Saber y promover las propias habilidades emocionales para cuidar mejor

Las habilidades emocionales son un factor clave para el bienestar general de la gente, singularmente ante ocasiones que puedan ser agobiantes, dudosas y que además de esto requieran de una incesante adaptación, como es el hecho de ser cuidador de un familiar con Alzheimer

Hablamos de un grupo de habilidades y actitudes que nos dejan efectuar una buena gestión de las conmuevas, arrancar tácticas de afrontamiento ante el estrés y ser capaces de reaccionar de forma efectiva en el momento en que estamos frente a situaciones complejas. La sicóloga Ángeles Castillo, terapeuta de la Fundación Pasqual Maragall, nos da en el artículo una información clave para saber mejor las propias capacidades emocionales y cómo fomentarlas de forma positiva. 

4 habilidades emocionales esenciales para prosperar la calidad de vida de la gente cuidadoras

Recibir y afrontar el diagnóstico de un individuo cercano que sufre Alzheimer supone un duro golpe emocional, ya que impacta en el emprendimiento de vida y crea una enorme indecisión, aparte de tener que sobrepasar un cúmulo creciente de adversidades. La tarea de cuidar de un ser querido con progresiva dependencia, como pasa en el caso del Alzheimer, suele producir un encontronazo negativo en la salud emocional y física, algo que se conoce como el síndrome del cuidador.

Una de las estrategias para achicar la sensación de sobrecarga pasa por entender las propias habilidades sentimentales para lograr fomentarlas positivamente. La sicóloga Ángeles Castillo nos charla de cuatro capacidades emocionales básicas y nos ofrece ciertos avisos para mejorarlas:

1. Detectar y expresar conmuevas adecuadamente

Hablamos de identificar las propias emociones sin juzgarlas y buscar la forma adecuada de canalizarlas. La mayoría de personas pensamos que nuestras emociones negativas son inapropiadas. Podemos meditar que somos cobardes en el momento en que contamos temor, emitiendo un juicio de valor que agudiza nuestro malestar.

Cuidar de un ser querido con Alzheimer puede ocasionar, a veces, conmuevas contradictorias, negativas o que nos resulten inaceptables, pero hay que meditar que se trata de un desarrollo complejo y es habitual todo ese revuelo de conmuevas. Está bien sentir cualquier género de conmuevas; el paso siguiente es aliviarlas intentando encontrar una forma de expresarlas. 

Charlar es buena forma de expresar conmuevas, pero no es la única: va a haber quien sienta alivio pintando, escribiendo, etc. Cada uno debe encontrar la mejor forma de canalizar sus emociones.

2. Resiliencia

La resiliencia es la aptitud de superar y salir reforzados de circunstancias desfavorables, condiciones de vida bien difíciles o acontecimientos traumáticos, adaptándose de forma efectiva. Por eso la resiliencia conlleva salir reforzados de la situación desfavorable, pues aprendemos de ella, adquirimos mucho más conocimientos y nuevos recursos personales. 

Hay que tener en cuenta que, aunque hasta el día de hoy tengamos la posibilidad ser realmente fuertes, cuidar a un individuo cercano con Alzheimer es un sendero largo, con pérdidas y cambios permanentes, y la aptitud de resiliencia va a ir cambiando, hasta quizás desaparecer. La buena noticia es que hay algunas acciones que nos pueden ayudar a potenciar la resiliencia

3. Aceptación y flexibilidad cognitiva

Una buena estrategia de afrontamiento empieza por admitir la verdad tal como es, no como nos agradaría que fuera. Esto supone rehacer esperanzas, metas y posibilidades para amoldarlas a la nueva situación

Desde el instante en que se recibe el diagnóstico de un ser querido es probable que aparezcan preocupaciones similares con el futuro, con apariencia de pensamientos permanentes y circulares (rumiaciones), esto puede ocasionar niveles superiores de agobio, ansiedad y muchas malas intenciones. De ahí que, es importante entrenar la mente para tomar conciencia de lo que pensamos y centrar la atención en el momento presente. 

Puede ser muy útil redactar los pensamientos en un papel para bajar tensiones y, una vez los tengamos en el papel, meditar qué probables acciones dependen de nosotros, qué podemos llevar a cabo para enfrentar nuestras intranquilidades.  Por poner un ejemplo, si nos preocupa dado que nuestro familiar cada vez necesita mucho más atenciones y sentimos que no vamos a poder con todo, puede resultar realmente útil ir a ver al trabajador popular a fin de que nos informe de los elementos sociales disponibles, y/o soliciar asistencia a nuestros familiares.

Podemos distinguir 2 tipos de actitudes para enfrentar los contratiempos:

  • Si solo nutrimos nuestras preocupaciones, adoptamos una actitud pasiva, reactiva desde nuestro lugar. Desde esta situación no hacemos nada por tomar las bridas de la situación y solo actuamos en el momento en que nos vemos increíblemente presionados por ella. Damos por hecho que nada depende de nosotros, que todo cuanto nos sucede viene marcado por las situaciones que estamos viviendo y que no podemos ejercer ningún control sobre ello. 
  • Sin embargo, focalizar nuestra atención y energía en lo que es dependiente de nosotros, nos asiste a desarrollar una actitud proactiva. En un caso así, comprendemos que sí podemos llevar a cabo algunas cosas para influir en nuestro entorno y intentar minimizar el encontronazo que la situación tiene sobre nosotros. Aunque haya cosas que no podemos cambiar, siempre y en todo momento disponemos un pequeño margen para maniobrar, aunque sea únicamente decidir la actitud que queremos tener ante la situación.

4. Asertividad

Ser asertivo supone ser con la capacidad de estar comunicados abiertamente y de manera constructiva con las personas de nuestro ambiente; comprender expresar cómo estamos, qué opinamos y qué necesitamos. La comunicación asertiva conlleva respetar a los demás, sin ser violentos, pero, sobre todo, respetar nuestras necesidades. La asertividad se sustenta en la autovaloración y en la confianza en uno mismo. 

A veces, a la gente cuidadoras les cuesta ser asertivas y se colocan en el radical de la pasividad, gracias a que tienen ciertas creencias erradas relacionados con su papel de cuidador que les transporta a priorizar las pretensiones del resto sobre la propias.

Un caso de muestra de ello es el hecho de creer que las tareas de precaución de la persona enferma son únicamente su compromiso, que ellas solas deberían poder con todo, y que el resto tienen vidas bastante ocupadas para pedirles asistencia. Se debe tener mucho precaución con esta clase de opiniones, pues nos alejan de la asertividad, aumentando el peligro de sufrir el síndrome de sobrecarga del cuidador, por no atender a las propias pretensiones: sentimentales, físicas y sociales. 

Expresarse de una forma asertiva, aumenta la posibilidad de que las necesidades tengan éxito, pero, aún en caso de que no siempre sea así, al expresar las emociones y proteger los derechos propios, estamos reforzando nuestra autovaloración

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