¿Qué son y de qué manera estimular estas habilidades cognitivas?

Muchas de las capacidades motoras que nos dejan llevar a cabo actos elementales y cotidianos están tan automatizadas y nos resultan tan fáciles, que no les prestamos ninguna atención. 

No obstante, en el momento en que se ven impactadas a causa de alguna enfermedad, como el Alzheimer, sabemos de su importancia para el desempeño en las actividades de la vida día tras día. Ese es la situacion de las praxias, similares con la ejecución precisa y coordinada de actos motores implicados en la realización de muchas ocupaciones. En el presente artículo hablaremos de ellas, de sus diferentes tipos y de de qué manera estimularlas para mantener su funcionalidad en la vida diaria el máximo tiempo posible en el momento en que el Alzheimer hace mella en ellas. 

¿Qué son las praxias?

“Praxias” es el nombre colectivo que recibe un conjunto de habilidades cognitivas que dependen de la praxis: un desarrollo neurológico por el que la cognición dirige las acciones motoras. Piensa la generación y ejecución precisa de movimientos voluntarios para la realización de una acción o la consecución de un fin determinado. Muchas son las acciones motoras cotidianas resultantes de una aceptable ejecución de las praxias, como atarse los zapatos, lavarse los dientes, utilizar los cubiertos, apretar un tornillo, soplar los cirios de un pastel o decir adiós con la mano, redactar o dibujar, por nombrar ciertas. 

Tipos de praxias

Puede parecer asombroso que sean tan diversas las acciones que se ven mediatizadas por las praxias, pero responde a que hay diferentes tipos, como los que aquí se refieren:

  • Praxias ideomotoras: en este género se incluye la realización de movimientos simples con una intención, como los gestos sociables (decir adiós con la mano, pedir silencio, llevar a cabo el saludo militar, decir que no con el dedo…).
  • Praxias ideatorias: permiten la correcta manipulación de utensilios o herramientas a partir de una organizada y precisa secuencia de acciones motoras bien coordinadas, requiriendo un preciso conocimiento de la para qué sirve y de qué manera se emplea el utensilio en cuestión. Algunas acciones que requieren de las praxias ideatorias son: peinarse, lavarse los dientes, atarse los zapatos, o cortar la carne con cuchillo y tenedor.
  • Praxias visoconstructivas: en ellas debemos considerar la aptitud de planear y realizar los movimientos necesarios para ordenar algunos elementos en el espacio con una finalidad concreta, como puede ser efectuar un dibujo, aunque sea tan sencillo como realizar un círculo, o construir algo desde sus elementos, como un rompecabezas, un puzzles o armar un kit de montaje. 
  • Praxias orofaciales: estas hacen referencia a la ejecución de movimientos intencionales o movimientos con distintas unas partes de la cara (labios, ojos, cejas, lengua, carrillos…). Este género de praxias se reflejan en actos o gestos tan simples como soplar, apretar los dientes, chascar la lengua, fruncir el ceño o dar un beso.

El conveniente desempeño de las praxias o de alguno de sus tipos puede verse perturbado como consecuencia de diferentes procesos o modificaciones que chocan la integridad del cerebro, como traumatismos craneoencefálicos, accidentes vasculares cerebrales, tumores cerebrales o enfermedades neurodegenerativas que acarrean deterioro cognitivo y demencia, como es la situacion del Alzheimer. 

¿De qué forma alentar las praxias para reducir el encontronazo de su perturbación?

La perturbación de cualquier forma de praxias se conoce como apraxia y es una consecuencia de una disfunción cerebral y, aunque su encontronazo se refleja en acciones motoras, el fallo en su ejecución no se explica por inconvenientes de movilidad física o musculoesqueléticos. 

El desarrollo práxico requiere de la concepción de la idea de lo que se quiere llevar a cabo, de la planificación de los movimientos necesarios, de nuestra ejecución precisa y ordenada y de una autoevaluación de todo ello. Y todo este proceso depende de una compleja orquestación de funcionalidades cerebrales.

Pongamos como un ejemplo la acción de dibujar un círculo: 

  1. Pensamos en dibujarlo (idea).
  2. Con el lapicero en la mano nos dispondremos a plasmarlo en un espacio preciso del papel (planificación.
  3. Aplicaremos la presión y dirección correcta de nuestro trazo (ejecución) y comprobaremos el resultado (autoevaluación).

En circunstancias normales, efectuamos estas acciones sin esfuerzo consciente, simplemente, hacemos las cosas pues el cerebro planifica y ejecuta las acciones motoras primordiales, digamos, de manera automática. 

Apraxia y Alzheimer

La apraxia pertenece a los síntomas cognitivos de la patología de Alzheimer. A consecuencia de ella, las praxias pierden ese sustento automatizado al que, en condiciones normales, no ofrecemos valor o no le prestamos atención.

Y es que las praxias están implicadas, como en este momento tenemos la posibilidad de deducir de manera fácil, en infinidad de actividades de nuestra vida cotidiana: al vestirnos, al comer, al bañarnos, peinarnos, afeitarnos, actividades de bricolaje, cocinar, ir en bicicleta, conducir, y un largo etcétera.

Es por este motivo que la gente con Alzheimer, con el avance de los síntomas de la enfermedad, detallan dificultades para utilizar los cubiertos adecuadamente, ajustarse botones, cerrar cremalleras o atarse los cordones de los zapatos, copiar o realizar dibujos, o efectuar gestos que pueden parecer extraños o inadecuados en ciertas situaciones. Por ello, es esencial hacer más simple su desempeño en las actividades de la vida día tras día y promover su autonomía en la medida de lo posible. 

Con la meta de retrasar al límite el encontronazo de la alteración de las praxias en la funcionalidad cotidiana, es esencial promover la autonomía en la realización de actividades y acciones cotidianas para remarcar el automatismo de los procesos y, por consiguiente, alentar las praxias.

En la realización de ocupaciones diarias es importante ofrecer tiempo a fin de que la persona con apraxia logre desenvolverse, asistiéndola en lo preciso, pero dando permiso, siempre y cuando sea posible, que sea ella quien realice las acciones, simplificándolas o buscando elecciones cuando la incapacidad sea visible.

Por servirnos de un ejemplo, un individuo con Alzheimer con adversidades para atarse los cordones, puede beneficiarse en el transcurso de un tiempo de tener suficiente tiempo para hacerlo, sin sentirse presionada, tal vez le resulte de ayuda que la acción se acompañe de una secuencia verbalizada: “Primero hago un arco con un cordón, lo rodeo con el otro, paso por aquí debajo, saco el otro arco, estiro los 2 con fuerza y ¡listo!”. Cuando estas estrategias dejen de ser útiles, se deberá decantarse por la simplificación como, por servirnos de un ejemplo, pasar a utilizar zapatos con cierre de velcro. 

Actividades útiles para alentar las praxias:

  • Manualidades: cortar, plegar papel, pegar…
  • Redactar o dibujar.
  • Bricolaje: serrar, atornillar, clavar, montar…
  • Juegos o kits de construcción, armar maquetas…
  • Costura: realizar punto, bordados, ganchillo…
  • Juegos de mímica: adivinar títulos de películas o canciones a través de movimientos, trasmitir mensajes solo a través de comunicación no verbal, o imitar movimientos o gestos que realiza otra persona…

Lógicamente, las actividades deberán ajustarse a las opciones de cada individuo según su nivel de afectación cognitiva, realizando primar siempre la seguridad y la promoción de su autoestima. La apraxia puede ser fuente de frustración y ansiedad en quien la padece, logrando estar en la base de la manifestación de varios de los síntomas conductuales de la patología de Alzheimer. 

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