¿Revelar o no descubrir el diagnóstico a una persona con Alzheimer?

En el momento en que a un ser querido le diagnostican de Alzheimer es frecuente proponerse “¿qué es mejor, decírselo o no?” Es una pregunta que, si bien no tiene fácil respuesta, es suficientemente importante para que reflexionemos sobre ella.

Distinguir entre los aspectos de tipo legal y los de tipo sensible

Desde un criterio legal y asistencial, si la persona perjudicada está capacitada para entender y comprender el alcance de sus actos, entonces tiene derecho a comprender sus diagnósticos médicos y alternativas de régimen. Esto aplica en la forma en la que el médico puede administrar la información a dar al paciente. Tal vez podamos sentirnos molestos porque el médico le ha comunicado a nuestro ser querido la información diagnóstica sin consultarnos antes a nosotros. Si la persona tiene capacidad de entendimiento suficiente y muestra deseo de comprender su diagnóstico, el médico tiene la obligación de darle esta información. Es más, incluso si la persona perjudicada quiere que lo lleve a cabo en privado, sin la existencia de absolutamente nadie mucho más, hay que respetar esta resolución.

Ahora bien, en el terreno familiar, es frecuente plantearse si hay necesidad o no de reforzar en el diagnóstico. O, en caso de que el médico no se lo hubiese comunicado (o la persona no lo recuerde), si debemos decírselo nosotros o no. Es habitual dudar acerca de las ventajas y los perjuicios de que la persona sea siendo consciente de su diagnóstico. Atendiendo a que cada caso y cada familia es diferente, no existe una única contestación, pero sí que se tienen la posibilidad de trasladar algunas reflexiones sobre esto.

Si el diagnóstico se realiza cuando la persona aún conserva capacidad de discernimiento bastante, saberlo le permitirá poder planear su futuro y tomar resoluciones sobre su cuidado en el momento en que no logre valerse por sí mismo. Va a poder, por servirnos de un ejemplo, realizar testamento escencial si de esta forma lo quiere, o informar de quién desearía que fuera su tutor legal si llega a ser incapacitado, o consumar algún deseo que tenga pendiente.

Atender a las inquietudes de la persona en relación a su diagnóstico

Es esencial no caer en el simplismo de asumir que, como su enfermedad acarrea deterioro cognitivo, la persona perjudicada no va a tener necesidad de entender acerca de su diagnóstico o de entender la naturaleza de lo que experimenta. 

Para aproximarnos, de manera prudente, a qué y de qué forma transmitirle, puede ser de gran utilidad tratar de saber qué es lo que sabe sobre su enfermedad y qué es lo que quiere entender

Tal vez será muy consciente de que “algo” le está pasando, y tal vez exprese su confusión o temor. Si esquivamos su preocupación o sus preguntas al respecto, si bien sea con la intención de protegerle, tenemos la posibilidad de contribuir a su desasosiego y también aumentar una viable sensación de soledad y una consecuente inclinación al retraimiento. Si bien sea un tema doloroso y bien difícil de abordar, ayudarle a comprender que los fallos de memoria (o de otro tipo) que siente se tienen que a un problema de salud, puede (aunque parezca extraño) tranquilizarle y, aún más, si nosotros sostenemos una actitud efectiva respecto a todo lo que puede realizar (y podemos hacer juntos) para tirar hacia adelante con optimismo. 

En otras ocasiones, no obstante, habrá o aparentará falta de conciencia desde fases iniciales o minimizará sus adversidades. Es importante apreciar sus reacciones y requerimientos de información en todo momento y amoldar las respuestas a ello, tal como a su aptitud de comprender las explicaciones.

De la misma manera que la familia pasa por un desarrollo de aceptación del diagnóstico, nuestra persona diagnosticada también experimenta un proceso de cambio. Independientemente de que sepa o no su diagnóstico, muchas veces siente que algo le sucede, se siente confundida, desconcertada… y asimismo precisa explicaciones, si bien sean adaptadas a su deseo de saber y a su aptitud de entendimiento. 

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