzo.
  • 2: el reflejo se produce, pero está bajo la “mitad” aguardada o el rango habitual.
  • 3: el reflejo se produce, por encima de la “mitad” aguardada o el rango normal.
  • 4: el reflejo se genera, más de lo común. Pueden manifestarse clonus, contracciones involuntarias y rítmicas del entorno muscular tras su estimulación.
  • 5: no en todos los casos se utiliza, pero esta categoría puede reflejar clonus sostenidos.

En dependencia del resto de respuestas, se puede considerar como “normal” un reflejo tricipital entre el 2 y el 3, siempre y cuando se genere de esta manera en los dos planos corporales (brazo izquierdo y derecho). Un valor 0 se concibe como arreflexia, mientras que un valor 4-5 es una hiperreflexia.

Además de esto, se puede destacar que todos estos valores se puede circunscribir aún más con un (+) o un (-), reflejando que el cuadro del paciente se encuentra entre dos de las cifras. Como podrás imaginar, un 3+ y un 4- pueden ser lo mismo para dos evaluadores diferentes, así que repetimos que no es tan esencial el signo y la cifra como la homogeneidad entre desenlaces dentro del mismo tolerante.

La interpretación de los desenlaces

Una arreflexia puede patentizar daños al nivel de una ruta inquieta particular o, en su defecto, una anormalidad en la espina dorsal o todo el sistema inquieto y condición general del tolerante. Sin ir más allá, algunos de los reflejos osteotendinosos son mejores predictores de la neuropatía derivada de la diabetes que muchas otras pruebas y síntomas subjetivos del tolerante.

Por su parte, una hiperreflexia puede señalar daños al nivel de las neuronas motoras superiores, mientras que la hiporreflexia o arreflexia tienden a ser indicio de lesiones en las neuronas motoras inferiores. Generalmente, se calcula que un rango 1+ a 3+ está en la normalidad si la contestación es simétrica. De todas formas, hasta un reflejo ausente puede llegar a considerarse normal en ciertos pacientes, si este no va a acompañado de otros síntomas y condiciones que dejen presuponer un problema a nivel neurológico.

A día de hoy, las neuropatías periféricas son la causa más frecuente de sepa de reflejos en la sociedad general. Los desencadenantes de esta condición son variadísimos: diabetes, alcoholismo, amiloidosis, uremia, deficiencias vitamínicas, anemia perniciosa, cáncer recóndito, presencia de toxinas en el organismo y otros muchos agentes etiológicos. Una vez se detecta una anormalidad en el reflejo tricipital (o cualquier reflejo osteotendinoso), toca asistir a más pruebas hasta ofrecer con la problemática del paciente.

Resumen y apuntes finales

Como habrás podido revisar, el reflejo tricipital (y los reflejos osteotendinosos generalmente) es fundamental para la semiología clínica, sobre todo en el momento de advertir una neuropatía del sistema nervioso periférico. Estos reflejos son muy importantes en el ámbito médico, pues al no “pasar” por el cerebro, se puede detectar el daño de manera clara en un ambiente muy concreto a la sección de implicada de la médula espinal.

Así, los reflejos son de enorme utilidad en el momento de detectar patologías, pero tienen que ir acompañados de una secuencia de pruebas accesorias para confirmar o descartar un diagnóstico. Los reflejos osteotendinosos son el primer paso para dudar de una enfermedad, pero jamás componen por sí mismos el diagnóstico terminado.

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