Síndrome del cuidador quemado: 5 estrategias para prevenirlo

El síndrome del cuidador quemado, como comúnmente se conoce al síndrome de sobrecarga del cuidador, es un estado de agotamiento físico, sensible y mental que sucede en personas que aceptan el papel de cuidar de un ser querido en el transcurso de un largo intérvalo de tiempo de tiempo, como en la situacion de los cuidadores de personas con Alzheimer. En este artículo enseñamos exactamente en qué consiste  y proponemos ciertas estrategias para prevenirlo.

¿Qué es el síndrome del cuidador quemado o sobrecarga del cuidador?

El día a día con un individuo afectada de Alzheimer requiere de atención y precaución 24 horas cada día, todos los días del año. Es una situación para la que nadie está preparado, que agota física y emocionalmente, y que puede conducir a que el cuidador se sienta sobrepasado.

Aparecen entonces algunos síntomas que tienden a ser rastros de la sobrecarga, como cansancio persistente, problemas del sueño, consumo de psicofármacos, irritabilidad, aislamiento social o altos escenarios de agobio y ansiedad.

El síndrome del cuidador quemado representa un riesgo para la salud del cuidador y puede afectar a la atención que este proporciona a su individuo cercano.

Tácticas para impedir el síndrome de sobrecarga del cuidador

Desde la Fundación Pasqual Maragall garantizamos cinco sugerencias para prevenir o aliviar el síndrome de sobrecarga del cuidador:

1. Saber la enfermedad ayuda a controlar mejor la situación

Comprender de qué manera la enfermedad afecta a la persona con Alzheimer contribuye a entender mejor sus reacciones y a adoptar la actitud y tomar las decisiones más correctas en cada momento.

Comprender de qué manera evoluciona el Alzheimer va a hacer que nos tengamos la posibilidad elaborar mejor para los cambios progresivos que se van a ir produciendo.

Comprender las adversidades a las que la persona afectada se enfrenta evitará que planteemos demandas y expectativas poco realistas, eludiendo de esta forma la sensación de frustración que puede deducirse de la interacción con ella.

2. Aprender a pedir ayuda

Siempre y en todo momento se charla de la importancia de que el cuidador cuente con apoyos suficientes para eludir la sensación de sobrecarga. No obstante, muchas veces el cuidador no sabe de qué manera pedir esa ayuda o siente que “está mal” pedirla, bien por el hecho de que considera que el cuidado de su individuo cercano es compromiso absolutamente suya o por el hecho de que piensa que absolutamente nadie lo va a cuidar como ella/él lo hace.

Es esencial reconocer la relevancia de pedir ayuda y comprender solicitarla, especificando con claridad qué se necesita y dando información concreta, aun normas concretas, para facilitar la tarea a quienes van a prestar esa asistencia.

3. Admitir y expresar los sentimientos

Expresar lo que se siente, incluyendo emociones negativas como frustración o ansiedad, ya sea a un familiar próximo, a un amigo o a los miembros de un conjunto de acompañamiento que están pasando por una situación semejante, puede ayudar a reducir la sensación de aislamiento del cuidador.

Admitir y también identificar los sentimientos es un primer paso para estudiar a gestionarlos adecuadamente. Adquirir habilidades o estrategias para conducir las propias conmuevas participando, por ejemplo, en terapias o grupos de apoyo con otros cuidadores, puede ser de utilidad.  

Una comunicación abierta en el seno familiar también puede contribuir a hacer mas fuerte los vínculos familiares y sociales y a calmar el estrés que experimentan los cuidadores.

4. Aprender tácticas para manejar los síntomas del Alzheimer

Entre los causantes que más contribuye a la sensación de sobrecarga del cuidador son los cambios de conducta en la persona afectada.

Los síntomas conductuales hacen referencia a problemas como la apatía y la ansiedad, la agitación, las modificaciones del sueño, las conductas inapropiadas, los delirios (ideas falsas que no cambian pese a la evidencia en contra de ellas) o las alucinaciones (la persona ve, oye o siente cosas que no existen).

Hay que estar atento a ellos, ya que a menudo pueden manejarse haciendo algunas ediciones en el ambiente, físico y humano, de la persona perjudicada. Ante conductas problemáticas que impliquen un cambio esencial en el comportamiento frecuente de la persona, es requisito contar con la opinión del médico para descartar algún malestar físico que quizás no es capaz de expresar.

Existen también elementos, como terapias o formaciones específicas, que dan a los cuidadores acompañamiento y herramientas para administrar la patología, como es la situacion de los conjuntos terapéuticos para cuidadores que ofrece la Fundación Pasqual Maragall

5. Dedicar tiempo al autocuidado

Absorbido por las tareas que le demanda su rol, el cuidador corre el riesgo de ignorar sus pretensiones a nivel físico, psicológico y popular, lo que termina agravando la sensación de sentirse sobrecargado o “quemado”.

Cuidarse a sí mismo es un aspecto importante del abanico de responsabilidades del cuidador y para ello necesita disponer de tiempo. En este sentido es muy aconsejable que el cuidador:

El síndrome del cuidador quemado es un peligro potencial para la salud de la gente dedicadas a cuidar de un ser querido con Alzheimer. Saber la patología, contar con asistencia, romper el aislamiento y el autocuidado favorecerá el confort y la calidad de vida del cuidador y facilitará que pueda seguir respondiendo a las considerables solicitudes que conlleva su rol. 

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